Tras el alto el fuego, Israel sostiene ataques y patrullas en territorio libanés, coordina con un mecanismo estadounidense y se alista ante un posible choque con Irán.
Tres círculos operativos sostienen la presión israelí en territorio libanés
Desde la entrada en vigor del alto el fuego, el Comando Norte opera en tres círculos paralelos en Líbano, con intensidad alta y constante. En paralelo, se alista ante un escenario de guerra total en caso de que estalle un conflicto con Irán. El primer círculo incluye ataques aéreos y acciones terrestres que se ejecutan varias veces por semana contra depósitos de armas, talleres, comandancias e infraestructuras militares.
Los blancos pertenecen a Hezbolá y a otras organizaciones terroristas, entre ellas Hamás y Yihad Islámica. Hasta ahora se eliminó a más de 430 terroristas. Entre las operaciones destacadas figura la eliminación de agentes de Hamás en un cuartel en la zona de Sidón. También se atacó a activistas de Yihad Islámica, a quienes se eliminó cuando viajaban desde Damasco hacia Beirut, según la información presentada.
El segundo círculo abarca actividad nocturna rutinaria en el espacio de seguridad, una franja dentro de Líbano donde el Ejército de Defensa de Israel mantiene cinco puestos avanzados frente a Margaliot, Avivim, Metula, Shlomi y Zarit. Casi cada noche se destruyen infraestructuras que podrían servir como puntos de partida para infiltraciones. Además, se realizan rastreos prolongados para localizar depósitos de armas ocultos en zonas boscosas y densas.

El tercer círculo se centra en la neutralización selectiva de figuras clave de la organización, con actividad intensa. En el plano operativo, Israel informó que capturó una infraestructura estratégica de Hezbolá repleta de armamento durante la operación “Flechas del Norte”. De forma complementaria, todas las operaciones se coordinan con un mecanismo estadounidense encabezado por un general de tres estrellas con sede en Beirut, cuyos representantes operan también en el Comando Norte.
Claves operativas del despliegue tras el alto el fuego
- El primer círculo combina ataques aéreos y acciones terrestres varias veces por semana contra infraestructura militar de Hezbolá, Hamás y Yihad Islámica.
- El segundo círculo sostiene actividad nocturna en el espacio de seguridad y destruye puntos potenciales de infiltración, además de rastreos en zonas boscosas.
- El tercer círculo ejecuta neutralizaciones selectivas de figuras clave y registra una actividad intensa en ese ámbito.
- Las operaciones se coordinan mediante un mecanismo estadounidense en Beirut, que actúa como intermediario entre Israel y el Ejército libanés.
Limitaciones del Estado libanés y avance lento del plan “Escudo de la Patria”
El Gobierno libanés condena la actividad israelí y sostiene que obstaculiza el desmantelamiento de Hezbolá y viola la soberanía estatal. Sin embargo, sobre el terreno la situación aparece como más compleja. El Ejército libanés carece de capacidades de inteligencia y operativas para atacar las infraestructuras que el Ejército de Defensa de Israel desmantela. En la práctica, esa actividad impulsa el objetivo que Líbano declara perseguir: el desmantelamiento de Hezbolá.

La operación “Escudo de la Patria”, un plan libanés de cinco etapas para desmantelar la organización, avanza con extrema lentitud. Líbano se mantiene lejos de completar la primera etapa al sur del Litani. Entre los factores citados figuran las dificultades para ingresar en terrenos privados y edificados. También pesa el temor a explosivos, después de que estos ya cobraran vidas de soldados libaneses durante intentos de actuación en el área.
El problema de fondo incluye una coordinación estrecha entre oficiales del Ejército libanés y miembros de Hezbolá. En ese marco aparece la figura del “rabat”, el coordinador, como expresión de la infiltración en la sociedad libanesa y en el propio Ejército. En cada aldea del sur opera un “rabat” que ejerce poder e influencia en la vida cotidiana, coordina la toma de bienes privados y alquila casas y edificios para fines terroristas.
Además adapta cada bien a su propósito militar, desde ocultar armas hasta desplegar infraestructuras operativas, y se mantiene al tanto de detalles sensibles como la disposición de terroristas, ubicaciones de armamento y movimientos de unidades. Su método incluye donaciones, compensaciones y ayuda médica y caritativa que generan dependencia. Quien recibe ayuda sabe que luego deberá retribuir con almacenamiento de cajas, transmisión de información o uso temporal de un bien, con el riesgo de que su casa termine marcada como objetivo.
El “rabat” como enlace local y el giro en las eliminaciones selectivas
Un ejemplo citado ocurrió hace aproximadamente dos meses en la aldea de Yanuh. El Ejército de Defensa de Israel transmitió información de inteligencia al Ejército libanés sobre un depósito de armas. Cuando los oficiales libaneses llegaron, un “rabat” llamado Abu Ali Salameh los retuvo. Organizó una manifestación de mujeres frente al edificio, acordó con los oficiales que se retiraran y, en ese intervalo, sus hombres sacaron cajas sospechosas.

