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Europa apoya el terrorismo de Irán mientras demoniza a Israel

Por: Eric R. Mandel / En: Jpos / Traducción de Noticias de Israel

Foto: REUTERS / KIRSTI KNOLLE

No todos los días un líder mundial logra ganar la atención y la agenda de Donald Trump. Pero en la reciente cumbre del G7 en Biarritz, Francia, el presidente francés Emmanuel Macron tomó el protagonismo (al menos por unos momentos) con su sorprendente invitación al ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Jarad Zarif.

Trump ha estado apretando a Irán, alejándose el año pasado del Plan de Acción Integral Conjunto de 2015 y aumentando las sanciones contra la República Islámica. A su vez, Macron y otros líderes europeos han emprendido una campaña de dos frentes: mantener a Irán ligado al acuerdo nuclear el tiempo suficiente para que Trump y Estados Unidos vuelvan a bordo.

Además de la invitación de Zarif, las autoridades francesas ofrecieron este mes una carta de crédito de 15.000 millones de dólares para compensar a Irán por las sanciones de EE.UU. y alentar a Irán a cumplir con el acuerdo de 2015.

Para entender cuán grave es este error, Macron sólo tiene que seguir el dinero liberado a Irán desde que se firmó el JCPOA.

La reducción de las sanciones fue diseñada para ayudar a los iraníes de a pie, pero el principal ganador ha resultado ser la infraestructura terrorista de Irán. El año pasado, el Washington Times informó que el gobierno de Estados Unidos ha “rastreado algunos de los 1.700 millones de dólares liberados a Irán por la administración Obama a terroristas apoyados por Irán en los dos años transcurridos desde que se transfirió el dinero”, incluyendo a Hezbolá, “junto con la Fuerza Quds, el principal brazo de inteligencia extranjera y acción encubierta de Irán y elemento del Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos”. Según el Subsecretario del Tesoro de Estados Unidos para Terrorismo e Inteligencia Financiera, Sigal Mandelker, más de 700 millones de dólares al año van a parar sólo a Hezbolá.

Esto no debería ser sorprendente. Los Estados Unidos de América, bajo administración democrática y republicana, han considerado durante mucho tiempo a Irán como el principal patrocinador mundial del terrorismo, con un alcance casi “global”. Según Matthew Levitt, del Instituto Washington, Hezbolá “ha estado involucrado en actividades criminales durante muchos años, incluyendo el tráfico de drogas y la falsificación de moneda europea”, y los operativos de una organización terrorista “llevan a cabo una de las operaciones criminales globales más grandes y complejas del mundo”.

Europa no ha quedado al margen de las actividades terroristas de Irán. Como escribió el periodista y escritor Couglin en un artículo para el Instituto Gatestone, Irán es “un bien documentado patrocinador del terrorismo” en Europa, el más infame de los cuales es el atentado de 2012 con bomba en un autobús de Burgas contra un vehículo civil, en el que murieron cinco personas y otras 32 resultaron heridas.

Sin embargo, los europeos, incluso antes de que Trump apareciera en la Casa Blanca, anhelaban juntarse con Irán, por sus propios intereses económicos.

El hecho de que Alemania, Francia y el Reino Unido hayan creado y promuevan activamente el Instrumento de Intercambios Comerciales, un mecanismo financiero que beneficia económicamente a Irán, permitiéndole seguir apoyando el terrorismo, es un giro de cabeza. INSTEX, un complejo sistema de trueque, fue creado para enriquecer financieramente a Irán y proteger a las empresas europeas de ser blanco de las sanciones estadounidenses.

Ya es suficientemente malo que los países europeos estén haciendo todo lo posible por ayudar a Irán a recuperar la buena voluntad de la comunidad internacional. La situación se ve agravada por el hecho de que no debilitan en gran medida la única democracia en Oriente Medio.

En junio, el asesor jurídico principal de la Unión Europea, el juez Gerald Hogan, recomendó que se etiquetaran los productos israelíes procedentes de la controvertida Judea y Samaria para que los consumidores europeos pudieran boicotear esos productos, una medida que recuerda a los productos europeos que boicotean los productos de la Sudáfrica del apartheid.

Hogan no es un caso atípico. Aun cuando ignoran a Irán y las negaciones del Holocausto de su representante, las naciones europeas toman regularmente medidas para arrojar una luz negativa sobre Israel, por ejemplo, a través de su apoyo a las resoluciones unilaterales del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Alemania y el resto de Europa afirman que el JCPOA ordena ayudar financieramente a Irán, declarando que sus otras actividades malévolas pueden ser dirigidas de manera independiente.

Pero la negativa de Europa a enfrentarse al desarrollo de misiles de Irán, a las violaciones de los derechos humanos y al apoyo internacional al terrorismo es inexcusable. No hay nada ambiguo en los despotriques antisemitas del líder supremo de Irán que debería permitir a cualquier europeo volver a hacer girar el veneno iraní en algo que no sea lo que es: el deseo absoluto de la destrucción de Israel.

Después del acuerdo de 2015, Irán aumentó su apoyo financiero a Hezbolá de 200 millones de dólares a 800 millones de dólares, y los europeos bostezaron, manteniendo un apoyo inquebrantable a un acuerdo defectuoso con un régimen cuya razón de ser sigue siendo la destrucción de Israel. Eso no sería tolerado contra ninguna otra nación del mundo.

Los europeos no pueden pretender reforzar un Irán pacífico mientras ignoran las palabras y acciones antisemitas de los líderes -por no mencionar el apoyo a incontables ataques terroristas internacionales- durante décadas.

Si Europa sigue demonizando a Israel mientras permite que Hezbolá recaude fondos en el continente, todo ello mientras se lleva todos los beneficios que pueda obtener mediante el apoyo financiero y diplomático al Estado terrorista más importante del mundo, entonces Europa está moralmente perdida, quizás para siempre.

Los puntos de vista y opiniones expresados en este artículo son los del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de JTA o de su compañía matriz, 70 Faces Media.

Vía The Jerusalem Post

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