Trump dijo en Washington que planea hablar con Irán mientras EE. UU. refuerza su despliegue militar y plantea negociación o uso de la fuerza.
Declaraciones del 29 de enero y vínculo entre negociación y fuerza
La noche del 29 de enero de 2026, en Washington, Donald Trump se dirigió a la prensa en el Kennedy Center mientras Estados Unidos incrementaba medios navales y aéreos en el área de CENTCOM, responsable de Oriente Medio. Vinculó ese despliegue a dos alternativas: negociación o uso de la fuerza. Afirmó: “Tenemos muchos barcos muy grandes y muy potentes rumbo a Irán ahora mismo, y sería estupendo no tener que usarlos”.
Ante preguntas sobre contactos directos recientes o previstos con Teherán, respondió que ya había sostenido comunicaciones y que pensaba realizar nuevas. En ese intercambio, reiteró la lógica binaria que impuso al despliegue: diálogos o fuerza. Colocó la iniciativa militar como instrumento de presión y, a la vez, como margen para negociar desde una posición de ventaja, aunque evitó definir plazos, canales o condiciones específicas para esas conversaciones en público aún.
Sus frases llegaron después de varios días de anuncios y movimientos que ampliaron la capacidad operativa de Washington en el Golfo y su entorno. El 26 de enero, según dos funcionarios estadounidenses, el portaviones USS Abraham Lincoln y varios destructores con misiles guiados ingresaron en la zona bajo responsabilidad de CENTCOM. Ese traslado había iniciado a comienzos de mes desde el Asia-Pacífico, cuando la Casa Blanca habló de “armada” y expresó que esperaba no usarla.

Tres días después, según un funcionario estadounidense, el destructor USS Delbert D. Black entró en la región dentro de las 48 horas previas, lo que elevó a seis el número de destructores estadounidenses en la zona. A ese total se sumaban un portaviones y tres buques de combate litoral. Por volumen y composición, ese despliegue ofrecía a Trump opciones defensivas y, además, opciones de ataque en todo el teatro de operaciones.
Datos clave del despliegue y de la comunicación gubernamental
- USS Abraham Lincoln y varios destructores ingresaron en la zona de CENTCOM el 26 de enero, según dos funcionarios estadounidenses.
- Seis destructores, un portaviones y tres buques de combate litoral operaban en la región después del arribo del USS Delbert D. Black.
- La Ninth Air Force anunció un ejercicio para desplegar, dispersar y sostener operaciones con rapidez y presencia reducida en ubicaciones contingentes.
- Emiratos Árabes Unidos rechazó permitir uso de espacio aéreo, territorio o aguas territoriales para acciones hostiles contra Irán, según Reuters.
Patrón aéreo de CENTCOM y preparación logística ante posibles represalias
El componente aéreo de CENTCOM formalizó un patrón de preparación y dispersión de fuerzas que suele aparecer en crisis con riesgo de represalias. La Ninth Air Force (Air Forces Central) anunció un ejercicio de días para demostrar capacidad de desplegar, dispersar y mantener operaciones aéreas en el área de responsabilidad del mando. El anuncio incluyó procedimientos para trasladar personal y aeronaves con rapidez, operar desde ubicaciones contingentes y sostener las operaciones con una presencia reducida.
En la misma secuencia pública, CENTCOM presentó el despliegue del grupo del Abraham Lincoln como una medida orientada a promover la seguridad y la estabilidad regional. Ese encuadre situó el refuerzo naval y la actividad aérea en un marco de disuasión y prevención, sin anunciar órdenes ofensivas. La comunicación oficial destacó capacidad operativa de despliegue, movilidad y sostenimiento y con presencia reducida desde ubicaciones dispersas dentro del área de responsabilidad.

