La dependencia de insumos procesados fuera del país expone a la industria militar de Estados Unidos a una escasez de semanas o meses.
La guerra con Irán agrava la presión sobre insumos críticos
Estados Unidos ya lanzó cientos de misiles y empleó armas guiadas de precisión en la escalada bélica con Irán, una ofensiva aérea que consumió miles de millones de dólares en equipos militares avanzados en pocas semanas. En ese contexto, una advertencia difundida en medios chinos y occidentales describe un problema estructural: los insumos necesarios para fabricar ese armamento podrían caer a niveles muy bajos si las interrupciones del suministro aumentan.
Informes del South China Morning Post y de Reuters indican que Washington dispondría de solo semanas o meses de reservas de ciertas tierras raras para la industria de defensa si la disrupción se intensifica. En los sistemas de guiado de misiles, la propulsión de drones, los radares y la electrónica de los cazas, esos materiales cumplen funciones específicas. La vulnerabilidad no se limita al volumen disponible, sino también a la dificultad de reemplazo.
Lipi Sternheim, directora ejecutiva de REalloys, sostuvo que el armamento actual depende de materiales difíciles de obtener, de procesar y de sustituir cuando los inventarios bajan. La empresa, una de las pocas que busca restablecer en Norteamérica la fase metalúrgica de la cadena de suministro, transforma óxidos en metales y aleaciones que luego utilizan fabricantes de imanes y proveedores de defensa. Esa exigencia coincide con una etapa especialmente sensible para la industria militar estadounidense.
La presión aumentó con una guerra que, según distintos informes, costó $5.600 millones solo en los dos primeros días. Esa combinación de consumo militar acelerado y dependencia externa expone una fragilidad industrial que quedó oculta durante años. La cuestión no se reduce a la extracción del mineral, porque el tramo decisivo se ubica en el procesamiento metalúrgico que permite convertir tierras raras en componentes aptos para armamento avanzado.
La cadena industrial quedó incompleta fuera de China por décadas
Durante décadas, Estados Unidos permitió que parte importante de su capacidad de procesamiento y metalización se desplazara al extranjero. Ese cambio facilitó que China pasara a dominar las etapas que convierten materias primas en metales e imanes para tecnología avanzada. Por esa razón, gran parte del material de tierras raras que emplean los sistemas de defensa occidentales aún pasa por plantas chinas, incluso cuando la extracción o parte de la separación se realiza fuera de ese país.
El Pentágono intenta recortar esa dependencia antes de 2027, fecha desde la cual los sistemas de armas de Estados Unidos no podrán usar imanes fabricados con tierras raras de origen chino. La planta principal de REalloys en Euclid, Ohio, ya ajustó sus operaciones a ese plazo. En paralelo, Mountain Pass, en California, produce concentrado de tierras raras que luego se separa en territorio estadounidense hasta obtener óxido de NdPr.
Aunque ese avance recupera una parte de la capacidad industrial norteamericana, el proceso no concluye allí. El óxido todavía debe pasar por una reducción química para convertirse en metal puro y, después, ese metal debe mezclarse en aleaciones específicas para fabricar imanes permanentes de alto rendimiento. Durante años, esa conversión del óxido al metal ocurrió casi por completo en China, lo que mantuvo la dependencia externa en el tramo decisivo de la cadena.
Desde su instalación de Euclid, REalloys busca cubrir esa ausencia de capacidad industrial. En esa planta, la empresa convierte óxidos de tierras raras en metales terminados y aleaciones aptas para imanes mediante procesos de reducción y refinado a alta temperatura. Tim Johnston, cofundador de REalloys, explicó que esta es la parte menos desarrollada de la cadena de valor fuera de China y que reproducir esa capacidad suele requerir entre tres y siete años o más.
Claves de la dependencia industrial y la respuesta de REalloys
- La metalización exige reacciones de reducción bajo control estricto, hornos de alta temperatura y supervisión constante.
- La planta de Euclid ya produce metales y aleaciones dentro de Norteamérica sin enviar esos materiales al exterior.
- REalloys controla el proyecto Hoidas Lake, en Saskatchewan, para acceder a recursos primarios en Canadá.
- La empresa firmó una carta de intención en Groenlandia para cubrir cerca del 15 % de la producción futura de Tanbreez.
- También cerró acuerdos en Kazajistán y Brasil para sumar materia prima no china a su red de suministro.
La defensa y la industria civil dependen de imanes de alto rendimiento
El plan de REalloys no se limita a la metalización. La compañía también impulsa una planta de imanes permanentes a gran escala en Estados Unidos. El proyecto prevé iniciar operaciones con unas 3.000 toneladas anuales de imanes de neodimio-hierro-boro y ampliar esa capacidad hasta 18.000 toneladas por año. A plena escala, ese volumen permitiría abastecer imanes para entre 1,5 y 2 millones de vehículos eléctricos al año.
Ese mismo nivel de producción también cubriría miles de turbinas eólicas y grandes cantidades de motores industriales, sistemas robóticos y dispositivos médicos. El sector de defensa depende igualmente de esos imanes de alto rendimiento para unidades de guiado de misiles, radares y sistemas de aviónica. La futura instalación está diseñada para integrar metalización, aleación, producción de polvo y fabricación final de imanes dentro de una sola cadena de valor.
La presión ya alcanza a toda la red de contratistas militares. Lockheed Martin, cuyo programa F-35 requiere cientos de libras de materiales de tierras raras por avión para controles de vuelo, radar y sistemas de guerra electrónica, avanzó hacia un esquema de abastecimiento dual de minerales críticos ante la cercanía del límite de 2027. RTX afronta la misma exigencia en Raytheon con la producción de AMRAAM y Tomahawk.
Kratos Defense & Security Solutions también apoyó su negocio de drones y sistemas no tripulados de alto volumen en acuerdos con proveedores nacionales que aseguran aleaciones de tierras raras ya calificadas. Ese esquema depende de una capacidad real de metalización dentro de Estados Unidos. Si la instalación futura alcanza la escala prevista, será una de las mayores plantas de NdFeB fuera de Asia y ampliará una cadena integrada en Norteamérica.
