Mientras Lía Noga, de “Amor nuevo”, afronta críticas de usuarios en redes tras decirle a Dvir que “ya no habrá más salidas con amigos”, algunas voces sostienen que su actitud ofrece lecciones valiosas. En ese contraste, la conversación pública se divide entre rechazo a la frase y una lectura que destaca su forma de vincularse.
Después de la emisión del episodio el pasado lunes, aparecieron reacciones con frases como “a mí me molestó” o “es una frase de una niña de 14 años”. Sin embargo, la entrenadora de parejas Hadar Zohar afirma que el debate en redes omite lo principal. “Está claro que toda pareja necesita también vidas separadas y amigos”, afirma.
Zohar añade que su atención no se dirige al contenido literal del comentario, sino al lugar desde el que Lía lo expresó. Desde esa perspectiva, interpreta que el foco está en el tono y la seguridad con que lo dijo, más que en la prohibición implícita que muchos lectores atribuyeron a sus palabras.
En el programa, aunque las mujeres aparecen como atractivas e impresionantes, Lía destaca como la participante que concentra el interés de todos los hombres. Ese patrón abre la pregunta por su “secreto” y por qué logra atraer de forma tan consistente dentro de la dinámica del formato televisivo.
Según Zohar, Lía representa lo que denomina “conciencia femenina”, definida como una manera de comportarse y pensar que atrae a los hombres de forma natural y fortalece su masculinidad. La especialista rechaza que se trate de un juego o de manipulación, y lo describe como un estilo auténtico que nace de seguridad interior.
En esa línea, Zohar resume su postura en tres ideas: “No teme perder. No está ocupada en complacer. Sabe cuánto vale y desde ahí habla”. Para la entrenadora, esa combinación permite que Lía se exprese con firmeza, sin colocarse en una posición de necesidad ni en una búsqueda constante de aprobación.
Uno de los rasgos que Zohar subraya es la capacidad de establecer límites sin dramatismo ni amenazas. “No dijo: ‘Si sales con amigos me voy’. Simplemente puso su deseo sobre la mesa. ¿Te encaja? Quédate. ¿No te encaja? Eres libre de irte. Eso es seguridad”. Para ella, ahí se vuelve visible el matiz.
Ese punto, sostiene, marca la diferencia entre control y autoestima. “Cuando una mujer actúa desde el miedo a que la abandonen, complace, se esfuerza en exceso o juega juegos. Lía no está ahí. Está tranquila. No se comporta como si estuviera en un examen ni intenta demostrar que merece amor”. En su lectura, la serenidad define la escena.
Zohar insiste en que en Lía hay autenticidad y ausencia de actuación. Afirma que no construye un personaje, que fija límites con claridad y que no se disculpa por ellos. Señala que puede decir qué le conviene y qué no, incluso si suena tajante, pero lo hace “con una sonrisa, con suavidad, sin dramatismo ni amenaza”.
Cuando surgió el tema de las salidas con amigos o de amistades femeninas en las conversaciones, Lía no intentó suavizar ni esquivar la cuestión. En cambio, según el análisis de Zohar, delimitó su postura de manera simple: esto es lo que me conviene. ¿Te encaja? Quédate. ¿No te encaja? Eres libre de irte. Desde esa lógica, lo presenta como claridad.
“No teme perder”, subraya Zohar, y recalca el efecto de esa actitud. “Y eso marca una diferencia enorme. Cuando una mujer no actúa desde el miedo, transmite valor”. En su interpretación, el valor no depende de imponer condiciones, sino de sostenerlas con calma y coherencia en el vínculo.
Junto a esos límites definidos, Zohar afirma que Lía sabe mostrar interés, reforzar, elogiar y expresar ternura. Dice cuando quiere más contacto, comparte emociones y no evita declarar “esto es importante para mí”. En esa mezcla, la entrenadora destaca que también facilita que la otra persona se sienta significativa.
“Hace que el hombre se sienta necesario”, explica Zohar. Precisa que no lo hace desde la dependencia ni desde una posición baja, sino desde la frase “quiero que estés a mi lado”. Añade que Lía sabe dar y también recibir, y señala que a muchas mujeres les cuesta recibir atenciones o iniciativa masculina.
En ese aspecto, Zohar sostiene que a algunas les incomoda que las mimen o que el hombre tome la iniciativa, pague o se ocupe de cosas. En cambio, describe que Lía recibe sin disculparse y sin tensión. Para la entrenadora, esa soltura contribuye a un intercambio más equilibrado dentro de la pareja.
Esa combinación, afirma, crea una dinámica en la que el hombre frente a ella “crece”. Zohar sostiene que incluso se observa cómo Dvir se vuelve más masculino, más proactivo y más comprometido. Añade que él mismo dijo que atraviesa un proceso de nacimiento, y remarca: “No es casual”.
Otro elemento que Zohar considera relevante es el ritmo con el que Lía se mueve en la relación. Señala que no se apresura, que evita declaraciones grandilocuentes sobre matrimonio tras pocos días y que no salta de inmediato a la intimidad física. Tampoco se abre emocionalmente de golpe, según esa descripción.
“Tiene un juego inteligente. No un juego manipulador, sino de ritmo. Da un paso y espera a que él dé un paso. Se abre un poco y escucha cómo él se abre. Hay ajuste”. En ese marco, Zohar presenta la relación como un proceso en el que el avance se construye por correspondencia.
Para la entrenadora, ese enfoque produce tensión saludable, curiosidad y valoración. Dice que para descubrir más de Lía hay que esforzarse, pero recalca que ella se mantiene presente. Aclara que no actúa por llevar la contraria y que esa diferencia separa el ritmo de la manipulación.
Zohar añade que Lía entra en la relación como una persona completa y no desde un lugar donde le falte valor y necesite que un hombre se lo otorgue. Afirma que sabe quién es y cuánto vale, y que desde ahí busca conexión. En su planteamiento, no busca que alguien complete una mitad.
¿Y la belleza? Zohar concede que puede abrir una puerta, pero sostiene que no es lo que mantiene una relación. Señala que hay varias mujeres hermosas y que la belleza genera atracción inicial. Sin embargo, afirma que lo que sostiene a un hombre es la energía, la comunicación, la profundidad y la diversión.
En ese punto, describe que Lía aporta diversión y profundidad a la vez. La define como ligera, pero no superficial. En su lectura, esa combinación explica por qué despierta interés de manera persistente dentro del programa, más allá del impacto inicial de la apariencia.
Ante la pregunta de si todas deberían parecerse a Lía, Zohar rechaza la idea de un rasgo innato fijo. “No es una cuestión de carácter innato, sino de proceso”, concluye. Añade que se trata de un músculo que se ejercita: aprender a poner límites y a no actuar desde el miedo.
En su cierre, Zohar incluye también aprender a recibir sin disculparse. Describe ese cambio como un trabajo interior, pero posible. Con esa conclusión, sugiere que lo observado en Lía puede entenderse como un modelo practicable y no como una excepción reservada a una personalidad específica.
