Indonesia aumentó en febrero los preparativos para aportar personal militar a la Fuerza Internacional de Estabilización prevista para Gaza, una misión multinacional que Washington asoció a la etapa posterior al alto el fuego y al proceso de reconstrucción del enclave. En ese marco, el presidente Prabowo Subianto recibió una invitación para viajar a Estados Unidos el 19 de febrero.
La visita incluiría una reunión sobre la denominada Junta de Paz promovida por el presidente Donald Trump, y Yakarta también planteó suscribir un acuerdo comercial durante el desplazamiento. En paralelo, el ministerio de Defensa indonesio organizó y entrenó contingentes destinados a funciones no combatientes dentro de una eventual contribución a la misión.
El ministro Sjafrie Sjamsoeddin señaló en noviembre que Indonesia dejó listos hasta 20.000 efectivos con perfiles centrados en salud e infraestructura, y definió ese paquete como una reserva disponible para misiones de apoyo humanitario y tareas de obras. Yakarta figura entre los países con los que Estados Unidos trató posibles aportes a la fuerza multinacional.
La arquitectura internacional del plan se consolidó con una resolución del Consejo de Seguridad aprobada el 17 de noviembre de 2025, que habilitó el camino hacia una fuerza con mandato de estabilización. El diseño operativo que circuló en esas conversaciones asignó a la misión objetivos amplios, entre ellos contribuir a la desmilitarización.
Ese mismo esquema incluyó la protección de civiles, el aseguramiento de fronteras, la facilitación de ayuda y el respaldo a una policía palestina entrenada y sometida a procesos de selección. Washington sostuvo que la fuerza no tendría como misión principal combatir a Hamás, y el plan dejó sin definir el mecanismo para concretar el desarme del grupo.
Los responsables estadounidenses también contemplaron un despliegue inicial en áreas bajo control israelí, con una sustitución gradual de la presencia israelí a medida que la misión alcanzara metas verificables vinculadas a seguridad y desarme. Cuando esos planes se expusieron públicamente, Israel mantenía control sobre una parte sustancial del territorio.
Ese escenario condiciona las rutas de acceso, la protección de instalaciones y la coordinación con autoridades locales y organismos de asistencia. La convocatoria del 19 de febrero en Washington se integró en la puesta en marcha de la Junta de Paz, que Estados Unidos lanzó en enero y programó como foro de líderes en el U.S. Institute of Peace.
La agenda oficial incorporó, además, un componente de recaudación para financiar la reconstrucción de Gaza y un esquema de membresías, en una iniciativa que generó apoyos y escepticismo entre aliados y gobiernos de la región. En el terreno, los movimientos fronterizos en el sur de Gaza recuperaron un lugar central dentro de la misma hoja de ruta.
Israel reabrió el 2 de febrero el cruce de Rafah para un flujo limitado de personas a pie tras meses de cierre, con controles de seguridad que ralentizaron los primeros desplazamientos; la reapertura se inscribió en el plan estadounidense que siguió al alto el fuego de octubre de 2025. Ese paso reactivó el corredor hacia Egipto.
El cruce volvió a ser un punto de fricción logística para evacuaciones médicas y traslados autorizados. Con la reunión del 19 de febrero ya fijada, Indonesia combina la preparación de capacidades sanitarias e ingenieriles para una eventual misión en Gaza con una agenda diplomática que incluye negociaciones comerciales en Washington.
El calendario de un despliegue y el alcance final del mandato quedan sujetos a las decisiones que adopten los promotores de la Junta de Paz y a la forma en que la fuerza multinacional convierta sus objetivos en reglas de operación y coordinación en el sur de la Franja.
