La producción petrolera venezolana sigue limitada por daños estructurales y sanciones. Un alivio podría reactivar barriles cerrados, pero no devolvería niveles históricos.
Reservas, producción y mitos sobre el papel real de las sanciones
Tras el más reciente choque político en Venezuela, la especulación sobre una eventual recuperación de la industria petrolera aumentó con fuerza. En el plano teórico, el país aún ostenta las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. En los hechos, la producción quedó reducida a una fracción de su pasado y no ofrece señales estructurales de una reversión inmediata. El contraste entre potencial geológico y desempeño operativo define el debate actual y orienta las expectativas.
La velocidad con la que la producción pueda aumentar dependerá, en parte, de la evolución del régimen de sanciones. No obstante, el derrumbe del sector no surgió por las sanciones ni puede corregirse solo con su alivio. Sostener lo contrario altera la secuencia real de los hechos. Un alivio sí podría producir un impacto de corto plazo, aunque limitado y circunstancial, y no resolvería la raíz de los problemas que arrastran los activos y las instituciones del sector.
El colapso petrolero venezolano responde a dos factores centrales y diferenciables. El primero describe un daño estructural profundo iniciado años antes, cuya reparación requiere un horizonte prolongado. El segundo corresponde a una disrupción inducida por sanciones, que apareció después y clausuró producción de forma abrupta. Distinguir ambas capas resulta indispensable para comprender lo que puede ocurrir a continuación y para precisar cómo las sanciones condicionarán el desempeño operativo inmediato del sector.
El origen del declive se sitúa en las expropiaciones de 2007. En ese momento, el Estado forzó a operadores extranjeros a aceptar participaciones minoritarias y procedió a confiscar activos cuando compañías como ConocoPhillips y ExxonMobil rechazaron las nuevas condiciones. Aquella decisión marcó un punto de no retorno y abrió una etapa de conflicto y desalineación contractual que atravesó todas las operaciones relevantes de la Faja del Orinoco y de otros proyectos estratégicos.
Capas del colapso: daño estructural y disrupción por sanciones a PDVSA
No se trataba de yacimientos convencionales ni de operaciones simples. La Faja del Orinoco constituye una de las zonas de crudo pesado más complejas del mundo desde el punto de vista técnico. Sostener la producción requiere gestión avanzada de yacimientos, suministro continuo de diluyente y operación de mejoradores valorados en miles de millones de dólares para convertir el crudo en un producto utilizable. Con la salida de los operadores extranjeros, se perdió capital, experiencia, disciplina operativa y sistemas de gestión.
PDVSA heredó los activos, pero no las capacidades. El mantenimiento se degradó de manera sistemática y los equipos empezaron a fallar. El personal cualificado abandonó la empresa. La producción cayó mucho antes de la imposición de sanciones petroleras, una tendencia reflejada de forma consistente en los datos disponibles. El deterioro acumulado minó la confiabilidad de los procesos y redujo la base técnica necesaria para sostener proyectos complejos en el Orinoco y en otras áreas con desafíos equivalentes.
El desplome más pronunciado posterior a 2015 respondió al colapso interno de PDVSA. Purgas políticas, gestión deficiente, expulsión de cuadros técnicos y deterioro acelerado de infraestructura crítica definieron la etapa y consolidaron el hundimiento de la producción. La cadena de decisiones produjo cuellos de botella operativos, agravó fallas de seguridad industrial y eliminó capacidades clave. El resultado convergió en una pérdida de volumen sostenida, visible en los reportes públicos y en testimonios de operadores que conocieron los activos.
Este daño no admite soluciones rápidas. La reconstrucción de infraestructura y la recuperación de una fuerza laboral técnica exigen años incluso bajo condiciones políticas estables, un entorno que Venezuela no ha tenido. Además, la magnitud del esfuerzo implica planificación, gobernanza y capital en escala suficiente. Sin una corrección institucional, cualquier intento de levantar la producción solo alcanzaría resultados parciales y revertiría con facilidad ante nuevas tensiones o ante interrupciones financieras y logísticas.
Hechos clave del colapso y las sanciones en Venezuela
- En 2007, el Estado forzó participaciones minoritarias y confiscó activos de ConocoPhillips y ExxonMobil.
- En enero de 2019, Estados Unidos sancionó de forma directa a PDVSA.
