Alemania ha decidido endurecer su respuesta frente al encarecimiento del combustible, en un momento en que la volatilidad del petróleo —alimentada por la guerra— vuelve a tensar a la mayor economía de Europa.
El martes, el gobierno aprobó un proyecto de ley que busca limitar la frecuencia con la que las gasolineras pueden subir sus precios y, al mismo tiempo, reforzar la supervisión antimonopolio sobre los proveedores de combustible. La medida se impulsa con el Brent por encima de los 100 dólares por barril, en el marco del conflicto en curso con Irán, y con un alza acelerada de los precios minoristas en buena parte del continente.
La propuesta fija una regla precisa: en Alemania, las estaciones de servicio solo podrán aumentar los precios de la gasolina y el diésel una vez al día, a mediodía. Las reducciones, en cambio, podrán aplicarse en cualquier momento. Según el ministerio de Economía, el incumplimiento podrá sancionarse con multas de hasta 100.000 € (115.000 $).
El borrador no se limita a ordenar el ritmo de los ajustes. También introduce un cambio de fondo en la lógica de aplicación: en los casos antimonopolio, traslada la carga de la prueba desde los reguladores hacia las empresas. En la práctica, obliga a los proveedores de combustible a demostrar que su conducta de precios se ajusta a las normas de competencia, invirtiendo el esquema tradicional de fiscalización.
Este giro llega después de semanas de malestar creciente entre los consumidores y de presión política, a medida que el precio en surtidor superó este mes los 2 € por litro. El repunte, más pronunciado que la media europea, ha abierto en Berlín una duda incómoda: si lo que se está viendo responde solo a dinámicas de mercado o si hay un componente más oportunista.
La ministra de Economía, Katherina Reiche, sostuvo que la industria petrolera no había ofrecido una explicación convincente para la subida más marcada de los precios del combustible en Alemania.
En el trasfondo, el gobierno vincula las alzas a un factor directo: las interrupciones del suministro mundial de crudo. A 17 de marzo, los flujos a través del estrecho de Ormuz siguen restringidos por el conflicto con Irán, y tanto los riesgos para el transporte marítimo como el encarecimiento de los seguros han reducido el tráfico a través de este cuello de botella estratégico. El efecto se traslada a la cotización del crudo y a los productos refinados: con el Brent por encima de los 100 dólares por barril, el mercado del diésel aparece especialmente ajustado.
Para Alemania, un país muy dependiente de las importaciones y especialmente sensible a los vaivenes de la energía, el impacto se siente con rapidez en el bolsillo del consumidor.
La legislación, según el calendario previsto, entraría en vigor en abril si obtiene el visto bueno de ambas cámaras del parlamento, y quedaría sujeta a una revisión al cabo de un año.
