El sistema de seguridad y los ministerios del Gobierno se encuentran desde hace semanas en estado de máxima alerta ante lo que se conoce como “el escenario extremo iraní”.
El principal temor es un ataque sorpresa en múltiples frentes que combine misiles hipersónicos, enjambres de drones y agentes internos, con el objetivo de paralizar las infraestructuras nacionales de Israel y las bases de la Fuerza Aérea. Según fuentes de seguridad, el sistema de seguridad y los ministerios pertinentes han completado recientemente una serie de evaluaciones de la situación en previsión de este escenario de pesadilla para la seguridad.

Según el escenario, Teherán ya no se contentará con disparos simbólicos, sino que intentará llevar a cabo un ataque muy amplio y coordinado desde varios frentes al mismo tiempo: Irán, Yemen, Irak, Siria, Líbano, Judea y Samaria, y por primera vez, un énfasis significativo en el escenario interno durante el Ramadán, ya de por sí muy tenso, a través de una red de agentes reclutados en Israel.
A diferencia de la operación “Am Kalbia”, el escenario actual prevé un ataque dirigido contra los activos estratégicos del Estado de Israel, centrado en las bases aéreas y los cuarteles generales de mando, con el fin de paralizar las capacidades de defensa y ataque aéreo del ejército israelí.

Además, se incluyen infraestructuras nacionales como centrales eléctricas, plantas desalinizadoras y depósitos de combustible para provocar el caos y afectar a la continuidad funcional nacional, así como ejes de transporte y aeropuertos con el fin de perturbar la capacidad de desplazamiento de las fuerzas de reserva y cerrar el espacio aéreo.
La principal preocupación del sistema de defensa antiaérea es la saturación de los sistemas cuando los iraníes intenten concentrar sus esfuerzos de armamento en un breve periodo de tiempo. Tal escenario podría obligar al ejército israelí a priorizar los derribos con una política estricta entre una zona y otra, según cómo se desarrollen los acontecimientos, como por ejemplo, proteger activos estratégicos a costa de otras zonas con mucha población.

Por otro lado, los responsables de seguridad subrayan que Israel no está solo en la campaña. El Gobierno estadounidense ha reforzado significativamente su presencia en el Golfo Pérsico en particular y en Oriente Medio en general con baterías de defensa antiaérea y radares avanzados desplegados a lo largo de las “rutas iraníes”.
La cooperación con los países de la región, algunos de los cuales temen un ataque dirigido contra ellos mismos, debería permitir la vigilancia y la alerta incluso antes de que las amenazas se acerquen al espacio aéreo israelí, como ocurrió en la operación “Am Kalba”. Además, el sistema de seguridad estima que el ataque del ejército estadounidense contra los lanzadores iraníes podría evitar bombardeos intensos.

Sin embargo, la cuestión que sigue planteando un reto al ejército israelí es el uso de misiles de crucero hipersónicos que vuelan a una velocidad varias veces superior a la del sonido y con una trayectoria variable. Estos acortan significativamente el tiempo de alerta y desafían las capacidades de detección e interceptación de los sistemas “Arrow” y “Honda de David” (Varita mágica). Se trata de una amenaza que podría reducir la capacidad del público para protegerse en un plazo razonable y poner a prueba la retaguardia israelí como nunca antes.