- Las sanciones cortaron acceso al principal cliente, restringieron pagos, bloquearon diluyente y complicaron transporte y seguros.
- Reuters reportó paralización de petroleros y Vortexa registró una caída del 36 % en diciembre de 2025.
- Chevron mantuvo empresas mixtas mediante exenciones y conservó capacidad para escalar operaciones con rapidez.
Sanciones de 2019 y efectos inmediatos sobre crudo y exportaciones
La segunda fase se activó en enero de 2019, cuando Estados Unidos sancionó de forma directa a PDVSA. Las medidas previas, dirigidas a individuos, habían mostrado un impacto limitado. Las sanciones de 2019 fueron de otra naturaleza y de otra magnitud, y modificaron de inmediato la operación comercial. Su alcance afectó contratos, flujos financieros y decisiones de riesgo de contrapartes, y alteró la viabilidad económica de la cadena de valor del crudo pesado venezolano.
Estas medidas cortaron el acceso al principal cliente de Venezuela, restringieron mecanismos de pago, bloquearon importaciones de diluyente y complicaron transporte y seguros. El crudo pesado que aún podía salir de yacimiento quedó inmovilizado casi de inmediato. La red logística y los servicios conexos perdieron cobertura y encarecieron procesos básicos. Los plazos de entrega se volvieron inciertos y los costos por flete, cobertura y procesamiento subieron hasta niveles que cerraron operaciones en curso.
Sin diluyente, el crudo no circulaba. Sin refinadores estadounidenses, el país perdió su mercado natural. Sin canales de pago funcionales, las empresas mixtas quedaron paralizadas. La combinación de restricciones comerciales y fricciones operativas rompió equilibrios frágiles y desconectó activos que todavía sostenían algún volumen. El resultado inmediato fue una caída adicional de la producción y una reducción abrupta de exportaciones, con consecuencias visibles en indicadores públicos y en el movimiento de embarcaciones.
Hacia finales de 2025, las sanciones estadounidenses y las restricciones logísticas perturbaron con fuerza las exportaciones. Reuters informó que el movimiento de petroleros casi se detuvo tras interdicciones de Estados Unidos, mientras que datos de Vortexa registraron una caída del 36 % en diciembre. Esta es la porción del colapso con mayor potencial de reversión rápida: pozos cerrados por razones comerciales pueden reactivarse, empresas mixtas pueden normalizar operaciones y el suministro de diluyente puede restablecerse.
Chevron, ConocoPhillips y los plazos de una recuperación del sector
En un escenario de alivio, Chevron ocupa una posición singular. Es la única gran petrolera estadounidense que no abandonó por completo Venezuela. Mediante exenciones, mantuvo empresas mixtas, conservó personal en el terreno y sostuvo continuidad operativa. Esa continuidad importa: Chevron no necesita renegociar su entrada ni reconstruir vínculos básicos. Requiere, eso sí, un marco comercial más claro para escalar con rapidez si las sanciones se suavizan y el entorno contractual ofrece previsibilidad.
ConocoPhillips enfrenta una realidad opuesta. Fue expropiada en 2007 y más tarde obtuvo un laudo arbitral de $8.700 millones, más intereses, por inversiones confiscadas en el Orinoco. La venta en curso de Citgo ofrece una vía potencial de recuperación. Si la compañía recibe una compensación significativa, una reentrada resultaría técnicamente posible. A diferencia de Chevron, tendría que reconstruir su presencia desde cero y rehacer relaciones, procedimientos y equipos en todos los frentes.
Además, la empresa actual difiere de la que operó en 2007. Tras la escisión de Phillips 66 en 2012, ConocoPhillips pasó a ser una compañía de exploración y producción pura, sin integración aguas abajo. Desde su salida de Venezuela, redirigió una parte sustancial de su cartera hacia proyectos de crudo pesado en Canadá. En ese contexto, su interés en regresar al país permanece incierto y dependerá de condiciones comerciales, riesgos y prioridades de inversión.
¿Con qué rapidez podría recuperarse el sector? La respuesta depende de la capa analizada. El daño estructural exigirá años de trabajo y el alivio de sanciones no lo elimina; en el mejor escenario, Venezuela necesitaría una década o más para volver a niveles previos a 2007. En cambio, barriles cerrados por razones comerciales y logísticas podrían reaparecer con rapidez si se reducen restricciones. El futuro inmediato depende menos de la geología que de un cambio en el régimen de sanciones.
