Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, llegó el martes 10 de febrero a Mascate para reunirse con el sultán Haitham bin Tariq y con el ministro de Asuntos Exteriores, Badr bin Hamad al-Busaidi, en una visita que coincide con el reinicio del canal diplomático entre Teherán y Washington en Omán y que apunta a consolidar el papel del sultanato como intermediario en la agenda nuclear.
La agenda oficial incluyó conversaciones sobre la evolución del entorno regional, asuntos internacionales y cooperación económica bilateral. Omán presentó el encuentro con el sultán como un intercambio orientado a abrir espacio para un “acuerdo equilibrado y justo” entre Irán y Estados Unidos y a reforzar el retorno al diálogo como vía para reducir diferencias con impacto en la seguridad regional.
La visita ocurrió cuatro días después de una ronda de conversaciones indirectas en Mascate entre representantes iraníes y estadounidenses, con mediación omaní. La reunión marcó un nuevo intento por reactivar una negociación centrada en el programa nuclear iraní, con el telón de fondo de un refuerzo militar estadounidense en la región y de la coordinación política entre Washington e Israel sobre el expediente iraní.
Tras ese primer contacto, el portavoz de la cancillería iraní, Esmaeil Baghaei, describió el formato como un encuentro breve destinado a medir la disposición de la otra parte: “The Muscat meeting was not a long meeting. In our view, it was to gauge the seriousness of the other side and how to continue this path”. Baghaei añadió que el intercambio dejó “understanding and consensus” suficiente para continuar el proceso diplomático, y enmarcó el viaje de Larijani como parte de consultas regionales programadas, con una escala posterior en Qatar.
Las posiciones de partida siguen marcadas por diferencias sobre el alcance de una eventual negociación. Irán insiste en limitar la conversación al asunto nuclear y vincula cualquier concesión sustantiva al levantamiento de sanciones financieras. Estados Unidos, por su parte, presiona para ampliar el temario e incluye el programa de misiles balísticos, un punto que Teherán considera fuera de discusión tras reconstruir capacidades después de los ataques del año pasado.
En el centro del desacuerdo nuclear, Washington exige que Irán renuncie a su reserva de uranio enriquecido hasta el 60% de pureza fisible, mientras Teherán defiende su “derecho” a actividades nucleares pacíficas, incluido el enriquecimiento. El jefe de la Organización de Energía Atómica de Irán, Mohammad Eslami, vinculó la posibilidad de diluir el material enriquecido a un alivio completo de sanciones; en Estados Unidos, el vicepresidente JD Vance señaló que el presidente Donald Trump fijará los límites de la negociación.
Este nuevo ciclo diplomático llega tras la interrupción de contactos previos y después de la guerra de 12 días de junio de 2025 entre Irán e Israel, durante la cual Estados Unidos atacó instalaciones iraníes vinculadas al enriquecimiento de uranio antes de un alto el fuego. Con la próxima ronda aún sin fecha ni sede anunciadas, Omán mantiene el canal abierto mientras Larijani completa en Mascate una etapa de consultas que Teherán enlaza con movimientos diplomáticos adicionales en el Golfo.
