Donald Trump plantea ordenar a corto plazo un ataque militar limitado contra Irán como instrumento para forzar concesiones en la disputa nuclear, mientras la Casa Blanca conserva la opción de una escalada más amplia con blancos del aparato estatal y de seguridad. En paralelo, siguen previstas conversaciones para el jueves 26 de febrero en Ginebra.
Trump contestó el 20 de febrero, ante preguntas sobre un golpe limitado para presionar a Teherán, que “supongo que puedo decir que lo estoy considerando”, y remató: “Más les vale negociar un acuerdo justo”. Funcionarios estadounidenses detallaron planes avanzados con ataques de selección más fina, incluso contra figuras del mando del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.

El Pentágono reajustó despliegues para sostener ese abanico. El grupo de combate del portaaviones Gerald R. Ford recibió órdenes de dirigirse a la región para sumarse al Abraham Lincoln y a escoltas con misiles guiados, junto con aviones de combate, medios de vigilancia y refuerzos de tropas, en un despliegue de los mayores desde 2003.
Un alto cargo estadounidense añadió que el despliegue quedará completo hacia mediados de marzo, tras reuniones de asesores de seguridad nacional en la Sala de Situación. Ese dispositivo se alinea con preparativos para operaciones sostenidas durante semanas si la Casa Blanca cruza el umbral e inicia una campaña de mayor duración.
En junio, Washington ya atacó instalaciones nucleares iraníes en una operación que describió como un golpe puntual. La planificación actual incorpora la posibilidad de ampliar objetivos más allá de la infraestructura nuclear y golpear instalaciones estatales y de seguridad. En ese marco, Trump dijo sobre un cambio de régimen que “parece que eso sería lo mejor que podría pasar”.

La vía diplomática continúa con mediación de Omán. El ministro de Exteriores omaní, Badr Albusaidi, anunció que las negociaciones indirectas seguirán el jueves en Ginebra y afirmó: “Me complace confirmar que las negociaciones entre Estados Unidos e Irán ya están fijadas para este jueves en Ginebra, con un impulso positivo para ir más allá hacia la finalización del acuerdo”.
Trump, que dijo que participará “indirectamente”, combinó ese canal con un ultimátum: fijó una ventana de 10 a 15 días y advirtió que “realmente pasarán cosas malas” si Irán no acepta un entendimiento. Desde Teherán, Abbas Araqchi sostuvo el rechazo a capitular bajo presión y advirtió: “Lo que no está sobre la mesa: la sumisión ante amenazas”.

Tras contactos en Ginebra, Araghchi dijo que las partes acordaron “principios rectores”, pero evitó presentarlos como un acuerdo inminente. En otro intercambio, contestó a la presión verbal del entorno negociador estadounidense con: “¿Curioso por saber por qué no capitulamos? Porque somos iraníes”. Irán ofreció enviar al exterior la mitad del uranio más enriquecido y diluir el resto.
Un alto funcionario iraní incluyó también la participación en un consorcio regional de enriquecimiento, a cambio de alivio de sanciones y del reconocimiento del “derecho al enriquecimiento nuclear pacífico”. Washington exige que Teherán abandone el enriquecimiento en su territorio y entregue su stock; el OIEA lo estimó en más de 440 kilos enriquecidos al 60%.

La amenaza de represalias acompaña el pulso. Araghchi avisó que Irán atacará bases estadounidenses en la región si recibe un golpe: “No sería posible atacar suelo estadounidense, pero apuntaremos a sus bases en la región”, y agregó: “No atacaremos a los países vecinos; más bien atacaremos las bases estadounidenses estacionadas en ellos”.
Teherán trasladó a Naciones Unidas que no iniciará una guerra, pero responderá “de forma decisiva y proporcional” ante una agresión. Con delegaciones rumbo a Ginebra y Marco Rubio con una visita prevista a Israel el 28 de febrero para tratar Irán con Benjamin Netanyahu, la administración Trump llega con fuerzas en movimiento y amenaza explícita.
