Washington mantuvo conversaciones preliminares sobre un posible ataque contra Irán, según The Wall Street Journal, después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtiera que respondería si las fuerzas de seguridad iraníes mataban a manifestantes. El diario precisó que no hay indicios de una ofensiva inminente y que no se ha trasladado equipo ni personal militar, de acuerdo con personas al tanto de las deliberaciones.
Las discusiones internas se centraron en qué objetivos podrían ser alcanzados en caso de una decisión, y una de las opciones examinadas consiste en un ataque aéreo de gran escala contra instalaciones militares iraníes. Estas conversaciones, descritas como exploratorias, no implican órdenes operativas ni movimientos logísticos asociados a una campaña militar.
En el plano público, la Casa Blanca evitó comentar asuntos de inteligencia y reiteró que Estados Unidos “responderá con contundencia” si en Irán se dispara y mata a manifestantes pacíficos. Trump avisó el 2 de enero que el país intervendría en ese escenario y repitió la advertencia días después, en medio de la escalada de protestas.
Las movilizaciones en Irán comenzaron el 28 de diciembre de 2025 y se extendieron a decenas de localidades. Organizaciones de derechos humanos citadas por medios internacionales reportaron al menos 72 muertos y más de 2.300 detenciones desde el inicio de las protestas, en un contexto de restricciones generalizadas a las comunicaciones. El jueves 8 de enero, el grupo de monitoreo NetBlocks informó de un apagón nacional de internet y telefonía que limitó el flujo de información desde el país.
Las autoridades iraníes atribuyeron las manifestaciones a injerencias del exterior y a “actos vandálicos” contra instalaciones públicas. Medios estatales informaron de enfrentamientos y daños en dependencias policiales, mientras que funcionarios de alto rango advirtieron de respuestas penales severas frente a lo que califican como disturbios. La cobertura internacional señaló a su vez que la interrupción de comunicaciones impide verificar de forma independiente el alcance de los hechos en varias provincias.
En Washington, el debate interno sobre posibles cursos de acción se produjo en paralelo a la presión pública del Ejecutivo para que Teherán evite el uso de fuerza letal contra los manifestantes. Según las fuentes citadas por The Wall Street Journal, los intercambios dentro del gobierno estadounidense incluyeron evaluaciones sobre el impacto militar de distintas opciones y sus posibles implicaciones regionales, sin que se derivaran órdenes de despliegue ni movimientos de unidades. El periódico añadió que, a la fecha de su publicación, no existían señales de preparación inmediata que apunten a una ofensiva.
