El consumo reciente de interceptores en Israel y Estados Unidos expuso límites industriales y de stock. El Pentágono ya firmó contratos plurianuales para acelerar la reposición.
El inventario de Arrow en Israel marca el ritmo ante una posible escalada
Uno de los datos más sensibles para la seguridad israelí es el inventario de interceptores Arrow disponible para frenar misiles balísticos procedentes de Irán. Ese ataque se espera si Estados Unidos lanza una ofensiva contra el régimen iraní. Israel ya empleó una cantidad considerable de interceptores Arrow en dos ataques de misiles desde Irán, uno en octubre de 2024 y otro en abril de 2025, y también durante la guerra con Kalbia en junio.
Durante esa guerra circularon informes, negados por el establishment de defensa, según los cuales la Fuerza Aérea evitó en ciertos casos interceptar misiles iraníes por restricciones en el inventario. Después de esos episodios, el ministerio de Defensa ordenó un nuevo inventario por miles de millones de shekels. La Industria Aeroespacial Israelí anunció que, al mismo tiempo, optimiza y acelera el proceso de producción, aunque el suministro todavía se encuentra en curso.
El desafío no se limita a los sistemas israelíes, pero el caso de Arrow concentra atención por su papel ante misiles balísticos. El gasto acumulado en episodios recientes también alimenta debates internos sobre prioridades de uso y reposición. En paralelo, la continuidad del suministro depende de procesos industriales que no se ajustan a la velocidad del consumo en combate, incluso cuando las autoridades anuncian mejoras de eficiencia.

En ese contexto, la tensión entre necesidades operativas y límites de stock reaparece cada vez que se evalúa un escenario de nuevos lanzamientos desde Irán. La información sobre cantidades exactas se mantiene como un dato especialmente protegido. Aun así, el texto señala que el gasto ya obligó a decisiones de compra por montos elevados y a medidas para acelerar la producción, sin que la reposición se complete de inmediato.
Datos clave sobre consumo y reposición de interceptores en Israel
- Israel utilizó interceptores Arrow ante ataques desde Irán en octubre de 2024 y abril de 2025.
- Durante la guerra con Kalbia en junio también se consumió una cantidad considerable de interceptores.
- Se difundieron informes sobre restricciones de inventario, aunque el establishment de defensa los negó.
- El ministerio de Defensa ordenó un nuevo inventario por miles de millones de shekels y el suministro sigue en curso.
Estados Unidos ajusta su estrategia ante límites de inventario y producción
Israel no es el único país que enfrenta el desafío de la economía de armamentos. Según informes en Estados Unidos, altos funcionarios del Pentágono explicaron que una de las razones para planificar una campaña corta de solo unos días contra Irán radica en los problemas de inventario de armamentos estadounidenses. El texto plantea una comparación con la campaña de 12 días conducida por Israel y atribuye la diferencia, sobre todo, al apoyo estadounidense en armamentos.
La explicación también incluye el ritmo limitado de producción de interceptores en Estados Unidos desde el fin de la Guerra Fría. Ese límite se vuelve visible cuando las necesidades operativas suben de forma abrupta en un período corto. Con ese telón de fondo, la planificación de una ofensiva breve apunta a contener el consumo, en especial en sistemas de defensa antimisiles que se agotan con rapidez ante ataques sostenidos.

En la ronda de combate intenso contra Irán de junio pasado, las baterías THAAD desplegadas en Israel y en todo el Golfo Pérsico lanzaron más de 150 interceptores en menos de dos semanas. Según el texto, esa cantidad equivale a un cuarto de todos los interceptores producidos hasta ahora para ese sistema. En el mismo período, la Armada estadounidense disparó unos 80 misiles SM-3 para interceptar misiles balísticos en el espacio, instalados en parte de los buques de guerra.
Ese ritmo de consumo colocó al Pentágono ante un vacío estratégico. Además, Estados Unidos cuenta con un inventario limitado de interceptores Patriot avanzados después de cuatro años de suministros a Ucrania, que los emplea contra misiles rusos. El texto presenta al Patriot como un componente vital para proteger bases estadounidenses en países del Golfo ante misiles balísticos de corto alcance lanzados desde Irán, lo que amplía la presión sobre los almacenes.
Contratos plurianuales elevan la producción y reducen precios, pero no resuelven todo
Como respuesta a la crisis, el Pentágono firmó a principios de febrero de 2026 una serie de contratos gigantes que redefinen la adquisición de misiles. En vez de contratos anuales pequeños, empresas como Lockheed Martin y Raytheon pasaron a contratos plurianuales de siete años. El texto indica que ese esquema permite establecer líneas de producción robóticas y automatizadas, con el objetivo de acelerar la fabricación y reducir el precio de misiles costosos.
Entre los ejemplos, el ritmo de producción de interceptores Patriot PAC-3 MSE sube de 620 unidades al año a una capacidad de 2.000. El ritmo de producción de interceptores THAAD aumentará cuatro veces, de 96 a 400 por año. El ritmo de producción de interceptores SM-3 pasará de unas decenas a unas 500, según la información incluida. La decisión busca recomponer inventarios a una escala que el modelo anterior no permitía sostener.

