Las Fuerzas de Defensa de Israel informaron que su Fuerza Aérea atacó más de 200 objetivos en el oeste y el centro de Irán durante las últimas 24 horas, en una ofensiva que incluyó “docenas” de lanzamisiles balísticos y posiciones que, según el parte militar, estaban armadas y listas para disparar contra territorio israelí.
El ejército israelí presentó la operación como parte de una campaña destinada a degradar la capacidad iraní de lanzamiento inmediato. En el mismo reporte, señaló que también golpeó sistemas de defensa antiaérea e infraestructuras vinculadas al empleo de misiles, entre ellas bases de lanzamiento y emplazamientos usados para almacenar armamento.
Israel añadió que sus aeronaves atacaron instalaciones relacionadas con la producción de armas en la zona occidental y central de Irán. Según el comunicado, en la operación participaron decenas de aparatos con apoyo de inteligencia para seleccionar blancos de alta prioridad operativa.

El ejército subrayó que una parte importante de los bombardeos se concentró en lanzamisiles, con el objetivo de limitar la capacidad de respuesta iraní y contener el volumen de disparos sobre Israel. En ese marco, sostuvo que apuntó a lanzadores móviles y a medios de apoyo asociados a la preparación y ejecución de salvas, “para reducir en la medida de lo posible el alcance del fuego hacia el territorio israelí”.
Los anuncios se conocieron mientras el enfrentamiento entre Israel y Estados Unidos con Irán entró en su tercera semana, con intercambio de ataques aéreos, misiles y drones que elevó la presión sobre la infraestructura militar y energética de la región.
En las últimas horas, Irán extendió sus advertencias al entorno del Golfo y lanzó amenazas contra activos y puertos considerados críticos para el comercio y el tránsito de hidrocarburos. Ese clima de volatilidad volvió a situar en el centro el riesgo para las rutas marítimas próximas al estrecho de Ormuz.
En paralelo, Washington confirmó ataques propios sobre objetivos militares en la isla de Kharg, un enclave asociado a la salida de crudo iraní. La Casa Blanca enmarcó esos golpes como parte de su respuesta ante la evolución de la guerra.

La secuencia de acciones simultáneas —bombardeos israelíes sobre plataformas de lanzamiento y defensas, junto con operaciones estadounidenses sobre puntos estratégicos— consolidó un escenario de escalada sostenida, con efectos directos sobre la planificación militar iraní y sobre la percepción de seguridad en el Golfo.
Fuentes familiarizadas con la estrategia israelí describieron además una intensificación de operaciones apoyadas en inteligencia humana para golpear nodos de control y seguridad vinculados a la Guardia Revolucionaria. Según esas fuentes, entre los objetivos figura el entramado de puestos de control en la capital, dentro del esfuerzo por desarticular la capacidad de mando, movilidad y respuesta interna.
Israel mantuvo así el foco sobre los medios que permiten a Irán ejecutar ataques de alcance medio y largo, mientras la situación siguió abierta a nuevas rondas de ataques y contraataques en los próximos días.
