El régimen iraní está más decidido que nunca a atacar a Israel, procurando causar el máximo dolor.
El tono utilizado el viernes por los líderes de la República Islámica, tras el asesinato del principal científico nuclear iraní Mohsen Fakhrizadeh, fue preocupante.
Indica que no solo buscan venganza por el asesinato atribuido a agentes israelíes, sino que también les preocupa su efecto en la percepción pública en Irán, después de que las presuntas operaciones del Mossad aumentaran en número y alcance en el país, perjudicando la imagen del régimen a los ojos de los iraníes.
Las operaciones, presuntamente llevadas a cabo por los servicios de seguridad israelíes, repercutieron en los esfuerzos de Irán no solo en lo que respecta a sus aspiraciones nucleares sino también a su plan estratégico de establecer un segundo frente contra Israel en Siria y consolidar su disuasión en la región

Después del asesinato por parte de los Estados Unidos del líder de la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria, Qasem Soleimani, en enero, Irán lanzó un ataque con misiles contra dos bases militares estadounidenses en Irak, utilizando representantes pro-iraníes, como represalia.
Pero a pesar de cualquier deseo de llevar a cabo una venganza similar contra Israel, el régimen está ahora obligado a calcular su próximo movimiento cuidadosamente.
Irán cree que Israel está detrás del asesinato, y no sin razón.
Los israelíes han estado tratando de eliminar a Fakhrizadeh por un tiempo para interrumpir el programa nuclear militar de Irán. Pero más allá de eso, Jerusalén quiere obstaculizar cualquier renovación de las relaciones diplomáticas entre Irán y la administración entrante del presidente electo Joe Biden, quien ha indicado que buscaría volver a entrar en el acuerdo nuclear de 2015 del que el presidente saliente Donald Trump se echó atrás en 2018.
Los líderes iraníes han dicho que sospechan que el asesinato del viernes es una provocación por parte de Israel para obligar a Irán a responder, otorgando así a Trump la excusa – que aparentemente busca – para atacar a las instilaciones nucleares iraníes antes de que abandone la Casa Blanca.

Si la venganza de Irán va a tener éxito en disuadir a Jerusalén de nuevos ataques y satisfacer las necesidades de venganza de la República Islámica, se necesitaría tiempo y planificación.
Sin embargo, una respuesta iraní de gran alcance, que podría causar víctimas mortales en Israel, obligaría a Biden a posponer cualquier plan para eliminar las sanciones paralizantes impuestas a Teherán por su predecesor.
En consecuencia, mientras exista la más mínima posibilidad de que la administración entrante levante las sanciones, los iraníes se abstendrán de dar una respuesta que deteriore aún más las relaciones bilaterales.
Por lo tanto, el riesgo de una represalia llevada a cabo por el representante libanés de Irán, la organización terrorista Hezbolá, es pequeño. Teherán entiende que cualquier agresión de Hezbolá se enfrentaría a una respuesta masiva y desproporcionada de las FDI, que el Líbano, que ya se está desmoronando bajo el caos económico y político y que sufre enormemente por la pandemia del coronavirus, no podría soportar.
Aunque plantar más artefactos explosivos improvisados a lo largo de la frontera sirio-israelí difícilmente constituiría un gran acto de venganza.
Sin embargo, los iraníes ya cuentan con una infraestructura en ciudades de todo el mundo, desde la cual pueden lanzar ataques contra instituciones israelíes y judías, como el ataque contra el edificio de la comunidad judía y la Embajada de Israel en la Argentina en los años noventa.
También pueden desplegar su nuevo arsenal de misiles balísticos y vehículos aéreos no tripulados de fabricación iraní. Pueden intentar atacar la producción de petróleo de Arabia Saudita, como lo hicieron en 2019 cuando un ataque bien coordinado que incluyó misiles, aviones no tripulados y terroristas suicidas, detuvo la mitad de la capacidad de producción de petróleo del reino del Golfo durante muchas semanas, pero no causó víctimas humanas.
Si Irán optara por atacar a Israel en un asunto similar, tendría que llevar a cabo ese ataque desde una base más cercana a las fronteras israelíes. También es probable que utilizaran representantes para no dejar sus propias huellas de identificación en una operación de este tipo.
Dado que el régimen de Teherán entiende que están comprometidos en términos de inteligencia dentro de sus propias fronteras, así como en Siria e Irak, un ataque -si se planifica uno- probablemente vendría del sur, probablemente utilizando a los rebeldes houthis del Yemen para llevarlo a cabo, tal vez apuntando a un buque israelí en el Mar Rojo o incluso lanzando un misil balístico a la ciudad meridional de Eilat.
Los líderes de Irán han demostrado su capacidad de ser pacientes y calculados en sus respuestas. Como resultado, los organismos de inteligencia de Israel han movilizado sus recursos, al igual que las FDI, para responder a cualquier ataque que pueda producirse.