Mientras el mundo espera con ansiedad, las conversaciones en Ginebra entraron en una pausa dramática. La agencia de noticias iraní Tasnim informó que los equipos de negociación de Washington y Teherán salieron a consultas. Paralelamente, la red libanesa Al Mayadeen, afiliada al grupo terrorista Hezbolá, se apresuró a anunciar que las conversaciones concluyeron y que “la atmósfera fue positiva”. La brecha entre las versiones demuestra cuán frágil resulta el terreno.
Detrás de las puertas cerradas se colocaron sobre la mesa exigencias estadounidenses excepcionales en su alcance. Según el Wall Street Journal, los representantes estadounidenses aclararon que Irán debe desmantelar por completo sus tres instalaciones nucleares centrales en Fordo, Natanz e Isfahán, y transferir a Estados Unidos todo el uranio enriquecido en su poder. No menos dramática resulta la exigencia de que el acuerdo sea permanente y sin fecha de caducidad, en contraste con el acuerdo firmado en la época de la administración Obama y del cual se retiró el presidente Trump, al tiempo que se reimponen sanciones severas.

La línea dura llega pocos días después de que Trump advirtiera en el discurso sobre el estado de la Unión que Irán continúa aspirando a un arma nuclear y al desarrollo de misiles balísticos capaces de alcanzar a Estados Unidos. En Teherán lo niegan, pero en Washington insisten en que el reloj corre.
En el trasfondo de las negociaciones flota también una opción militar real. Trump amenazó con acción si no se alcanza un acuerdo, y en la región ya se concentraron dos portaaviones, aviones de combate avanzados, destructores y sistemas de defensa contra misiles. Irán, por su parte, advirtió que cualquier ataque, incluso limitado, se considerará de su parte como el inicio de una confrontación total.
“Quizás esta sea la última oportunidad para lograr un acuerdo”, declaró Saeed Golkar, experto en el ejército iraní. “Si esto fracasa, Estados Unidos resolverá por medios militares lo que no logró resolver mediante la diplomacia”.
Teherán intenta mostrar una flexibilidad parcial. Entre las propuestas que surgieron, la reducción del nivel de enriquecimiento del 60 por ciento al 1,5 por ciento solamente, la suspensión del enriquecimiento por varios años o la activación de un consorcio árabe-iraní para el procesamiento del material. En cambio, Estados Unidos exige cero enriquecimiento, aunque quizás acepte una actividad muy limitada para necesidades médicas.

También el tema de las sanciones amenaza con hacer estallar las conversaciones. Washington ofrece alivios mínimos y graduales, mientras que Irán exige un alivio significativo para su economía, que sufrió graves daños y provocó una ola de protestas a principios de año. En Estados Unidos resaltan que cualquier alivio amplio llegará solo después de un período prolongado de cumplimiento total de las condiciones.
Junto al nuclear, el tema de los misiles balísticos se convierte en un obstáculo central. El secretario de Estado Marco Rubio afirmó que la insistencia iraní en no discutir los misiles representa “un problema muy grande”. Según evaluaciones estadounidenses, Irán dispersa sitios de lanzamiento para dificultar un ataque futuro.
En el Wall Street Journal y en el New York Times señalan que la estrategia estadounidense combina presión militar y diplomática. Trump incluso declaró en el pasado que instalaciones nucleares centrales “fueron destruidas”, pero fuentes de inteligencia aclararon que ciertamente no operan en su totalidad, pero tampoco se eliminaron por completo.
En Israel se sigue con ansiedad. La amenaza más inmediata a ojos de las autoridades de seguridad es el arsenal de misiles iraní. Su destrucción afectará la capacidad de respuesta de Teherán contra Israel y contra bases estadounidenses en la región. Comandantes estadounidenses advierten que en caso de confrontación, Irán podría lanzar decenas de misiles hacia objetivos estadounidenses, y las fuerzas de Estados Unidos no cuentan con el sistema de defensa multicapa que existe en Israel.

La evaluación de altos funcionarios anteriores en el sistema de seguridad estadounidense es pesimista. “No es probable que Irán renuncie a su programa nuclear”, dijo una fuente anterior en la comunidad de inteligencia. “Nos acercamos al momento de decisión”.
Ahora, en Ginebra, la pelota aún se encuentra en el campo diplomático. Pero bajo la superficie, todas las partes se preparan para la posibilidad de que el próximo capítulo no se escriba alrededor de la mesa de negociaciones, sino en los cielos de Oriente Medio.
