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Noticias de Israel
Somalia denuncia el reconocimiento israelí de Somalilandia

Reconocimiento israelí de Somalilandia reabre un vínculo judío remoto y tenue

1 de enero de 2026

Israel reconoció a Somalilandia como Estado y reavivó interés por su pasado judío, marcado por migraciones yemeníes, huellas en puertos y relatos del clan Yibir.

Reconocimiento israelí y antecedentes judíos en Somalilandia

No consta que hoy vivan judíos en Somalilandia, entidad surgida tras la ruptura con Somalia en 1991. Aun así, su pasado ofrece curiosidades para la historia judía y volvió a escena por la decisión de Israel, la semana pasada, de reconocerla como Estado soberano, sin Casa Jabad. El territorio del Cuerno de África funcionó como cruce de rutas entre África, la península arábiga y el Oriente Medio, con grupos de mercaderes a ambos lados del mar Rojo.

“Esta es una historia poco conocida y que no ha sido ampliamente documentada”, afirmó Asher Lubotzky, investigador sénior del Instituto de Relaciones África-Israel. “Solo se han descubierto algunas pruebas para poder recomponerla”. Señaló que la reconstrucción depende de indicios dispersos en fuentes archivísticas aún escasas, lo que obliga a reunir referencias fragmentarias para armar una cronología mínima sobre esa presencia y sus desplazamientos entre ambas orillas del mar.

Según documentos de archivo, varios cientos de judíos de Yemen cruzaron el golfo de Adén hace casi ciento cincuenta años y se instalaron en ciudades costeras del norte, entre ellas Berbera y Zeila. Ese movimiento siguió rutas marítimas consolidadas entre Yemen y puertos somalíes. La consolidación otomana en Yemen en 1872 alivió restricciones para los dhimmíes y dio más movilidad civil, mientras la apertura del canal de Suez en 1869 convirtió el mar Rojo en un eje mercantil global.

Quienes pudieron partir eligieron, en su mayoría, la Palestina otomana por fervor mesiánico y por una llamada a Sion. En 1881, la primera gran ola desde Yemen, E’eleh BeTamar, trasladó a unas dos mil quinientas personas hacia ese destino. Sin embargo, varios cientos optaron por el Cuerno de África y por puertos coloniales nacientes de la futura Somalilandia británica e italiana, con la aspiración de comerciar incienso, mirra, pieles y ganado a través de contactos marítimos ya establecidos.

Datos clave de migraciones, puertos y fuentes históricas

  • La apertura del canal de Suez en 1869 reactivó el eje mercantil del mar Rojo.
  • La primera ola E’eleh BeTamar, en 1881, trasladó unas 2.500 personas a Palestina otomana.
  • Cientos cruzaron el golfo de Adén hacia Berbera y Zeila hace casi ciento cincuenta años.
  • Archivos de la Alliance Israélite Universelle mencionan asentamientos en puertos somalíes.
  • Un despacho de la JTA, el 15 de agosto de 1949, registró solo tres judíos en Somalilandia.

Asentamientos, archivos y auge comercial en puertos somalíes del norte

Sobre esa colonia hay pocos datos, aunque varias crónicas y reportes la mencionan. Entre esas referencias figuran informes conservados en los archivos de la Alliance Israélite Universelle en París, que describen judíos asentados en enclaves portuarios del litoral oriental africano a fines del siglo XIX. Las fuentes resaltan la presencia inicial en Berbera y Zeila y sitúan un foco comercial que se benefició de corrientes marítimas y de un contexto regional más abierto al intercambio.

Los registros indican que, tras Berbera y Zeila, el grupo se extendió a puertos del sur como Brava, Mogadiscio y Obbia. Bajo administradores europeos surgieron libertades y oportunidades económicas. Comerciantes judíos hicieron prosperar firmas mercantiles con redes internacionales y con dominio del árabe y el hebreo, lo que facilitó tratos y correspondencia. Ese entramado sostuvo un comercio de productos regionales valorados en mercados vecinos y en rutas que unían puertos del mar Rojo.

A inicios del siglo XX, las ciudades somalíes reunieron el mayor número de judíos: alrededor de trescientas personas, con la concentración principal en Berbera y Mogadiscio. Varias localidades contaron con sinagogas, aunque muchas desaparecieron tras la llegada al poder de fascistas italianos antisemitas en la década de 1930. Arqueólogos somalíes identificaron lápidas con símbolos judíos, huellas materiales que apoyan relatos sobre una presencia minoritaria y persistente en franjas del litoral.

La decadencia arrancó con el auge fascista y la Segunda Guerra Mundial, que fragilizaron la situación local. Con la proclamación del Estado de Israel en 1948, la mayoría decidió partir y las redes comerciales se deshicieron conforme creció la inseguridad política. Un despacho de 1949 de la Jewish Telegraphic Agency situó en tres los judíos restantes en Somalilandia. La nota aludió a una estancia temporal en Yibuti para cerrar asuntos antes de marcharse de manera inmediata.

Una madre y su hijo preservan ritos en Mogadiscio bajo riesgo extremo

La autora Nancy Kobrin sostuvo que, al menos, dos judíos residieron en Mogadiscio hasta hace unos quince años. Su afirmación se basó en contactos personales y en un intercambio posterior que expuso la precariedad de mantener una identidad judía pública en la capital somalí. Ese hilo biográfico se ancló en una historia familiar marcada por pérdidas, por miedo y por una tentativa obstinada de sostener prácticas religiosas en medio de una ciudad extremadamente hostil.

Entre 2007 y 2009, Kobrin intercambió correos con Rami, un judío de diecinueve años, y con su madre viuda, Ashira Haybi, en una Mogadiscio devastada. Ella lo localizó por un blog que él abrió y que describió peligros cotidianos y el aislamiento que acompañó una vida judía visible. “Ashira luchó para que su hijo mantuviera tradiciones judías, aunque ese empeño los expuso a un gran peligro”, recordó la psicoanalista y autora.

Celebraban festividades en privado, mantuvieron un hogar kosher y conservaron un rollo de la Torá. Esas rutinas se sostuvieron puertas adentro y con extremo cuidado, en un hogar que también guardó objetos religiosos antiguos. En 2009, el país cayó en otra fase de guerra: rebeldes de al-Shabaab atacaron bases gubernamentales y mataron a cientos. Ashira rechazó abandonar su casa por apego a la historia familiar y por temor a perder lo poco que conservaban.

El contacto se cortó ese año y surgió el temor a un desenlace fatal. Días antes de Pésaj, en abril de 2010, Rami publicó que ambos se trasladaron a Adén, la ciudad yemení donde había vivido la familia de Ashira. Escribió: “Es una señal de Hashem que haya podido iniciar sesión en mi cuenta”, y dejó esa frase como despedida pública. Kobrin cree que sufrieron asesinato en Adén y que el rollo de la Torá pudo delatarlos.

Los Yibir entre memoria judía, castas y dudas de genealogía histórica

En Somalilandia existe un colectivo que reclama vínculos con el pueblo judío, aunque su fundamento histórico resulta incierto. Los Yibir, uno de los numerosos clanes del país, se describen como grupo criptojudío y sitúan su origen en asentamientos previos al islam. Lubotzky señaló que la tradición oral alude a orígenes judíos, quizá conectados con Beta Israel de Etiopía, pero subrayó que se dispone de muy poca información y que faltan pruebas concluyentes.

La memoria Yibir afirma una llegada de sus antepasados al Cuerno de África hace más de mil quinientos años, con algunas versiones que ubican el punto de partida en Yemen. Relatos internos sostienen que, hace casi un milenio, el grupo afrontó una conversión forzada al islam después de la derrota de su líder, Mohamed Hanif, frente al santo somalí Yusuf bin Ahmad al-Kawneyn. Tras ese episodio, se asignó al clan un rango de casta baja y un impuesto ritual.

Ese “dinero de sangre” se cobró a otros somalíes en bodas y nacimientos y reforzó una singularidad social que derivó en aislamiento y humillaciones prolongadas. Algunas narraciones incluyen a la reina Gudit como figura semilegendaria con ascendencia judía o Yibir, aunque la mayoría de investigadores descarta esa filiación por falta de evidencias sólidas. Hoy, las comunidades Yibir se reparten por Somalilandia y Somalia, con relatos que vinculan a Hanif con Hargeisa.

Los Yibir acostumbran a vivir en pobreza extrema y se dedican a oficios asociados a castas bajas, como la herrería, el curtido del cuero y la medicina popular. Muchos vecinos los consideran malditos y el clan preserva un dialecto secreto del somalí local. Kobrin comparó su exclusión con la de los dalits en la India y afirmó que los niños del clan ni siquiera acceden a la escuela por la discriminación y el acoso que padecen.

La magnitud demográfica del clan presenta cifras dispares. Kobrin citó una estimación del rey Ahmed Iman Warsame, del clan Gabooye, que elevó el total hasta un millón de Yibir vivos. En cambio, un representante dijo al New York Times en 2000 que rondaban veinticinco mil. Lingüistas proponen que “Yibir” deriva de una deformación somalí de “Ivri” y señalan vocablos inusuales y ritos con apariencia foránea, parecidos a prácticas de Beta Israel.

Muchos estudiosos se muestran escépticos y consideran insuficientes esas pistas para fijar un linaje histórico. Pruebas de ADN reforzaron esa cautela: los Yibir aparecen genéticamente iguales a otros somalíes, sin marcadores vinculados a comunidades judías de la diáspora. Ese resultado sugiere una absorción completa del linaje tras siglos de mestizaje local. A diferencia de los judíos etíopes, los Yibir expresan poco interés por mudarse a Israel o por adoptar ritos judíos.

Para numerosos investigadores, los indicios culturales no equilibran la falta de pruebas sólidas. En última instancia, gran parte de su historia permanece desconocida y el archivo o la investigación de campo conservan vacíos amplios. Kobrin concluyó que todavía queda mucho por aprender para establecer si un antiguo clan de judíos subsiste en el corazón de Somalilandia. Por ahora, los rastros aparecen en archivos, recuerdos y ruinas dispersas sin corroboración definitiva.

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