Ante una tensión de seguridad y preparaciones operativas sensibles, la Fuerza Aérea transmitió recientemente una directiva excepcional a los soldados que prestan servicio en la Kirya de Tel Aviv: eviten solicitar entregas de comida directamente al interior de la base. En cambio, los soldados recibieron la instrucción de acordar con el repartidor un punto de encuentro fuera de las puertas del campamento.
La razón no es culinaria, sino de inteligencia. Las autoridades de seguridad temen que un volumen elevado de pedidos en determinadas horas nocturnas revele una presencia inusual de personal y sirva como indicio de preparativos para una acción operativa. En una era donde cada dato se registra y se mide, incluso la carga de pedidos en aplicaciones de reparto puede constituir una señal para quienes buscan indicios tempranos de actividad militar.
Este fenómeno se conoce bien en Estados Unidos con el nombre de “índice de la pizza”. Según la teoría consolidada, un aumento inusual en los pedidos de comida para llevar cerca del Pentágono puede indicar una noche extensa de debates y preparativos previos a una maniobra militar de importancia.
Los orígenes de la idea se remontan a finales de los años ochenta y principios de los noventa, cuando se registró un incremento pronunciado en los pedidos de pizza antes de operaciones militares estadounidenses como la invasión de Panamá y la Operación Tormenta del Desierto.
En los últimos años han surgido en las redes sociales cuentas que vigilan la actividad de restaurantes próximos a centros de gobierno y seguridad, con el fin de detectar patrones anómalos en tiempo real.
Las Fuerzas de Defensa de Israel no ofrecen detalles adicionales sobre el contexto operativo. En un mundo donde la información civil se encuentra disponible para análisis casi inmediato, incluso una entrega de pizza puede integrarse en el panorama de inteligencia.