El 29 de enero, la comunicación interna presentó ese dispositivo militar como disponibilidad para una orden presidencial aún inexistente. En una reunión de gabinete, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, afirmó que las fuerzas armadas estarían preparadas para ejecutar lo que Trump decidiera para impedir que Irán avanzara hacia capacidad de arma nuclear. Dentro de la administración, apareció la denominación “War Department” para aludir al Departamento de Defensa. Según Reuters, Trump revisaba opciones sin decisión final.
El detonante inmediato apareció en hechos internos de Irán y avanzó desde finales de diciembre. Según Reuters, las protestas comenzaron por agravios económicos en el Gran Bazar de Teherán y después pasaron a manifestaciones más amplias contra el poder clerical. Tras la represión, fuerzas de seguridad iniciaron detenciones masivas para impedir un rebrote, con cortes de internet y tramitación acelerada de causas. El gobierno difundió 3.117 muertos; grupos y redes superaron 6.300 y 42.000 arrestos.
Presión de Washington, campaña de junio y advertencias iraníes
En Washington, ese desarrollo interno iraní pasó a ser el argumento público para elevar la presión y, al mismo tiempo, declarar disposición a conversar. Según Reuters, Trump había amenazado de forma reiterada con intervenir si continuaban las muertes de manifestantes. Una vez iniciado el despliegue, afirmó que creía que no existían ejecuciones masivas de detenidos. Con ese marco, presentó la exigencia sobre el programa nuclear iraní como parte del mismo expediente político y militar.
En el mismo periodo, vinculó la crisis a su exigencia sobre el programa nuclear iraní y a la campaña aérea de junio contra instalaciones nucleares iraníes. Fuerzas israelíes y estadounidenses bombardearon tres sitios en esa operación. Con ese antecedente, advirtió que un ataque futuro sería “mucho peor” y volvió a describir el movimiento naval con el término “armada”, en línea con la intención declarada de no tener que emplearla.

Teherán respondió en dos planos, doctrinal y de disuasión. En el doctrinal, Irán reiteró que su programa nuclear es civil, mientras su misión ante la ONU indicó estar dispuesta al diálogo “basado en respeto mutuo e intereses”, y añadió que se defendería si recibía presión, según Reuters. En la disuasión, despachos de AFP recogieron advertencias sobre respuesta inmediata, vulnerabilidad de grupos de portaviones y exposición de bases estadounidenses dentro del alcance de misiles iraníes.
Mientras tanto, la región mostró medidas para limitar su participación operativa y prevenir un conflicto abierto. Emiratos Árabes Unidos comunicó que no permitiría uso de su espacio aéreo, territorio o aguas territoriales para acciones hostiles contra Irán, según Reuters, relevante por la base de Al Dhafra. En paralelo, aparecieron iniciativas de mediación e intercambios indirectos como alternativa, aunque los ejercicios y reposicionamientos siguieron el mismo calendario en que Trump afirmaba mantener conversaciones y planear otras.
Síntesis de la semana: despliegue avanzado y diálogo aún difuso
Con esa situación, la afirmación del 29 de enero resumió una semana en la que el despliegue militar avanzó antes de que la Casa Blanca precisara los canales, la agenda o las condiciones de las conversaciones mencionadas. La prioridad oficial destacó capacidad operativa y disuasión, con mensajes que combinaron presión y apertura al diálogo, mientras la administración no precisó plazos ni canales. El resultado inmediato fue una espera con fuerzas en posición avanzada.
El portaviones y los destructores operaban en la zona, dentro de la responsabilidad de CENTCOM. El Pentágono, a través del secretario de Defensa, declaró preparación para ejecutar una orden presidencial orientada a impedir un avance hacia capacidad de arma nuclear. Irán, por su parte, combinó la reivindicación civil de su programa con advertencias de represalia inmediata y con recordatorios sobre la vulnerabilidad de grupos de portaviones y la exposición de bases dentro del alcance de misiles.

En ese marco quedó la frase presidencial que delimitó dos alternativas: “Tenemos muchos barcos muy grandes y muy potentes rumbo a Irán ahora mismo, y sería estupendo no tener que usarlos”. Al mismo tiempo, aseguró haber mantenido conversaciones y planear otras con Teherán. Según Reuters, ese mismo día revisaba opciones y todavía no había decidido si ordenaría ataques, lo que sostuvo la ambigüedad entre negociación y uso de la fuerza.
La región, por su parte, priorizó limitar participación operativa y mantener canales políticos abiertos. Emiratos Árabes Unidos rechazó permitir uso de espacio aéreo, territorio o aguas para acciones contra Irán, decisión significativa por la base de Al Dhafra. Aun con iniciativas de mediación e intercambios indirectos, los ejercicios, la dispersión logística y los reposicionamientos siguieron calendario paralelo al discurso presidencial que afirmó mantener contactos y planear otros en la misma semana.
