El sismo del 28 de marzo dejó un saldo devastador en Myanmar, con más de 3.300 muertos según cifras actualizadas difundidas por medios estatales. El número exacto asciende a 3.354 víctimas fatales, 4.508 heridos y 220 personas desaparecidas.
Las consecuencias del terremoto afectaron todo el territorio. Edificios colapsados y carreteras destruidas marcaron el paisaje en múltiples regiones del país, que todavía lucha por atender a los damnificados y reconstruir servicios básicos.
Aún transcurridos más de siete días desde la catástrofe, miles de familias permanecen sin techo. Algunas han perdido sus viviendas por completo, otras optan por no regresar a sus hogares ante el temor de que colapsen por los daños estructurales.
Un reporte de la ONU calcula que la cifra de personas afectadas podría superar los tres millones. Esta tragedia llega en un contexto ya marcado por el sufrimiento, tras cuatro años de guerra civil que debilitaron gravemente la capacidad de respuesta de las autoridades.
Tom Fletcher, jefe de ayuda de la ONU, visitó a los sobrevivientes en Mandalay, una de las zonas más afectadas y cercana al epicentro del sismo. La ciudad presenta una destrucción generalizada que ha paralizado su funcionamiento.
“La destrucción es asombrosa”, expresó Fletcher en la red social X. Concluyó su mensaje con un llamado directo a la comunidad internacional: “El mundo debe apoyar al pueblo de Myanmar”.