La realidad que describe el texto sigue siendo compleja pese al aumento de producción. Los expertos calculan que los almacenes estadounidenses volverán a la “línea verde”, es decir al inventario completo, solo hacia 2028-2029. Hasta entonces, una nueva ronda de combate contra Irán obligará a la Casa Blanca a decisiones difíciles: transferir interceptores a Israel, transferirlos a Ucrania o reservarlos para un posible enfrentamiento futuro con China en Taiwán.
El texto también señala un efecto económico asociado a la producción masiva. Por primera vez en una década, el precio de los interceptores bajará alrededor del 15 % gracias a la economía de escala y a la automatización. Un interceptor Patriot PAC-3 que costaba$5,2 millones caerá a 4,4 millones, mientras el precio de un interceptor THAAD bajará de 15 a 14 millones, según las cifras citadas.
Escasez en bombas y explosivos amplía la presión más allá de la defensa antimisiles
Las limitaciones estadounidenses en armamentos no se reducen a los interceptores y también afectan a los armamentos de ataque. La bomba GBU-57, conocida como la madre de todas las bombas y empleada por bombarderos B-2 para destruir instalaciones nucleares, se fabricó en Estados Unidos solo en unas decenas de unidades. El texto afirma que se desarrolló específicamente para objetivos como Natanz y que en la operación Martillo de Medianoche de junio se utilizaron 14.
El resultado, según el texto, sorprende y preocupa porque Estados Unidos carece ahora de capacidad para una operación similar. La Fuerza Aérea ordenó a Boeing un nuevo inventario por $100 millones, pero ese inventario todavía se encuentra en producción. En paralelo, el inventario de bombas penetradoras de búnkeres más pequeñas tampoco es óptimo, pese a que Estados Unidos posee miles de cabezas BLU-109.

El stock de BLU-109 sufrió desgaste por la ayuda a aliados, incluida la transferencia de cientos de unidades a Israel entre 2024 y 2025 según publicaciones estadounidenses. Además, el texto describe un ritmo insuficiente en la reposición de espoletas inteligentes Hard Target Smart Fuzes, capaces de contar capas de hormigón y detonar la bomba en el espacio vacío del búnker. Ese cuello de botella condiciona la efectividad del armamento disponible.
En cambio, el inventario de kits JDAM de guía por satélite se encuentra en mejor estado, según el texto. Estados Unidos dispone de decenas de miles gracias a ritmos de producción en fábricas de Oklahoma y Pensilvania desde 2024, y ese inventario se considera muy profundo. Aun así, un informe del Pentágono citado en el texto indica escasez mundial de TNT y del explosivo IMX-101, sustituto más seguro empleado en bombas MK-84.
Desvíos de inventario y advertencias sobre duración de combate de alta intensidad
Estados Unidos invierte miles de millones en reconstruir fábricas de explosivos en Tennessee, de acuerdo con el texto. La administración confirmó que parte de los inventarios destinados al ejército estadounidense se desviaron en 2025 hacia Israel bajo cláusulas de emergencia. Esa decisión generó presión sobre los almacenes en los comandos EUCOM y CENTCOM, lo que añade un componente logístico a la disputa por recursos disponibles.
La Oficina de Presupuesto del Congreso advirtió que, en caso de guerra simultánea contra Irán y China, los inventarios actuales de JDAM y de cohetes de largo alcance GMLRS podrían no alcanzar más de cuatro a seis semanas de combate de alta intensidad. El texto presenta esa advertencia como un factor explicativo del aumento masivo de producción iniciado este año. La necesidad de sostener varios frentes se convierte así en una ecuación de tiempos industriales y consumo operativo.

Mientras los almacenes no recuperen niveles completos, el texto describe un período de decisiones de asignación con costos políticos y militares. El dilema incluye apoyar a aliados, sostener necesidades propias y mantener reservas ante escenarios futuros. La situación combina un consumo acelerado, líneas de producción que aún se expanden y compromisos simultáneos que presionan el margen de maniobra de Washington.
En ese marco, la comparación con los costos unitarios también adquiere relevancia. El texto señala que los precios de los interceptores israelíes son mucho más bajos, con un Arrow-3 de unos$3 millones y un interceptor David’s Sling de Rafael, equivalente al Patriot, de alrededor de un millón. Esa diferencia convive con la dependencia de suministros y con el impacto que los desvíos y transferencias tienen sobre inventarios estadounidenses.
