El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, iniciará el martes 10 de febrero una visita oficial a Washington para reunirse el miércoles 11 con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en una cita que ambos gobiernos vinculan con el curso de las conversaciones estadounidenses con Irán sobre su programa nuclear.
La oficina de Netanyahu formalizó la salida en un comunicado en el que fijó el inicio del viaje para el martes y confirmó que el encuentro con Trump tendrá lugar al día siguiente en la Casa Blanca. La agenda ganó urgencia después de que Washington y Teherán celebraran el viernes 6 de febrero contactos indirectos en Mascate, capital de Omán, con el compromiso de explorar nuevas rondas en el corto plazo.
Netanyahu trasladará a Washington una exigencia que su entorno ya formuló por escrito: “The Prime Minister believes any negotiations must include limitations on ballistic missiles and a halting of the support for the Iranian axis”. La frase resume el punto de fricción central que Israel plantea ante cualquier entendimiento con Teherán: añadir límites al componente misilístico y a la proyección regional de Irán más allá del expediente nuclear.
La reunión también encaja en una reprogramación que acortó plazos. Netanyahu y Trump habían barajado un encuentro para el 18 de febrero, pero la Casa Blanca y la oficina del primer ministro israelí adelantaron la cita en el contexto del nuevo intento diplomático con Irán. La reanudación de contactos en Omán devolvió a primer plano las discrepancias sobre el alcance de un eventual acuerdo, con Teherán concentrado en el capítulo nuclear y con Israel presionando para ampliar el perímetro de compromisos.
El viaje ocurre, además, bajo un telón de fondo militar reciente que condiciona la negociación. En junio del año pasado, Estados Unidos participó en una campaña con Israel contra instalaciones vinculadas al enriquecimiento de uranio y otros objetivos del programa nuclear iraní; Irán respondió con un ataque con misiles contra una base estadounidense en Qatar. Desde entonces, Washington y Jerusalén han reiterado la advertencia de nuevas acciones si Irán acelera el enriquecimiento o avanza en capacidades balísticas, mientras varios gobiernos de la región han señalado el riesgo de una escalada que afecte al Golfo y a la seguridad energética.
