Hezbolá sufrió grandes pérdidas en una guerra con Israel hace más de un año. Aun así, el grupo terrorista chií se ha reagrupado y hoy libra lo que ha llamado una “batalla existencial” contra Israel. Algunos advierten que podría ser la última.
El Líbano se vio arrastrado a la guerra en Oriente Medio la semana pasada cuando el grupo terrorista, financiado y armado por Irán, atacó a Israel en respuesta a la muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, en ataques estadounidenses-israelíes.
Israel había seguido atacando objetivos en el Líbano incluso antes del estallido, pese a un alto el fuego de 2024 con Hezbolá. El Gobierno israelí alegaba repetidas violaciones por parte del grupo. Desde entonces ha lanzado mortíferos ataques aéreos, ha enviado tropas terrestres a zonas fronterizas y ha emitido advertencias de evacuación que han desplazado a cientos de miles de personas.
El viernes, el jefe de Hezbolá, Naim Qassem, afirmó que el movimiento estaba listo para una confrontación prolongada. “Esta es una batalla existencial… no permitiremos que el enemigo logre su objetivo de eliminar nuestra existencia”, dijo.
Una fuente de Hezbolá, que pidió el anonimato, aseguró que el grupo había ido “con todo”. Planteó el escenario en términos tajantes: o bien Hezbolá “está acabado o establece una nueva ecuación que implique la retirada completa de Israel del Líbano y el cese de sus ataques”, dijo a AFP.
Según esa fuente, Hezbolá decidió luchar hace meses, pero aguardaba un cambio en el statu quo regional, “que encontró en la guerra estadounidense-israelí contra Irán”. El grupo, añadió, “sabe bien que, sea cual sea el resultado de esa guerra, le llegaría su turno e Israel no dudaría en lanzar una amplia campaña contra él”.
Tras el alto el fuego de 2024, Israel siguió atacando el Líbano y mató a unas 500 personas, incluidos muchos combatientes de Hezbolá. El grupo, de acuerdo con el mismo relato, se estaba reconstruyendo y rearmando en violación de los términos del alto el fuego y al principio se abstuvo de responder. “Absorbió los golpes tras la guerra anterior, vendó sus heridas… y reorganizó sus filas. Y hoy está librando una batalla para la que está preparado”, dijo la fuente.
La dirigencia de Hezbolá ha negado que su decisión de atacar a Israel estuviera vinculada a la guerra en Irán. Sostiene, en cambio, que perdió la paciencia ante los ataques israelíes. Esa explicación, sin embargo, no ha convencido ni a funcionarios ni a amplios sectores de la población, que han expresado una creciente indignación por lo que consideran que fue arrastrar al Líbano a una nueva guerra.
El experto militar Hassan Jouni sostuvo que, para Hezbolá, “esta es una batalla existencial… así que luchará hasta el último aliento”. A su juicio, para Israel se trata de “la batalla final contra Hezbolá”. Señaló que las circunstancias actuales, que Israel ve como una oportunidad para destruir a su enemigo, quizá no se repitan. Citó, entre los factores, una situación regional e internacional favorable bajo “la administración del presidente estadounidense Donald Trump”, así como un Irán muy debilitado.
Las autoridades libanesas se han comprometido a desarmar a Hezbolá tras el alto el fuego de 2024. El ejército ha estado desmantelando la infraestructura del grupo cerca de la frontera con Israel. Israel, por su parte, ha advertido que las autoridades no han impedido el resurgimiento de Hezbolá y ha prometido que lo hará si es necesario.
La semana pasada, Beirut prohibió las actividades militares y de seguridad de Hezbolá. El presidente libanés Joseph Aoun acusó al grupo de trabajar para “hacer colapsar” al Estado “en aras de los cálculos del régimen iraní”.
Hasta justo antes de que Hezbolá entrara en la guerra, los funcionarios libaneses desconocían las intenciones del grupo. Poco antes de que se dispararan los primeros cohetes, el 2 de marzo, Hezbolá envió una delegación para informar a su aliado, el presidente del Parlamento Nabih Berri. Así lo indicó a AFP una fuente familiarizada con la reunión, bajo condición de anonimato.
Hezbolá sorprendió a amigos y enemigos con sus ataques. Llegaban después del duro golpe que recibieron su liderazgo y su arsenal en la guerra de 2024 y después de la pérdida de su principal ruta de suministro a través de Siria, tras la caída del gobernante de larga data Bashar al-Assad.
La semana pasada, el portavoz internacional del ejército israelí, el teniente coronel Nadav Shoshani, afirmó que Hezbolá aún tiene “cantidades significativas de armas que ponen en peligro a los civiles israelíes”.
Pese al ya enorme costo para el Líbano, en destrucción y desplazamiento, Hezbolá ha insistido en continuar. El impacto se ha concentrado principalmente en zonas consideradas bastiones del grupo, donde suele celebrarse como victorioso.
El presidente Aoun no ha recibido respuesta a su propuesta de negociaciones directas con Israel. Israel, en cambio, ha mantenido sus amenazas de más destrucción si las autoridades no desarman a Hezbolá y no detienen sus ataques.
Para el académico y abogado Ali Mourad, “la prioridad de Hezbolá era abrir un frente libanés al servicio de la agenda iraní, después de contenerse” desde 2024. El grupo libra, dijo a AFP, “una batalla existencial en dos frentes: el frente libanés y el frente político, ideológico y estratégico de su aliado (iraní)”. A su juicio, “Hezbolá está acabado como potencia regional y como arma estratégica” para Irán. Y concluyó con un pronóstico: “esta guerra no terminará en victoria” para el grupo.
