El ministro de Defensa israelí Israel Katz, fijó un ultimátum político y operativo en una ceremonia de traspaso de mando del jefe del COGAT en la base Gideonim, en el centro de Israel.
Katz afirmó que el objetivo inmediato es recuperar a todos los rehenes y agregó una condición posterior: Israel, dijo, “está decidido” a completar el desarme de Hamás y la “desmilitarización total” de Gaza. Katz enlazó esa hoja de ruta con un “marco acordado” y advirtió que Israel “desmantelará” al grupo y “eliminará todas sus capacidades” si Hamás no acepta deponer las armas.
La ceremonia formalizó el relevo de Ghassan Alian, que cerró casi cinco años al frente del Coordinador de Actividades Gubernamentales en los Territorios, por Yoram Halevi, un exalto mando policial ascendido a mayor general para asumir el cargo. El cambio quebró una pauta institucional: el puesto suele recaer en generales de carrera dentro de las Fuerzas de Defensa de Israel, y Halevi llegó desde una trayectoria civil de seguridad interna.
Katz e integrantes del Estado Mayor situaron el relevo en el trabajo de enlace con la Autoridad Palestina y con la Franja, un circuito que combina coordinación civil, gestión de accesos y articulación con actores humanitarios, y que define qué entra, por dónde entra y bajo qué reglas.
Katz formuló la amenaza en el marco de un alto el fuego que arrancó en octubre de 2025 y que el texto del acuerdo vinculó a una retirada parcial israelí y a un intercambio de rehenes por presos palestinos. El documento que Reuters describió fijó una línea de repliegue que dejó a las fuerzas israelíes en control de aproximadamente la mitad de la Franja y estableció, dentro de las 72 horas posteriores al redespliegue, la entrega de 48 rehenes, incluidos 20 que Israel consideraba con vida en ese momento. El mismo paquete incorporó excarcelaciones y un aumento de ayuda, mientras la implementación arrastró fricciones por plazos, restos mortales y seguridad en terreno.
La referencia al “marco acordado” remitió a la segunda fase del plan diplomático que Washington impulsó tras la tregua. Reuters consignó que el esquema exige que Hamás pierda cualquier rol de gobierno en Gaza y entregue su armamento a cambio de una retirada completa israelí y de una reconstrucción bajo supervisión internacional, con una autoridad transitoria y una fuerza de estabilización autorizadas por una resolución del Consejo de Seguridad.
La delegación estadounidense ante la ONU añadió, en enero, la idea de un programa de recompra internacional de armas y de monitores para supervisar la destrucción de infraestructura militar. Reuters también informó, el 4 de febrero, que los potenciales donantes retienen compromisos financieros por el estancamiento del desarme y por el desacuerdo sobre quién administrará los fondos.
La advertencia de Katz apuntó a un problema técnico que condiciona el diseño posterior. Reuters describió que Hamás conserva cohetes, que varios diplomáticos y fuentes de inteligencia occidentales estimaron en “cientos”, además de miles de armas ligeras, y que el grupo mantiene capacidad de policía y control en una franja costera donde se concentra la población.
Ese inventario volvió operativa la disyuntiva que Katz explicitó en público: un desarme administrado, con inspección y desmantelamiento de infraestructura, o una campaña israelí para “eliminar capacidades” que exigiría inteligencia, incautación de arsenales, control de fronteras y un régimen estricto de entradas y movimientos.
El relevo en el COGAT quedó insertado en ese engranaje, porque el organismo gestiona la interfaz cotidiana con Gaza cuando el plan internacional ata la reconstrucción al desarme y cuando Israel declara que prepara la alternativa coercitiva.
