La Knéset aprobó este lunes por la noche, en segunda y tercera lectura, el proyecto de ley que habilita la pena de muerte para terroristas y modifica su aplicación tanto dentro de la Línea Verde como en Judea y Samaria.
El primer ministro Benjamin Netanyahu votó a favor de la iniciativa junto con los diputados de la facción Yisrael Beytenu. En contra se pronunciaron el diputado Benny Gantz y miembros de la facción Degel Hatorah. El presidente de Noam, el diputado Avi Maoz, no estuvo presente en la votación.
La propuesta convierte la pena de muerte, hasta ahora prevista en la legislación israelí como una posibilidad excepcional, en una herramienta de castigo aplicable. El texto establece además una diferenciación territorial. En Judea y Samaria, la pena capital pasará a ser la “opción por defecto” en casos de asesinato cometido en circunstancias terroristas. En esos procesos ya no será necesario el consentimiento unánime de los jueces, como ocurre en la situación actual, y tampoco existirá posibilidad de indulto o conmutación por parte del comandante en jefe.
Dentro de la Línea Verde, el tribunal solo podrá imponer la pena de muerte o cadena perpetua a quien cause intencionalmente la muerte de una persona con el objetivo de dañar al Estado.
La ley también dispone que el ministro de Defensa, podrá decidir si un terrorista de Judea y Samaria será juzgado por un tribunal militar o civil. Quien sea condenado a muerte será recluido en un ala separada de la prisión, y la ejecución deberá realizarse dentro de los 90 días posteriores a una apelación automática.
Durante la discusión preliminar, el presidente del Comité de Seguridad Nacional, el diputado Zvika Fogel, defendió la medida como un instrumento necesario en el contexto de la guerra actual. “El Estado de Israel enfrenta un mal y un odio sin precedentes”, afirmó.
“Nuestros enemigos no buscan una frontera, un compromiso o un futuro compartido, sino destruir, dañar, sembrar miedo aquí y socavar nuestra propia existencia aquí”, continuó Fogel. “Ante esta realidad, nuestra responsabilidad es clara: proteger a los ciudadanos de Israel. No con palabras ni esperanzas, sino con hechos. Esta ley no es una ley de venganza o ira, sino de la responsabilidad de un Estado hacia sus ciudadanos, de un liderazgo hacia la vida humana”.
Fogel agregó: “La realidad ha cambiado y, para mi satisfacción, también ha cambiado la percepción de seguridad de los altos funcionarios de seguridad, especialmente después de que nos separamos de aquellos que defendían el concepto y ahora todos apoyan la necesidad de avanzar en la propuesta, incluso si tenían comentarios sobre sus detalles. Después de decenas de discusiones, la mayoría profundas y serias, se formuló aquí una propuesta equilibrada que entiende la complejidad de la realidad, pero tampoco la niega”.
También sostuvo que “la opción existente de pena de muerte en la ley israelí no se ha aplicado desde el juicio de Eichmann” y añadió: “Este proyecto de ley añade una capa significativa al muro de defensa que estamos obligados a construir, especialmente desde aquel Sábado Negro. No somos sedientos de sangre ni buscamos matar, somos un pueblo que santifica la vida y precisamente por eso no podemos permitirnos abandonar la vida. Esta ley es parte de un conjunto de cambios y otra capa en el camino hacia la victoria en la Guerra del Renacimiento y la lucha por nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos”.
Desde la oposición, el diputado Gilad Kariv criticó con dureza la aprobación y sostuvo que se trata de una ley “inmoral, no judía y antidemocrática”.
Según la legislación vigente, los tribunales militares ya cuentan con una cláusula que permite la pena de muerte, aunque bajo la condición del consentimiento unánime de los jueces, y su ejecución se realizaría por pelotón de fusilamiento.
La pena capital figura además en el código legal israelí para delitos de traición, guerra y ayuda al enemigo, pero el sistema judicial se ha abstenido de aplicarla durante décadas. Desde la creación del Estado, solo una persona fue ejecutada en virtud de una sentencia civil: el criminal de guerra nazi Adolf Eichmann, en junio de 1962.
