En Israel y en Estados Unidos expresan esta noche (lunes) pesimismo respecto de las posibilidades de éxito de la segunda ronda de conversaciones que se abrirá mañana en Ginebra entre Washington y Teherán. En el centro de la disputa se encuentra la negativa de Irán a tratar asuntos que no estén vinculados directamente al enriquecimiento nuclear.
Los iraníes dejaron claro que no están dispuestos a incluir en las conversaciones la cuestión de los misiles balísticos ni la continuidad de su apoyo a organizaciones terroristas en todo Oriente Medio. Paralelamente, Estados Unidos continúa reforzando sus fuerzas en la zona: se espera que un segundo portaaviones llegue al área en unos diez días, como parte de la preparación conjunta ante la posibilidad de un fracaso de las conversaciones.
Más temprano, la Marina del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica inició un ejercicio militar en el estrecho de Ormuz, apenas un día antes de la fecha prevista para reanudar las negociaciones entre Irán y Estados Unidos en Ginebra. El ejercicio, denominado “Control inteligente en el estrecho de Ormuz”, está destinado a evaluar la preparación de las fuerzas operativas de la república islámica.
Según el reporte, el objetivo del ejercicio es prepararse “frente a posibles amenazas de seguridad y militares” en el espacio marítimo. En este contexto, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Larijani, dijo esta noche que los iraníes “aceptan una negociación justa y razonable, y no quieren perder tiempo”.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán informó hoy que las negociaciones con Estados Unidos mañana en Ginebra se celebrarán de manera indirecta y con mediación de Omán. También se indicó: “Nuestra delegación negociadora tratará los aspectos técnicos, económicos, políticos y jurídicos de la cuestión nuclear”. Cabe recordar que ayer se publicó que los equipos negociadores de ambas partes permanecerán iguales en la próxima ronda, y que por la parte estadounidense participarán el enviado especial de Trump para Oriente Medio, Steve Witkoff, y su yerno Jared Kushner.
La cadena CBS informó anoche que, durante su encuentro en Mar-a-Lago en diciembre pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dejó claro al primer ministro Benjamín Netanyahu que los estadounidenses apoyarían ataques israelíes contra el programa de misiles balísticos de Irán si no se alcanza un acuerdo entre Washington y Teherán. En el informe, que citó fuentes al tanto del asunto, se señaló que la administración estadounidense inició discusiones internas para evaluar la posibilidad de ayudar a una nueva ronda de ataques israelíes.
En paralelo, Netanyahu convocó anoche discusiones de seguridad con la participación de altos funcionarios del sistema de defensa, entre otros temas sobre la tensión con Irán. Las discusiones en los ámbitos de defensa e inteligencia estadounidenses se centran en vías de asistencia a Israel, que incluyen el suministro de reabastecimiento aéreo para aviones israelíes y la obtención de autorizaciones de paso aéreo en países a lo largo de la ruta de ataque. Sin embargo, la cuestión del sobrevuelo sigue siendo compleja, ya que Jordania, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos declararon públicamente que no permitirán el uso de su espacio aéreo para ataques contra Irán.
Mientras tanto, Estados Unidos avanza y completa sus preparativos operativos ante la posibilidad de un ataque en Irán, si fuera necesario. El plan estadounidense se basa en rodear a Irán con bases de la fuerza aérea en el mar y en tierra, que podrían generar un volumen de fuego y oleadas de ataques durante días e incluso semanas.
A las fuerzas que ya operan en la región se sumó desde el este el portaaviones “Lincoln”, con casi 100 aeronaves F-18 y F-35. Su grupo de ataque incluye también destructores con misiles de crucero de largo alcance y submarinos. En paralelo, escuadrones de cazas F-15, A-10 y F-35 se despliegan en bases en Qatar, Jordania, Siria y Chipre.
Por orden del presidente Trump, otro portaaviones, el “Gerald Ford”, se dirige hacia el Mediterráneo oriental y se espera que se posicione frente a las costas de Siria dentro de unas dos semanas. A bordo lleva más de 70 aviones de combate, y está acompañado por buques AEGIS para la interceptación de misiles. Al dispositivo ofensivo se suma un despliegue defensivo que incluye baterías THAAD en el este de Jordania, equipadas con radar y seis lanzadores, que asistirán al sistema de defensa antiaérea de Israel.
Asimismo, se desplegaron baterías Patriot para proteger las bases estadounidenses frente a misiles iraníes. Tras la llegada del portaaviones adicional, Estados Unidos contará con cientos de aviones de combate en Oriente Medio: una magnitud comparable a la fuerza aérea de un país entero, a la espera de una orden de activación.
