Durante la tercera ronda de contactos indirectos celebrada en Ginebra, Estados Unidos planteó como condición para negociar un nuevo acuerdo nuclear con Irán el desmantelamiento de sus tres instalaciones más relevantes —Fordo, Natanz e Isfahán— y el envío a territorio estadounidense del uranio enriquecido que aún conserve. Además, Washington propuso un pacto sin fecha de caducidad, con el objetivo de evitar los límites temporales incluidos en acuerdos anteriores.
La sesión tuvo lugar en la residencia diplomática de Omán en Ginebra, con el ministro omaní Badr al-Busaidi como intermediario entre el equipo estadounidense encabezado por Steve Witkoff y Jared Kushner y la delegación iraní liderada por el canciller Abbas Araqchi. Poco después del inicio, Al-Busaidi anunció un receso y escribió en la red social X: “Hemos estado intercambiando ideas creativas y positivas en Ginebra hoy, y ahora los negociadores de EE. UU. e Irán han hecho un receso. Reanudaremos más tarde hoy. Esperamos avanzar más”.

Antes de esta ronda, Witkoff ya había expuesto el criterio no negociable de Washington con términos operativos: “Nada de enriquecimiento. Eso implica desmantelamiento, nada de armamento”, con una referencia explícita a Natanz, Fordo e Isfahán como instalaciones que, según esa posición, deben quedar fuera del programa nuclear iraní. De forma paralela, Estados Unidos exigió que Teherán renuncie a su reserva de uranio altamente enriquecido, un punto que forma parte de la discusión sobre control, verificación y destino del material.
En respuesta, Irán mantuvo una posición pública centrada en conservar capacidad de enriquecimiento bajo su soberanía y en obtener alivio de sanciones. Araqchi afirmó en mayo de 2025 que “el enriquecimiento de uranio de Irán debe continuar, aunque su alcance y nivel pueden cambiar”, y rechazó concesiones sobre ese principio. Al mismo tiempo, un alto funcionario iraní describió un paquete de posibles medidas: enviar al extranjero la mitad del uranio más enriquecido, diluir el resto y evaluar un consorcio regional de enriquecimiento, a cambio del reconocimiento del derecho iraní al enriquecimiento con fines pacíficos y de un calendario de levantamiento de sanciones.

El principal asunto técnico se relaciona con el material acumulado antes de los bombardeos de junio de 2025. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) estimó el año pasado una reserva superior a 440 kilos de uranio enriquecido hasta el 60%, un nivel cercano al 90% que se asocia con usos militares; con un enriquecimiento adicional, ese inventario podía equivaler a material suficiente para alrededor de diez armas. La agencia no logró verificar qué porción de esa reserva permanece disponible tras los ataques, ni pudo inspeccionar las tres instalaciones alcanzadas.
Fordo, excavada bajo una montaña, y Natanz concentraron durante años buena parte de las cascadas de centrifugadoras del programa iraní; Isfahán operó como complejo de investigación y conversión de materiales. El acuerdo de 2015 permitió en Fordo actividades limitadas, incluidas tareas vinculadas a isótopos estables, pero el deterioro del marco previo y la escalada militar cambiaron los términos de la negociación, que pasó a centrarse en el cierre de instalaciones, la contabilidad del material y mecanismos de verificación con mayor nivel de acceso.

La ronda en Ginebra se desarrolló con presencia militar estadounidense en Oriente Medio. Washington desplegó activos navales y aéreos para influir en el proceso negociador, mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, calificó el programa de misiles balísticos iraní como “un gran problema” y sostuvo que requiere tratamiento, aunque Teherán intentó limitar el temario a lo nuclear y al alivio de sanciones. En esa situación, el portaaviones USS Gerald R. Ford zarpó desde Creta con rumbo al área.
Al finalizar la jornada, las delegaciones mantuvieron el receso anunciado por Omán y organizaron consultas con sus capitales antes de retomar el intercambio. Ninguna de las partes publicó un texto de negociación ni un cronograma de próximos encuentros, pero la mediación omaní confirmó la continuidad de las conversaciones en la misma sede de Ginebra.
