En meses recientes Irán alcanzó producción récord de petróleo pese a sanciones de Estados Unidos y ataques israelíes apoyado por alianzas con China.
Producción récord y alianzas para eludir sanciones hasta 2026 con China
En los últimos meses, Irán alcanzó niveles récord de producción de petróleo pese a las sanciones de Estados Unidos y a bombardeos israelíes sobre Teherán. Para sostener sus ventas de crudo, forjó alianzas con China y con otras potencias con el fin de eludir esas sanciones, y se espera que esta maniobra persista hasta 2026. No obstante, la intervención de Estados Unidos en Venezuela podría frenar este avance al elevar la prudencia de los socios comerciales.
Irán persiste como productor clave de petróleo, aunque su peso en el mercado mundial de la energía resulta menor que en épocas pasadas tras años de sanciones. El gobierno de Estados Unidos reinstauró las sanciones contra Irán en 2018, durante el primer mandato del presidente Trump. Desde el arranque de su segundo mandato, en enero del año pasado, Trump autorizó varias rondas adicionales de sanciones enfocadas de manera directa en el petróleo iraní.
Irán detenta las cuartas reservas probadas de petróleo más grandes del mundo, con cerca del 9 % del total global, solo por detrás de Venezuela, Arabia Saudí y Canadá. Además, posee las segundas reservas probadas de gas natural más amplias, con el 17 % de la porción mundial. En el seno de la OPEP, Irán ocupa el tercer lugar como productor de crudo y el cuarto lugar como exportador a escala global.
En su pico de 1974, Irán extrajo más de 6 millones de barriles por día de crudo. Años de guerra, conflicto incesante y sanciones erosionaron su capacidad para sostener volúmenes tan elevados. Aun así, pese a las sanciones actuales, Irán elevó su producción de modo paulatino: subió de unos 2,9 millones de barriles diarios en 2019 a un estimado situado entre 3,2 y 4 millones de barriles diarios en 2024.
Cifras clave sobre reservas, producción y exportaciones de Irán
- 9 % de reservas probadas de petróleo; 17 % de gas natural.
- Tercer productor y cuarto exportador dentro de la OPEP.
- Pico histórico de 1974 por encima de 6 millones de barriles diarios.
- Producción de 2,9 millones en 2019 y entre 3,2 y 4 millones en 2024.
- China absorbió alrededor del 90 % de las exportaciones iraníes recientes.
China lidera compras con descuentos y auge de refinerías ‘teapots’
La mezcla entre una aplicación más laxa de las sanciones por parte de Estados Unidos y los intentos persistentes de Irán para burlarlas permitió que el país recobrara, paso a paso, un rol significativo como exportador de crudo. Este avance se apoya en gran medida en la relación comercial con China, el mayor importador de petróleo del planeta. China emergió como comprador principal del petróleo iraní en esta etapa actual.
China emergió como comprador principal del petróleo iraní. En la primera mitad de 2025, el crudo iraní constituyó el 13,6 % de las adquisiciones chinas. China absorbió cerca del 90 % del petróleo que Irán despachó al exterior y, según Kpler, adquirió un promedio de 1,38 millones de barriles por día en la primera mitad del año anterior. Algunos compradores eligieron ese crudo por descuentos de 7 a 8 dólares frente a precios de referencia.
Las refinerías independientes chinas, llamadas “teapots” y concentradas en la provincia de Shandong, se convirtieron en compradoras principales de crudo iraní, mientras las petroleras estatales evitaron esas compras por el riesgo de sanciones. Estas independientes representan alrededor de una cuarta parte de la capacidad de refinación de China. En diciembre, aumentaron adquisiciones de crudo guardado en depósitos aduaneros y en petroleros inactivos, después de que nuevas cuotas de importación entraron en vigor en noviembre.
Desde su llegada al poder el año pasado, el presidente Trump impuso sanciones a tres refinerías independientes chinas que persistieron en importar crudo iraní y en prácticas para esquivar sanciones de Estados Unidos. Esta acción impulsó a más refinerías a desistir de esa conducta. Pese a ello, el gobierno de China repudia las sanciones unilaterales sobre la energía iraní y defiende que su comercio con Irán resulta legítimo, y así lo sostiene.
Economía presionada y riesgos geopolíticos para el comercio petrolero
A pesar del aumento de las exportaciones de petróleo en los últimos años, la economía iraní permanece bajo una presión aplastante. Un exalto funcionario del sector petrolero afirmó que el problema central reside en la repatriación de los ingresos, que enfrenta innumerables barreras. Según su evaluación, la ausencia de repatriación de los ingresos petroleros, pese a mayores volúmenes de exportación, expone a la economía iraní al borde de la quiebra.
La moneda iraní se desplomó de manera drástica, y el país reportó una inflación general del 42,2 % en diciembre, según cifras oficiales divulgadas por el gobierno. Al mismo tiempo, el gobierno elevó los precios de la gasolina para ciertos vehículos debido a subsidios insostenibles, de acuerdo con su justificación. Como resultado, estallaron protestas masivas en todo Irán, después del incremento del combustible y del anuncio de los nuevos precios.
La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela el 3 de enero, que incluyó la captura y la extracción del presidente Maduro y de su esposa, llevó a observadores a cuestionar si Estados Unidos intervendría en Irán. Esta operación unilateral agravó la incertidumbre, y Trump señaló que una acción estadounidense podría expandirse pronto a Colombia y México. En réplica, funcionarios iraníes advirtieron ataques contra tropas de Estados Unidos si Washington interviene en las protestas en Irán.
Venezuela, otro productor petrolero mayor, también soporta sanciones de Estados Unidos que limitan su comercio energético. En los últimos años, tanto China como Irán eludieron esas sanciones para adquirir crudo venezolano. Por eso, la intervención reciente genere cambios en el comercio petrolero en 2026. En paralelo, los refinadores chinos podrían decidir reducir su dependencia del crudo iraní en los próximos meses por el aumento de la incertidumbre geopolítica, aunque aún no existe evidencia suficiente para confirmarlo.
