El Líbano requerirá algún tipo de despliegue internacional tras la salida de la misión de la ONU FPNUL, prevista para finales de 2026, sostuvo el primer ministro Nawaf Salam durante una visita oficial a París realizada el sábado, en la que abordó la situación de seguridad en el sur del país.
Desde marzo de 1978, alrededor de 10.800 funcionarios de Naciones Unidas han vigilado una franja de separación entre Israel y el Líbano. Sin embargo, contarán con un año para abandonar el territorio libanés a partir del 31 de diciembre, conforme a una resolución aprobada en agosto bajo presión de Estados Unidos e Israel.
El mandato de la FPNUL fue ampliado en 2006, tras una guerra de un mes entre Israel y Hezbolá, con el objetivo de autorizar a los cascos azules a asistir al ejército libanés en el control del sur y evitar la presencia de armas o combatientes ajenos al Estado libanés.
Israel ha mantenido durante años que la misión no cumplió su cometido, al considerar que hizo poco para frenar el fortalecimiento de Hezbolá cerca de la frontera israelí a lo largo de décadas. En octubre de 2023, afirmó que el grupo terrorista estuvo próximo a lanzar una invasión masiva del norte de Israel.
“Siempre necesitaremos una presencia internacional en el sur, y preferiblemente una presencia de la ONU, dada la imparcialidad y neutralidad que solo la ONU puede proporcionar”, declaró Salam un día después de reunirse con el presidente francés Emmanuel Macron.
Según el primer ministro, dicha fuerza debería integrar observadores junto con contingentes de mantenimiento de la paz, en gran medida por una “historia de hostilidad” persistente con Israel, que condiciona la estabilidad en la zona fronteriza meridional del país.

Actualmente, observadores de la ONU operan en el sur del Líbano en coordinación con el ejército libanés, como parte de un alto el fuego entre Israel y el Hezbolá chií respaldado por Irán, vigente desde noviembre de 2024.
Aunque estaba previsto que Israel retirara completamente sus tropas del sur libanés, ha mantenido efectivos en cinco áreas que considera de valor estratégico para su seguridad nacional, según han señalado autoridades israelíes en distintas ocasiones.
Israel ejecuta además ataques aéreos de forma regular en territorio libanés contra lo que describe como posiciones e integrantes de Hezbolá, a quienes acusa de rearmarse pese a los compromisos asumidos en el marco del alto el fuego.
Consultado sobre el compromiso de desarme de Hezbolá, Salam indicó que la segunda fase del proceso comenzó “hace dos semanas”, tras avances iniciales que, según el gobierno libanés, permitieron cumplir la primera etapa del plan acordado.
El ejército libanés sostiene haber completado esa primera fase, centrada en el desarme de Hezbolá al sur del río Litani. Israel calificó esos avances como “alentadores”, aunque los consideró insuficientes para garantizar su seguridad.
La segunda fase contempla el desarme entre los ríos Litani y Awali, una región más septentrional donde Hezbolá mantiene una influencia considerable. “Puedo ver claramente que la fase dos tiene requisitos diferentes a los de la fase uno”, afirmó Salam, quien señaló que la retórica del grupo fue “bastante dura”.
“Pero que quede claro, no vamos a dar marcha atrás”, concluyó el primer ministro libanés al referirse a la continuidad del proceso.
