Las manifestaciones en todo Irán contra la teocracia cumplieron el domingo dos semanas. Activistas afirmaron que la represión dejó al menos 116 personas asesinadas, aunque sectores opositores sostuvieron que la cifra real sería mucho mayor, tras una respuesta estatal descrita como extremadamente violenta.
El apagón de internet y la interrupción de las líneas telefónicas dentro del país complicaron el seguimiento externo de las protestas. