La toma del Marinera, de bandera rusa, desafía la protección de pabellón, intensifica tensiones con Moscú y abre una fase más dura contra flotas sancionadas.
Incautación del Marinera y límites legales de la protección de pabellón
Estados Unidos incautó en el Atlántico Norte un petrolero con bandera rusa y elevó la apuesta del bloqueo naval a Venezuela. El movimiento quebró la aparente estrategia del Kremlin de reabanderar naves de su flota en la sombra para ofrecerles protección, además de avivar tensiones más amplias con Moscú. La operación tuvo como objetivo al Marinera, nombre reciente del buque Bella 1, y colocó el foco en los límites legales de la protección de pabellón.
En el plano jurídico, un buque abanderado solo puede recibir un abordaje con permiso del Estado de su pabellón, mientras que un buque sin bandera carece de esa protección. Pese a advertencias de Moscú, helicópteros de la Guardia Costera de Estados Unidos descendieron sobre el Marinera y tomaron el control. El 7 de enero, John Burgess advirtió a RFE/RL que una acción puede socavar la seguridad y el refugio que un registro ruso crearía.
El Marinera adoptó la bandera rusa el 30 de diciembre, después de un intento anterior de abordaje de Estados Unidos cuando el buque se aproximó a aguas venezolanas. Burgess sostuvo que ese hecho volvió “ambiguo” su estatus y anuló en la práctica la bandera adoptada, que la tripulación pintó en el casco. A su juicio, el abordaje resultó legal, aunque abrió cuestiones, porque la norma exige una razón sustantiva para un cambio de pabellón.
Washington ofreció una lectura similar. La secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó ante periodistas que el buque careció de nacionalidad tras enarbolar una bandera falsa. En esa línea, desestimó protestas de legisladores rusos que calificaron la incautación como “violación del derecho marítimo” o incluso como “piratería”. La cuestión del estatus del Marinera se convirtió así en el eje de la discusión sobre la legalidad del abordaje.
Datos clave del abordaje y la flota en la sombra
- Veintiún buques sin bandera adoptaron bandera rusa desde el 10 de diciembre.
- El Marinera cambió a bandera rusa el 30 de diciembre tras un intento de abordaje.
- Karoline Leavitt afirmó que el buque careció de nacionalidad por una bandera falsa.
- La flota en la sombra de Rusia, Irán y Venezuela ronda mil buques.
Reabanderamiento y flotas en la sombra ante la presión estadounidense
Según Windward, unos veintiún buques sin bandera adoptaron la bandera rusa desde la incautación en el Caribe, el 10 de diciembre, de un petrolero de esa flota en la sombra llamado Skipper. Ese hito dio paso al anuncio del presidente estadounidense Donald Trump de un bloqueo a los petroleros sancionados que entran y salen de Venezuela y, como consecuencia directa, a nuevas incautaciones de buques por parte de Estados Unidos.
Las estimaciones sitúan el tamaño de las flotas en la sombra utilizadas por Rusia, Irán y Venezuela alrededor de mil buques. El número creció en los últimos años porque las tres naciones intentaron mantener ventas de petróleo vitales para sus presupuestos estatales. En su mayoría, se trata de naves antiguas, en malas condiciones y sin seguro. Cientos figuran en listas negras de Estados Unidos, la Unión Europea y otros actores, lo que restringe severamente su actividad.
Analistas del sector naviero sostienen que las acciones de Estados Unidos contra buques sin bandera, junto con los recientes ataques con drones ucranianos contra buques sancionados en el mar Negro, abren una nueva etapa de medidas más duras contra la flota en la sombra. La incautación del Marinera elevó aún más ese enfoque y colocó a los reguladores en alerta sobre el alcance y la operatividad de estas redes marítimas.
Michelle Bockmann, analista sénior de inteligencia marítima de Windward, subrayó en un seminario web del 7 de enero que los reguladores estadounidenses vigilan y que es probable que ocurran más incautaciones. Además, afirmó que la actuación sobre el Marinera ofrece una “plantilla” para países del Báltico que han lidiado con la amenaza de la flota oscura para la seguridad marítima, la seguridad en el mar y el medio ambiente, en especial cuando aparecen falsos abanderamientos.
Implicación del Reino Unido y derivadas geopolíticas y humanitarias
En el caso del Marinera, Estados Unidos no actuó en solitario. El ministerio de Defensa británico informó que la fuerza aérea proporcionó vigilancia adicional y reabastecimiento naval en apoyo de la operación estadounidense. El secretario de Defensa, John Healey, indicó que las fuerzas de Estados Unidos utilizaron bases en el Reino Unido y añadió que la operación se justificó conforme al derecho internacional por la pertenencia del buque a un eje ruso-iraní de evasión de sanciones.
Esa declaración aportó un encuadre jurídico distinto e iluminó el trasfondo geopolítico de la incautación. Washington pasó meses en negociaciones con Rusia, Ucrania y países europeos sobre el fin de la guerra en Ucrania, y los borradores recientes incluyeron garantías de seguridad para Kiev que Moscú consideró inaceptables. En ese contexto, los hechos supusieron un golpe al prestigio de Moscú tras la redada estadounidense que terminó con la detención del ahora depuesto líder venezolano Nicolás Maduro.
En el plano humanitario, no quedó claro cuántos tripulantes rusos permanecían a bordo del Marinera. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia exigió a Estados Unidos un trato humano y adecuado para sus ciudadanos y pidió respeto por sus derechos e intereses. Además, sostuvo que Washington no debía obstaculizar su regreso a Rusia lo antes posible. Estados Unidos planteó la posibilidad de un juicio en su territorio, lo que abrió una nueva fuente de tensión.
Healey añadió que la misión se justificó porque el Marinera formaba parte de un eje ruso-iraní de evasión de sanciones que alimenta el terrorismo, la guerra y la miseria desde Oriente Medio hasta Ucrania. Esa caracterización reforzó el marco político de la operación y conectó la incautación con conflictos más amplios. Las repercusiones continúan y mantienen abierta la disputa entre Washington y Moscú, con aristas legales, estratégicas y humanitarias aún sin resolver.
