Comerciantes de los bazares se distancian del clero ante inflación, devaluación del rial y el poder económico de los Guardianes, lo que alimenta protestas.
Ruptura entre bazaríes y clero agudiza protestas por la economía
Los comerciantes de los bazares iraníes, antiguo sostén financiero de la Revolución Islámica de 1979, ahora confrontan a los clérigos a los que ayudaron a ascender. En varias ciudades se registraron protestas con consignas abiertamente antigubernamentales, lo que expuso la fractura entre una base tradicional del régimen y una dirigencia que perdió credibilidad ante la crisis económica prolongada y actual.
El enojo de los bazaríes, desde pequeños vendedores hasta grandes mayoristas, creció a medida que su influencia política y económica se redujo durante décadas. En paralelo, la élite del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica consolidó redes cerradas de poder económico. “Luchamos. No podemos importar mercancías por las sanciones de EE. UU. y porque solo los Guardianes o sus aliados controlan la economía. Solo buscan sus propios beneficios”, dijo un comerciante del Gran Bazar.
La ola actual de protestas surgió a finales de diciembre en el Gran Bazar de Teherán, donde cientos de comerciantes denunciaron el desplome del rial y su efecto inmediato sobre la actividad diaria. Las manifestaciones se difundieron con rapidez y tomaron un tono político al cuestionar la legitimidad de la República Islámica. Los participantes quemaron retratos del ayatolá Alí Jamenei y gritaron “Muerte al dictador”, pese al uso de gases lacrimógenos, porras y munición real.
Las autoridades reconocen penurias económicas, aunque atribuyen el descontento a la injerencia de enemigos históricos como EE. UU. e Israel. Mantienen el control con un aparato de seguridad forjado tras décadas de represión de revueltas étnicas, protestas estudiantiles y reclamos sociales.
Datos clave para entender la guerra en el bazar iraní
- El rial perdió casi la mitad de su valor frente al dólar en 2025 y la inflación oficial alcanzó 42,5% en diciembre.
- HRANA reportó 544 muertes desde el 28 de diciembre: 496 manifestantes y 48 miembros de seguridad, además de 10.681 detenidos.
- Las protestas comenzaron en el Gran Bazar de Teherán y luego se extendieron a otras ciudades.
- Los Guardianes dominan sectores como petróleo, transporte, comunicaciones y construcción.
- El gobierno atribuye el malestar a la injerencia de EE. UU. e Israel y refuerza el control con fuerzas de seguridad.
Consolidación económica de los Guardianes limita al gobierno civil
Fundados por el ayatolá Ruhollah Khomeini, los Guardianes obtuvieron una base económica tras la guerra Irán–Irak en los años ochenta, cuando los líderes clericales autorizaron inversiones en sectores clave. Ese punto de partida abrió una senda de expansión empresarial que reconfiguró el equilibrio de poder. El proceso avanzó con apoyos internos y con oportunidades creadas por el aislamiento financiero que impusieron las sanciones occidentales, y redujeron la competencia externa significativa.
En la actualidad, los Guardianes dominan amplios sectores productivos, entre ellos petróleo, transporte, comunicaciones y construcción. Este control transversal refuerza su poder político y reduce el margen de maniobra de otras instituciones del Estado. Diversas áreas estratégicas pasaron a depender de redes y empresas bajo su órbita, lo que dejó poco espacio a la competencia y limitó la capacidad del Ejecutivo para dirigir la política económica con autonomía real y plena.
La industria petrolera, ya golpeada por sanciones, cayó bajo creciente influencia de los Guardianes. Su estructura abarca una flota encubierta para transportar crudo sancionado, redes logísticas y empresas fachada que colocan el petróleo, en su mayoría con destino al mercado chino. Un alto funcionario reconoció que el país desconoce qué parte de esos ingresos regresa a las arcas nacionales, porque el grupo posee demasiado poder para rendir cuentas con transparencia.
Durante su presidencia entre 2013 y 2021, Hassan Rouhani chocó con los Guardianes por presupuestos y por intentos de acotar redes y activos comerciales, con avances escasos. Un vendedor de alfombras de 62 años en Teherán resumió la impotencia oficial: el gobierno desea resolver el problema, pero carece de medios y poder dentro del sistema. Según dijo, la economía no se encuentra bajo control del gobierno. Esa percepción se extendió entre comerciantes.
Volatilidad de precios, malestar social y erosión de la confianza
El analista Saeed Laylaz, radicado en Teherán, sostuvo que el Ejecutivo perdió el manejo de la situación. Destacó que el malestar comenzó en el bazar y que, para los comerciantes, el problema central no es la inflación, sino la volatilidad de los precios. Esa incertidumbre los deja incapaces de decidir si conviene comprar o vender, lo que paraliza operaciones y profundiza la sensación de desorden en el mercado a nivel nacional.
La brecha entre la población común y la élite clerical y de seguridad, unida a la mala gestión y a la corrupción estatal reconocidas incluso por medios oficiales, amplió el malestar. La inflación empuja numerosos bienes fuera del alcance de la mayoría de los ciudadanos, con efectos directos sobre el consumo y sobre la vida cotidiana. El escenario social se tensó mientras los ingresos reales perdieron poder de compra de forma persistente.
El rial iraní perdió casi la mitad de su valor frente al dólar a lo largo de 2025, y la inflación oficial alcanzó 42,5 por ciento en diciembre. Estos indicadores agravaron la incertidumbre y debilitaron expectativas de estabilidad. El resultado fue una erosión adicional de la confianza de comerciantes y consumidores en la capacidad nacional para estabilizar precios, sostener el crédito y asegurar reglas predecibles para la actividad diaria comercial.
Aunque el estamento clerical cedió parcelas económicas, confió en fuerzas leales como los Guardianes y el Basij para sofocar levantamientos étnicos, disturbios estudiantiles y protestas por penurias. HRANA, con sede en EE. UU., verificó 544 muertes desde el 28 de diciembre, con 496 manifestantes y 48 miembros de seguridad, además de 10.681 detenidos. Las autoridades no publicaron cifras oficiales y alegaron que numerosos agentes murieron a manos de “terroristas y alborotadores” vinculados a enemigos extranjeros.
