El kibutz Be’eri decidió qué vivienda quedará en pie como recuerdo de los hechos del 7 de octubre de 2023, tras una votación previa en la que los vecinos acordaron demoler todas las casas destruidas durante el ataque de Hamás, excepto una, en la comunidad próxima a Gaza.
La vivienda incendiada pertenece a Yogev y Yael Dvori, que estaban en Chipre junto a sus cuatro hijos durante el asalto. La supervivencia de la familia influyó en la elección, así como su localización en el barrio Kerem, en el perímetro del kibutz, lejos del tránsito cotidiano de los residentes.
Be’eri figuró entre las zonas más castigadas por el ataque. De las más de 1.200 personas asesinadas tras la incursión de terroristas de Hamás en el sur de Israel, 102 vivían en el kibutz, cerca del diez por ciento de su población. Además, treinta residentes fueron secuestrados y llevados a Gaza, todos ya devueltos.
En fechas recientes, la comunidad debatió el destino de los dos barrios más dañados. La resolución de derribar las viviendas generó controversia, y un ministro del gobierno señaló que podría intentar frenar la decisión tras recibir pedidos de familias en duelo por lo ocurrido.
Finalmente, los miembros del kibutz concluyeron que la demolición general y la posterior reconstrucción permitirían avanzar. Optaron por no habitar un recuerdo permanente del ataque, y priorizaron la posibilidad de recomponer la vida comunitaria sin convivir diariamente con la devastación sufrida.
Según lo acordado, la casa de los Dvori seguirá en pie al menos cinco años. Se integrará al relato histórico del kibutz junto con documentos, material audiovisual y objetos seleccionados, dentro de un programa especial de historia visual del instituto de investigación Yad Ben Zvi.
Yogev Dvori declaró al sitio Ynet: “Mi postura era que deberíamos destruirlo todo y no dejar rastro, no convertir el kibutz en Auschwitz ni en un lugar de peregrinación para visitantes. Simplemente borrar todo y conmemorar a personas queridas, no a edificios”.
Agregó: “Desde el primer día, no nos importó que la gente entrara en nuestra casa, porque no pasamos por un evento traumático allí. Además, después de darnos cuenta de que no había nada que salvar, realmente no nos importó la casa. En lo que a nosotros respecta, la puerta podía quedarse abierta, y quien quisiera podía entrar, tomar fotos, hacer lo que quisiera. De todos modos se había convertido en una casa-museo. Cualquiera que quisiera ver casas quemadas entraba en nuestra casa.
”Hoy, eso ya quedó atrás».
Dvori relató que la familia regresó de Chipre con pocas pertenencias y recibió ropa en el hotel donde fueron alojados los sobrevivientes evacuados del kibutz. Señaló: “Más tarde, entramos en la casa solo para llevarnos objetos que eran significativos para nosotros, como un álbum de fotos familiar que estaba cubierto de hollín”.
Explicó además: “Hasta el día de hoy, es imposible tenerlo en [nuestro hogar actual] porque apesta a humo, así que lo guardamos en un depósito”. Mientras tanto, unos 80 residentes ya volvieron a Be’eri, y la mayoría permanece en alojamientos temporales en Hatzerim, también en el Néguev.
La familia Dvori reside actualmente en Hatzerim. Prevén regresar a Be’eri el próximo verano, cuando finalice la construcción de su nueva casa, que se levanta en el kibutz como parte del proceso de reconstrucción comunitaria tras el ataque.
