Una jornada y media antes de la reunión que tendrá lugar mañana (jueves) en Ginebra, los estadounidenses recibieron un nuevo documento de posición de Irán. En ese documento, los enviados Steve Witkoff y Jared Kushner esperaban observar flexibilidad iraní en el enriquecimiento de uranio y en los temas restantes.
Sin embargo, fuentes diplomáticas familiarizadas con las negociaciones indicaron que la posición presentada resultó casi idéntica a la propuesta iraní de la reunión anterior. El nuevo documento expresó disposición iraní a mayor supervisión internacional sobre las instalaciones nucleares, pero cero flexibilidad ante la exigencia estadounidense de cese total del enriquecimiento de uranio en suelo iraní.
Este es el contexto de la declaración del presidente Trump en su discurso ante el Congreso sobre las “palabras mágicas” que exige a los iraníes y que no aparecieron en el documento de posición. Líderes iraníes afirmaron que su país nunca buscó fabricar un arma nuclear y que no lo deseará.
Los estadounidenses saben perfectamente que se trata de una mentira. Las evidencias de inteligencia demostraron que Irán avanzaba a toda velocidad hacia una bomba nuclear, sufrió un ligero retraso con el acuerdo de 2015 y retomó la aceleración tras su derrumbe.
Trump calificó en una de las conversaciones a la dirigencia iraní como “bluffera” y como aquella que no comprende lo que le sobrevendrá si persiste en su obstinación.
Un hecho que evidencia la falta de confianza estadounidense en los iraníes es la programación de una reunión de Witkoff y Kushner en la guerra paralelo entre Ucrania y Rusia. Ello indica que no destinan al diálogo con Irán todos los recursos necesarios para unas negociaciones serias.
La Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA), involucrada en las conversaciones, tampoco demuestra confianza en ellas. Esta ausencia de confianza se nota en la falta de preparativos técnicos y en la no entrega de documentos de posición por parte del organismo.
En este marco, un alto funcionario israelí de seguridad estima que un ataque estadounidense de envergadura generará con elevada probabilidad un proceso que concluirá con la caída del régimen.
Según sus palabras, pese al esfuerzo del régimen por proyectar poderío, este es militarmente débil y un golpe estadounidense paralizará la mayoría de las capacidades iraníes. Además, una ofensiva semejante movilizará a amplios sectores del pueblo iraní en favor del cambio de régimen.
