El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció una ofensiva comercial que impone nuevos aranceles a importaciones provenientes de distintos países, entre ellos Israel, que enfrentará un gravamen del 17 % sobre sus productos. La medida forma parte de una política comercial amplia que, según Trump, busca corregir décadas de desventaja para la economía estadounidense.
En un discurso desde el Jardín de las Rosas, Trump presentó los nuevos aranceles como una reivindicación nacional, en lo que denominó el “Día de la Liberación”. Acompañado por miembros del gabinete y trabajadores de sectores como el acero, el petróleo y el gas, el mandatario arremetió contra naciones “amigas y enemigas” por lo que describió como años de abuso comercial contra Estados Unidos.
Los principales blancos de los aranceles son China, con un 34 %, la Unión Europea, con un 20 %, y Japón, con un 24 %. Para otros países, incluidos socios históricos como el Reino Unido, se aplicará una tasa “básica” del 10 %. Israel, aunque tratado de forma más moderada, no fue eximido y quedó sujeto a un arancel del 17 %, pese a los intentos diplomáticos de evitarlo.
En un esfuerzo por frenar la medida, Israel había eliminado esta misma semana todos los aranceles aplicables a productos estadounidenses, por decisión del ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich. Sin embargo, el gesto no alteró la decisión de Trump.
Durante su intervención, el presidente justificó la diferencia en los porcentajes alegando generosidad. Afirmó estar imponiendo solo la mitad de lo que otros países cobran a las exportaciones estadounidenses. “Hemos sido saqueados durante demasiado tiempo”, declaró, insistiendo en que esta nueva política hará que “Estados Unidos vuelva a ser rico”.
Trump calificó el anuncio como un momento histórico para la industria nacional y afirmó que marcará el inicio de una nueva etapa de prosperidad. La audiencia, compuesta por trabajadores industriales, respondió con aplausos y vítores.
La decisión amenaza con escalar tensiones comerciales en varios frentes y pone a prueba las relaciones con aliados tradicionales, incluido Israel, que ahora deberá recalibrar su estrategia comercial frente a un cambio drástico en las reglas del juego.