Washington responsabilizó al gobierno libanés por no contener a grupos terroristas tras un bombardeo israelí en Dahiyeh que tensó el frágil alto el fuego.
Washington reclama acción inmediata del gobierno libanés
El Departamento de Estado de EE. UU. expresó el viernes 28 de marzo de 2025 su expectativa de que el gobierno libanés desarme a Hezbolá y a otros grupos terroristas activos en el país. La declaración se dio tras el primer ataque aéreo israelí contra los suburbios del sur de Beirut desde el inicio del alto el fuego en noviembre de 2024, marcando un momento crítico en la estabilidad de la región.
El bombardeo tuvo como objetivo un edificio en Dahiyeh, área de influencia de Hezbolá, en represalia por el lanzamiento de cohetes desde territorio libanés hacia el norte de Israel. El portavoz del Departamento de Estado defendió la acción de Israel como una respuesta legítima, pero reiteró que corresponde a Beirut garantizar el desmantelamiento de las capacidades militares de los grupos terroristas.
Según la declaración oficial: “Esperamos que las Fuerzas Armadas libanesas desarmen a estos terroristas para evitar nuevas hostilidades”. Este llamado refuerza la posición de EE. UU. sobre la necesidad de consolidar el alto el fuego con acciones concretas por parte del Estado libanés, especialmente frente al resurgimiento de incidentes armados.
El bombardeo israelí en Dahiyeh se produjo tras el impacto de cohetes en el norte de Israel, reavivando el temor a una ruptura del frágil acuerdo que, aunque vigente, ha sido calificado como inestable por múltiples actores internacionales.
Israel apunta a Hezbolá mientras EE. UU. exige responsabilidades
El ejército israelí afirmó que el edificio atacado funcionaba como un depósito de drones perteneciente a Hezbolá. Imágenes desde Beirut mostraron columnas de humo y residentes evacuando la zona, mientras se reforzaba la seguridad en otros sectores de la ciudad.
Hezbolá negó cualquier implicación en el lanzamiento de cohetes y reafirmó su adhesión al alto el fuego. A pesar de ello, Israel advirtió que responderá a cualquier ataque proveniente del Líbano, independientemente del autor, reforzando su postura de responsabilidad territorial del Estado libanés.
Detalles clave sobre el ataque y la reacción internacional
- Fecha del ataque: 28 de marzo de 2025.
- Objetivo: instalación de drones de Hezbolá en Dahiyeh.
- Motivo del bombardeo: represalia por cohetes lanzados hacia Israel.
- Declaración de EE. UU.: Líbano debe desarmar a Hezbolá.
- Respuesta de Hezbolá: negó responsabilidad en el ataque con cohetes.
El ejército libanés reportó haber localizado el lugar desde donde se dispararon los cohetes —en las cercanías de Metula— e inició una investigación para identificar a los responsables. Según fuentes de inteligencia, podrían tratarse de facciones palestinas u otros grupos armados ajenos a Hezbolá, lo que pone de manifiesto la dificultad para controlar el sur del país.
La situación subraya la complejidad del entramado de actores no estatales que operan en el sur del Líbano, algunos sin vínculos directos con Hezbolá pero capaces de desencadenar represalias que agravan la guerra regional.
Tregua bajo tensión revela incumplimientos de ambas partes
El alto el fuego acordado en noviembre de 2024 fue resultado de una mediación entre Estados Unidos y Francia, tras 14 meses de enfrentamientos entre Israel y Hezbolá. El pacto preveía la retirada israelí y el despliegue del ejército libanés junto a fuerzas de la ONU (UNIFIL) en el sur del Líbano.
Sin embargo, la implementación ha sido parcial. Israel retrasó su retirada y mantiene presencia en cinco puntos estratégicos, alegando que Hezbolá no ha eliminado su infraestructura militar. Por su parte, el grupo y el gobierno libanés acusan a Israel de incumplir el acuerdo mediante centenares de incursiones aéreas.
Este entorno de desconfianza mutua ha impedido que el alto el fuego se consolide plenamente, con acusaciones cruzadas y acciones militares que han impedido una normalización efectiva de la frontera sur.
La violación recurrente de los términos acordados, tanto por Israel como por Hezbolá, ha llevado a que el pacto se mantenga en pie más por inercia que por voluntad efectiva de las partes, dejando al Líbano atrapado en una situación precaria.
El desarme de Hezbolá enfrenta obstáculos políticos y estructurales
Para Estados Unidos, desmantelar militar y políticamente a Hezbolá es una condición esencial para garantizar la estabilidad. La administración Trump, instalada en enero de 2025, ha adoptado una línea dura, intensificando la presión sobre el gobierno libanés y celebrando la supuesta derrota militar del grupo en la guerra de 2024.
Durante ese conflicto, Hezbolá perdió a su líder histórico, Sayyed Hassan Nasrallah, junto a miles de combatientes y parte de su arsenal. A pesar del golpe, conserva apoyo dentro de la comunidad chií y mantiene influencia parlamentaria, lo que convierte su desarme en un reto más político que militar.
El ejército libanés, aunque cuenta con unos 80.000 efectivos, está mal financiado y dispone de menos recursos que Hezbolá en su momento de mayor capacidad. Además, el país atraviesa una crisis económica severa, con una reconstrucción valorada en 11.000 millones de dólares que depende de ayuda externa condicionada a reformas estructurales.
En este contexto, el desarme de Hezbolá enfrenta una doble barrera: la insuficiencia militar del Estado y la dependencia económica del extranjero, que impide avanzar sin apoyo firme y sostenido de los aliados internacionales.
Respuesta internacional divergente profundiza el dilema libanés
La reacción internacional al ataque del viernes mostró divergencias en los enfoques. Francia, que coauspició el acuerdo, calificó el bombardeo israelí como una violación del alto el fuego y criticó su efecto desestabilizador. El presidente Emmanuel Macron instó a Israel a permitir el despliegue total del ejército libanés en el sur del país.
En contraste, Estados Unidos mantuvo su respaldo a Israel, justificando la acción como una respuesta legítima a ataques con cohetes. Esta posición, alineada con los intereses de Jerusalén, indica que cualquier escalada futura podría contar con el aval implícito de Washington.
Hezbolá, debilitado pero aún presente, enfrenta ahora la disyuntiva de responder o preservar la tregua. Un contraataque podría justificar una nueva ofensiva israelí, mientras que la inacción podría erosionar su imagen de resistencia frente a sus bases sociales.
Para el Líbano, la situación actual representa una encrucijada. Desarmar a Hezbolá conforme a las exigencias de EE. UU. y aliados occidentales implicaría una reestructuración profunda del equilibrio interno, que amenaza con desatar nuevas tensiones si no es acompañada de apoyo financiero, político y militar sostenido.