Poco después se eliminó a Salameh. El incidente reforzó una comprensión que maduró en el Comando: los “rabats” constituyen un eslabón crítico que conecta la vida de las aldeas con las infraestructuras terroristas. En los últimos meses se eliminó a diez de ellos. Resulta significativo que al inicio de la operación “Flechas del Norte”, en octubre de 2024, se registró un fenómeno inusual.
Una parte considerable de los “rabats” abandonó las aldeas y huyó hacia el norte. Precisamente quienes construyeron el control de Hezbolá fueron los primeros en desaparecer. Tras el alto el fuego, regresaron y reanudaron su actividad. En paralelo, la presión militar se mantiene y se reporta coordinación con el mecanismo estadounidense, que opera como intermediario debido a que Israel y Líbano no mantienen contacto directo.
En ese marco, el segundo círculo sigue con destrucción casi nocturna de infraestructura potencial para infiltraciones y con rastreos prolongados. El tercer círculo conserva su énfasis en neutralizaciones selectivas de figuras clave. La combinación de estas líneas describe un esquema de presión sostenida que busca degradar capacidades y desarmar infraestructuras, mientras el Estado libanés enfrenta límites operativos y una penetración social que condiciona su margen de maniobra.
Capacidades de Hezbolá tras la guerra y su reconstrucción bajo presión
La guerra dejó a Hezbolá debilitado, aunque no neutralizado. Dos capacidades centrales sufrieron daños graves: el plan de conquista de Galilea, que antes incluía a más de mil terroristas de la fuerza Radwan entrenados para incursiones, conquistas y asesinatos de civiles a lo largo de la frontera, se quebró casi por completo. Además, se destruyó aproximadamente el 80 % de sus capacidades de fuego en cohetes y misiles de largo alcance.

El 20 % restante no resulta insignificante. La organización conserva una reserva de varios miles de cohetes, drones y misiles de largo alcance, suficiente para hostigar a Israel de manera significativa. Durante la operación “Flechas del Norte”, cuando el Ejército de Defensa de Israel actuó dentro de aldeas de contacto en territorio libanés, Hezbolá casi no operó como ejército. Sin embargo, cuando intentó ataques combinados, esos episodios representaron eventos desafiantes y complejos para el Ejército.
Hezbolá logró causar bajas graves mediante el uso de armas avanzadas y de alta calidad que poseía en cantidades enormes. La exposición a ataques organizados se redujo por acciones de preparación anticipada que se ejecutaron durante meses dentro de territorio libanés. Combatientes de unidades especiales asaltaron objetivos estratégicos, los vaciaron de munición y detonaron o inutilizaron infraestructuras destinadas al escenario de incursión de fuerzas israelíes en territorio libanés.
En estos días la organización atraviesa un proceso de reconstrucción prolongado. Desde el fin de los combates se dedicó al aprendizaje, realizó investigaciones internas para localizar espías y efectuó nombramientos para cargos superiores. También debió afrontar la eliminación de su nuevo jefe de Estado Mayor, Ali Tabatabai, hace apenas mes y medio, según la información señalada. En paralelo, evita responder a la actividad israelí, probablemente por el costo que tendría una confrontación directa.
Rutas de suministro, producción local y el dilema ante un choque con Irán
La ruta de contrabando logístico a través de Siria colapsó tras la caída del régimen de Assad, y el nuevo Ejército sirio intercepta intentos de contrabando en repetidas ocasiones. Al mismo tiempo, Israel aclaró a Líbano que vuelos directos desde Irán hacia Beirut conducirán al ataque contra el aeropuerto, y la amenaza se describe como eficaz. Funcionarios iraníes viajan a Beirut mediante escalas en Irak y otros países, no con vuelos directos.

Las transferencias de dinero se volvieron más complejas, pero Irán continúa financiando a la organización y, según estimaciones, transfirió aproximadamente mil millones de dólares en el último año. Como respuesta al bloqueo de la ruta de suministro, Hezbolá pasó a la producción local autónoma, con énfasis en drones que se pueden ensamblar en Líbano después de importar componentes. Sin embargo, esta vía también enfrenta actividad israelí cuando la inteligencia identifica nuevas instalaciones y depósitos.
La evaluación más estricta en el Comando Norte sostiene que si estalla una campaña israelí contra Irán, Hezbolá se unirá por su compromiso religioso, ideológico y económico con Teherán, aunque el texto plantea que no es seguro. La organización enfrenta un dilema interno: participar podría provocar un daño mortal a sus capacidades y despertar una nueva ola de odio de residentes de Líbano que sufrirán las consecuencias. Para reducir el riesgo, Israel transmitió a Líbano un mensaje firme sobre la mira a instalaciones civiles si Hezbolá interviene.
El Ejército de Defensa de Israel se prepara para ambos escenarios, tanto en planes defensivos como ofensivos. En el antecedente citado de la operación “Con Garra de León”, una guerra de 12 días en la que Israel bombardeó instalaciones nucleares iraníes, Hezbolá optó por no unirse y se limitó a una demostración de solidaridad frente a la embajada iraní. Con ese telón de fondo, el foco operativo se mantiene en el terreno libanés, mientras la mirada del Comando Norte se proyecta hacia el horizonte iraní.
El frente sirio tras Assad y la libertad de acción israelí en el espacio aéreo
Tras la caída del régimen de Assad, el Ejército de Defensa de Israel inició la operación “Medio Bashán”. En 48 horas se destruyeron capacidades del antiguo Ejército sirio, incluidos buques de la armada, aviones de combate, sistemas de defensa antiaérea y armas estratégicas. Fuerzas terrestres ingresaron a Siria y conquistaron una franja de separación en el Golán, a partir de la comprensión de que el acuerdo firmado tras la Guerra de Yom Kipur ya no resulta válido.
Uno de los logros destacados es que la Fuerza Aérea israelí mantiene libertad total de acción en los cielos de Siria. Entre otras implicancias, esto permite un corredor abierto para ataques contra Irán. Esto ocurre pese a la retirada de fuerzas estadounidenses de bases en Siria y a la rendición de los kurdos, que fueron sus aliados. La entrada turca a Siria ocupa a los profesionales en Israel, pero aún no amenaza esa libertad de acción, según el relato.

Se plantea además que el propio Ahmed Al-Shara aspira a expulsar elementos extranjeros y que no está claro que conceda a Erdogan la aspiración de establecer bases significativas en la frontera con Israel. Respecto al nuevo presidente sirio, Israel adopta una desconfianza clara. A pesar de su presentación pública como líder moderado, Israel no olvida su origen en Al-Qaeda ni su pasado como comandante de una milicia yihadista, y no se observa progreso sustancial en conversaciones entre Israel y Siria.
Al-Shara continúa consolidando su control en el país. Tras aprender una lección por la ira ante la masacre de alauitas en la zona costera, cambió de táctica frente a los kurdos y recurrió a tribus beduinas que vivían bajo dominio kurdo, a quienes convenció de rebelarse. Los kurdos retrocedieron más allá del Éufrates y volaron puentes, pero terminaron en una rendición y en un acuerdo para integrar a los kurdos armados en el nuevo Ejército sirio.
Reacomodos regionales, prisioneros de ISIS y foco israelí en el norte
En este contexto, el Comando Central estadounidense transfirió a unos 6.000 prisioneros de ISIS que custodiaban los kurdos hacia instalaciones de detención en Irak. Estados Unidos definió la acción como necesaria por el cambio en el balance de fuerzas sobre el terreno. La dinámica en Siria se conecta con la libertad de acción aérea israelí y con un entorno regional que se reconfigura tras la caída de Assad, con presencia turca y con la integración forzada de fuerzas kurdas.
A la luz de estos cambios, la actividad militar israelí en el norte continúa con foco en el terreno libanés y con coordinación a través del mecanismo estadounidense en Beirut. En paralelo, el Comando Norte mantiene la presión sobre infraestructuras y figuras clave, mientras sigue el proceso de reconstrucción de Hezbolá y su adaptación hacia producción local. El dilema sobre una eventual campaña contra Irán permanece abierto, con preparación israelí para escenarios defensivos y ofensivos.

El cuadro descrito combina un despliegue sostenido en Líbano, limitaciones estructurales del Estado libanés y una penetración social atribuida a Hezbolá a través de coordinadores locales. Al mismo tiempo, el cierre de rutas de suministro y las advertencias sobre el aeropuerto de Beirut moldean los márgenes logísticos. En este panorama, Israel proyecta su planificación hacia un horizonte regional en el que Siria cambia de manos y la relación entre Teherán y sus aliados define riesgos inmediatos.
Con ese telón de fondo, el Comando Norte conserva tres círculos operativos paralelos y mantiene una intensidad que se describe como constante. La coordinación indirecta con el Ejército libanés, el énfasis en impedir infiltraciones y la neutralización selectiva de figuras clave buscan traducir presión táctica en degradación sostenida. Sin dejar de mirar el terreno, el mando también orienta su atención hacia el posible impacto de una escalada con Irán.
