Chile, primer productor mundial de renio, negocia con Estados Unidos un acuerdo de suministro de este mineral crítico, al que Washington atribuye un valor directo para su seguridad nacional por su papel en la industria de defensa y en el sector aeroespacial.
El renio es un elemento de rareza extrema y con un punto de fusión cercano a los 3.180 grados Celsius. Esa condición —según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS)— le permite resistir temperaturas límite y el desgaste. En la práctica, esa resistencia lo vuelve un insumo decisivo para fabricar componentes militares de alto rendimiento.
La posición chilena en este mercado se explica, en gran medida, por otra realidad: la mayor parte del renio se obtiene como subproducto de la minería del cobre. Y Chile, mayor productor mundial de ese metal, arrastra esa ventaja hacia el renio. De acuerdo con UPI, el país concentra el 50% del suministro global.
“Chile controla casi la mitad de un mineral que Estados Unidos y China no pueden producir en cantidades suficientes. Washington reincorporó el renio a su lista de minerales críticos en 2025 y lo incluyó explícitamente en el acuerdo bilateral de minería con Chile. Eso lo convierte en un auténtico activo geopolítico, no solo minero”, citó UPI a un profesor de ingeniería de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile.
Desde el inicio, la administración de Donald Trump ha puesto los minerales críticos en el centro de su agenda, impulsada por una inquietud creciente en Occidente: la dependencia de China en el suministro y también —y sobre todo— en el procesamiento de tierras raras y otros materiales estratégicos. La Unión Europea comparte esa preocupación, pero Washington se ha movido con mayor rapidez.
El año pasado, Estados Unidos firmó con Australia un acuerdo para cooperar en el desarrollo de una oferta local de minerales críticos. La Casa Blanca valoró ese pacto en más de$3.000 millones y sostuvo que podría abrir acceso a recursos estimados en$53.000 millones o más.
Australia aparece entre los países con mayor riqueza mineral del planeta. Dispone de algunas de las mayores reservas de litio, además de tierras raras, tungsteno, vanadio, manganeso, cobalto, cobre y otros metales necesarios para industrias estratégicas. La apuesta de Washington, en ese marco, es elevar la producción y diversificar su cadena de suministro.
Este año, Trump anunció también la creación de una reserva nacional estratégica de metales y minerales críticos valorada en$12.000 millones. El propósito es evitar que Estados Unidos quede expuesto a cambios en el suministro procedente de China. Esa reserva incluirá tierras raras y materiales de alta demanda como litio, cobalto, níquel y grafito, utilizados en sistemas de armas, satélites, baterías, centros de datos y motores industriales.
En el terreno específico de los sistemas de defensa, sin embargo, el renio ocupa un lugar aparte, por encima de muchos de esos materiales. No tiene sustitutos y su papel en aplicaciones militares y aeroespaciales resulta determinante por su uso en aleaciones especializadas.
“Es el metal que permite que los motores de aeronaves y las turbinas militares soporten temperaturas extremas sin deformarse”, según el profesor Víctor Pérez, de la Universidad Adolfo Ibáñez.
La negociación con Chile se inserta en una estrategia más amplia de Estados Unidos para ampliar su acceso a recursos minerales en Sudamérica. En la competencia global por los minerales críticos, Washington busca recortar la ventaja que China ha consolidado en un mercado donde el control del suministro ya opera como un factor geopolítico central.
