Durante años Irán cultivó su alianza con China con la expectativa de que le ofreciera una red de seguridad frente a Occidente. Hoy (domingo), el estadounidense Wall Street Journal informó que, justo cuando el régimen afronta la amenaza estadounidense más severa para su supervivencia en décadas, esa “amistad” resulta limitada.
Los ejercicios navales conjuntos recientes en el golfo de Omán y en el estrecho de Ormuz buscaron exhibir un frente unido. Sin embargo, esas maniobras palidecen ante la enorme fuerza militar que EE. UU. desplegó en la zona, en el mar y en tierra, de acuerdo con el reportaje.

Según las fuentes citadas, el intento iraní de reconstruir sus sistemas de misiles y de defensa antiaérea con ayuda de Moscú y Pekín chocó con un muro de intereses contrapuestos. Pese a los duros golpes de la guerra “Como un león” del pasado junio, ambas potencias mostraron escasa disposición a asistencia militar directa.
Para China y Rusia, el régimen de Teherán conserva valor como socio estratégico, pero no como motivo para una guerra frontal contra la potencia más fuerte del mundo. En el caso chino, el cálculo dominante combinó la economía y la diplomacia ante la administración Trump, según el informe.
China prioriza cumbre con Trump y vínculos con el golfo

Pekín, mayor cliente del petróleo iraní, teme que una identificación excesiva con Teherán descarrile la cumbre prevista entre el presidente Xi Jinping y Trump el próximo marzo. Además, procura no deteriorar sus vínculos con los países del golfo Pérsico y coloca la estabilidad regional por encima de la supervivencia del régimen iraní.
En Rusia la lógica se asemeja, pero la urgencia aumenta. Para Vladímir Putin, mejorar las relaciones con Trump y apartarlo de la ayuda a Ucrania pesa más que salvar a Jamenei. Aunque Irán aportó en el pasado medios para interferir comunicaciones y sistemas de defensa, Moscú aplica una política exterior interesada.

Los analistas subrayaron que Putin no arriesgará sus activos estratégicos por un socio que pasó a ser una carga de seguridad bajo una fuerte presión estadounidense. Mientras Washington evalúa un ataque aéreo prolongado o un “golpe limitado” para obligar a Teherán a un nuevo acuerdo nuclear, Irán permanece aislado en el plano militar.
A pesar de compras previas de sistemas como el S-300, esas capacidades se erosionaron en ataques recientes y no hay señales de un suministro nuevo. Los expertos resumen que Irán quizá perturbe el comercio de petróleo en el estrecho de Ormuz como último recurso, pero recibe apoyo declarativo, no práctico, de China y Rusia.
Conversaciones nucleares en marzo y desacuerdo por sanciones

Más temprano, la agencia de noticias Reuters informó que otra ronda de conversaciones entre EE. UU. e Irán podría celebrarse en marzo. Según su reporte, las partes discrepan sobre el levantamiento de sanciones y sobre el mecanismo que acompañaría posibles alivios a cambio de limitaciones al programa nuclear de Teherán.
Reuters señaló que Irán está dispuesto a considerar medidas como sacar de su territorio uranio enriquecido a alto nivel o diluirlo. También mencionó la propuesta de establecer un consorcio regional para el enriquecimiento de uranio, como parte de los pasos que Teherán pondría sobre la mesa.

No obstante, Reuters subrayó que Teherán mantiene su exigencia de que se reconozca su derecho a enriquecer uranio con fines civiles. Según la agencia, la posibilidad de un acuerdo provisional sigue sobre la mesa, pero exige un calendario acordado para el levantamiento de las sanciones.
