Las FDI aseguran que trabajan para disminuir el uso de fuerzas de reserva superfluas, después de que el gobierno ordenó al ejército limitar la cantidad de reservistas que prestarán servicio este año. Al mismo tiempo, prometieron que la reducción no afectará los beneficios concedidos a quienes se presentan al servicio.
En el momento más intenso de la guerra, las FDI movilizaron a cerca de 300.000 reservistas, y antes se había planificado convocar a unos 60.000 durante 2026 para tareas rutinarias. En diciembre, el ministro de Defensa, Israel Katz, y el de Finanzas, Bezalel Smotrich, pactaron en el presupuesto estatal bajar a 40.000 los reservistas en servicio por día de 2026.
El gobierno sostiene que esa decisión permitirá ahorrar miles de millones de shéquels. En ese marco, las FDI señalan que eliminan funciones que consideran prescindibles, entre ellas el uso de reservistas a tiempo completo para reforzar escuadras de defensa civil en comunidades fronterizas, además de determinados puestos dentro del cuartel general.
El ejército también informó que reducirá los días de servicio exigidos bajo órdenes rutinarias de llamada, que no son de emergencia, de 72 a 55. Además, pondrá fin a varias prácticas que se volvieron habituales desde el inicio de la guerra el 7 de octubre de 2023.
A la vez, las FDI sostienen que mantendrán intactos los beneficios otorgados a quienes cumplen períodos prolongados. Varios beneficios se concederán ahora tras 45 días de servicio de reserva, medida que, según el ejército, busca desalentar que los reservistas sigan sirviendo sin necesidad más allá de ese umbral, en lugar de volver a sus trabajos civiles.
Durante la guerra, las oleadas frecuentes y extensas de convocatorias a la reserva generaron críticas del Ministerio de Finanzas, que señaló ineficiencias y un despilfarro amplio de fondos dentro de las FDI. En respuesta, el ejército plantea nuevos límites para contener el uso de reservistas que considera superfluos.
Con ese objetivo, las FDI afirman que prohibirán a las unidades reclutar reservistas mediante anuncios en redes sociales, una práctica que se extendió durante la guerra. En muchos casos, reservistas que terminaban su servicio en una unidad pasaban a otra para continuar prestando servicio.
De acuerdo con las nuevas directrices, la incorporación de reservistas solo podrá realizarse a través de un sitio web militar oficial. El ejército presenta esta decisión como una forma de impedir transferencias entre unidades sin supervisión.
Otra práctica que el ejército dice que dejará atrás es el llamado “servicio híbrido”, en el que los reservistas cumplen su deber militar mientras siguen trabajando en sus empleos civiles. En ocasiones, se aplicaba un esquema de una semana sí y una semana no.
Más allá del impacto económico, las FDI sostienen que ese arreglo de una semana sí y una semana no dañó la cohesión de las unidades de combate, porque algunos soldados nunca llegan a servir junto a quienes, en teoría, deben ser sus compañeros.
El costo directo de la guerra se estimó en alrededor de 220.000 millones de NIS ($67.000 millones). De ese total, aproximadamente 50–70 mil millones de NIS se destinaron a financiar la movilización de cientos de miles de reservistas durante períodos prolongados.
