Washington ordenó al grupo de ataque del portaaviones USS Gerald R. Ford salir del Caribe y dirigirse a Oriente Medio, con una nueva ampliación del despliegue naval estadounidense. El presidente Donald Trump combina presión militar y contactos diplomáticos para que Irán acepte un marco de entendimiento sobre su programa nuclear.
El cambio situará dos portaaviones y sus escoltas en el área del Comando Central de Estados Unidos, mientras la Casa Blanca conserva la opción de usar la fuerza contra objetivos iraníes. El USS Abraham Lincoln opera en ese teatro desde finales de enero, junto a tres destructores con misiles guiados.
Con la llegada del segundo grupo, el Pentágono suma aviación embarcada, defensa antiaérea y capacidad de ataque con misiles de crucero. También incorpora redundancia para sostener operaciones prolongadas sin depender de bases regionales. La decisión coincide con una etapa de conversaciones indirectas y con disputas sobre el alcance de un eventual acuerdo.
Exigencias de Washington y postura de Teherán

Trump planteó exigencias sobre el enriquecimiento de uranio, el programa de misiles balísticos y el apoyo iraní a aliados armados en la región. Teherán insiste en separar la discusión de misiles de la nuclear y prioriza el levantamiento de sanciones. El portavoz Esmaeil Baghaei pidió que Washington actúe “independientemente de presiones extranjeras, especialmente presiones israelíes”.
En ese marco, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, expuso a Trump los parámetros que Israel considera indispensables. Netanyahu sostuvo que cualquier acuerdo “debe incluir los elementos vitales” para su país y citó el freno al programa nuclear, límites a los misiles balísticos y restricciones a las redes de aliados regionales de Irán.
Tras una reunión de más de dos horas y media, Trump calificó el encuentro de “una reunión muy buena”, aunque evitó anunciar decisiones de alcance inmediato. La ampliación naval también se vincula a incidentes recientes en el mar. El 3 de febrero, un caza F-35C derribó un dron iraní Shahed-139.
Incidentes en el mar y refuerzo del despliegue naval

El dron se aproximó al USS Abraham Lincoln en el mar Arábigo; el mando militar estadounidense describió la maniobra como “agresiva” y actuó, según su portavoz, “en defensa propia y para proteger el portaaviones y al personal a bordo”. Ese mismo día, unidades iraníes hostigaron a un petrolero con bandera estadounidense en Ormuz.
Ese episodio obligó a una escolta de la Marina estadounidense para desescalar la situación. El USS Gerald R. Ford, comisionado en 2017 y considerado el mayor portaaviones de la Armada, navega con más de 5.000 tripulantes y un ala aérea con decenas de aeronaves.
Trump lo envió al Caribe tras una etapa previa en el Mediterráneo, dentro de un refuerzo militar en el hemisferio occidental que el Gobierno vinculó a operaciones contra redes de narcotráfico. Ese despliegue culminó el mes pasado con una acción que derivó en la captura del entonces presidente venezolano Nicolás Maduro.
La misión comenzó a finales de junio de 2025 y la nueva orden prolonga una navegación ya extensa, sin un calendario público de regreso. Con el segundo grupo en ruta, Estados Unidos refuerza su postura en la zona donde se concentra el grueso de las tensiones entre Washington y Teherán.
