El 4 de enero de 2026, Trump advirtió un “golpe muy duro” a Irán si continúan muertes en protestas con 16 muertos.
Trump eleva la presión mientras las protestas se extienden en Irán
A bordo del Air Force One, el 4 de enero de 2026, Donald Trump advirtió que Irán “recibirá un golpe muy duro” si las fuerzas de seguridad vuelven a matar manifestantes. Las protestas por la crisis económica entraron en su segunda semana, con reportes de movilizaciones en decenas de ciudades y campus. Grupos de derechos humanos ubicaron al menos 16 muertos hasta esa fecha. La advertencia se enmarcó en un seguimiento estrecho de la evolución del estallido.
Dos días antes, el 2 de enero, Trump escribió que Estados Unidos estaba “preparado” para actuar si Teherán reprimía con violencia a manifestantes pacíficos. Ese mensaje fijó el tono de la postura estadounidense en los primeros días del estallido. La declaración del 4 de enero mantuvo la amenaza explícita desde el avión presidencial. En paralelo, el equipo presidencial vinculó su posición con la evolución del descontento interno en Irán.
El gobierno iraní respondió con mensajes distintos. El presidente Masud Pezeshkian pidió a su Ministerio del Interior un enfoque “amable y responsable” hacia quienes protestan y sostuvo que la fuerza no resolverá el malestar social. En contraste, el líder supremo, ayatolá Alí Jamenei, afirmó que “no cederá al enemigo”. A su juicio, las autoridades deben hablar con los manifestantes, pero “poner en su sitio” a los “alborotadores”, según declaraciones emitidas por la televisión estatal.

Las protestas comenzaron a finales de diciembre con paros y cierres en el Gran Bazar de Teherán y se propagaron durante la semana siguiente. Organizaciones civiles y redes de activistas documentaron concentraciones y choques con fuerzas de seguridad en decenas de localidades. Los informes coincidieron en el mayor alcance desde 2023. El patrón combinó marchas, cacerolazos, piquetes de comerciantes y asambleas estudiantiles en campus universitarios. Los llamados circularon por canales digitales, con una presencia destacada de jóvenes y trabajadores del comercio minorista.
Cifras clave de víctimas, detenciones y alcance territorial
- Al menos 16 muertos en los primeros siete días, según HRANA.
- 582 arrestos durante la primera semana, con detenciones de menores de 15 a 17 años.
- Movilizaciones en más de 220 puntos de 26 provincias, con foco urbano y académico.
- Inflación por encima del 36% y ajustes de combustibles como detonantes inmediatos.
Víctimas, detenciones y despliegue de seguridad durante las protestas
En el balance de víctimas, las cifras variaron según las fuentes y el momento del recuento. A primera hora del 4 de enero, el registro consolidado de la agencia de activistas HRANA confirmó al menos 16 muertos durante los primeros siete días, entre ellos un integrante de las fuerzas de seguridad, además de centenares de heridos. Organizaciones con foco regional, como Hengaw, situaron el total algo por encima en cortes anteriores.

Los detenidos también se contaron por centenas. HRANA informó de 582 arrestos durante la primera semana, con aprehensiones de menores de entre 15 y 17 años en varias ciudades. Otros recuentos elevaron el total cercano al millar al cierre del fin de semana, conforme las protestas superaron los siete días. Ese diferencial respondió al desfase temporal de los conteos y a la dificultad de documentar casos en áreas con restricciones de comunicaciones.
En las calles, diversos testimonios y grabaciones verificadas mostraron el despliegue de unidades policiales y de la Guardia Revolucionaria. Hubo uso de gas lacrimógeno, munición real y perdigones en varios puntos. En la provincia de Lorestán, la agencia semioficial Fars informó de muertos y heridos durante un ataque a una comisaría. El clima de tensión marcó jornadas sucesivas en distintas provincias.
En días posteriores, fuentes locales registraron escenas de pánico, evacuaciones de heridos y cierres de comercios en zonas bajo intervención de seguridad. Las autoridades locales ordenaron refuerzos en cruces estratégicos, estaciones de metro y complejos comerciales. En Teherán, organizaciones de comerciantes documentaron cierres en corredores emblemáticos, mientras universidades suspendieron exámenes y actividades presenciales en momentos de mayor fricción.
Respuesta oficial, pulso diplomático y trasfondo regional y nuclear
Las reacciones oficiales de Teherán incluyeron la atribución del malestar a “enemigos externos” y llamados a una respuesta sin concesiones frente a los disturbios, además de gestiones diplomáticas. El 3 de enero, la misión iraní ante Naciones Unidas envió comunicaciones para denunciar las declaraciones estadounidenses y solicitar pronunciamientos del Consejo de Seguridad. Altos responsables de seguridad advirtieron de consecuencias regionales si Washington intervenía.
El trasfondo regional y nuclear elevó la tensión. En junio de 2025, un conflicto de doce días incluyó ataques aéreos de Israel y bombardeos estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes, hechos que agravaron la crisis económica y precedieron a la reimposición de sanciones de la ONU en septiembre. A finales de 2025, Teherán anunció un alto en el enriquecimiento de uranio como gesto hacia una eventual negociación, aunque sin avances tangibles.

En términos de alcance territorial, reportes de comienzos de semana señalaron movilizaciones en más de 220 puntos de 26 provincias, con especial actividad en áreas urbanas y centros académicos. Las autoridades locales dispusieron refuerzos de seguridad en cruces estratégicos, estaciones de metro y complejos comerciales. En la capital, comerciantes reportaron cierres en corredores tradicionales, mientras universidades aplicaron suspensiones temporales de exámenes y clases presenciales.
Los mensajes de la cúpula combinaron el reconocimiento de “demandas legítimas” sobre el costo de vida con la deslegitimación de actos señalados como vandalismo. Jamenei reiteró que se debe escuchar a los manifestantes, pero rechazó un diálogo con quienes califica de “alborotadores”. Desde Washington, la línea quedó fijada con dos hitos: el anuncio de que Estados Unidos estaba “preparado” para responder y, después, la advertencia de un “golpe muy duro”. Al cierre del 4 de enero, los balances más citados ubicaron 16 muertos y 582 detenidos.
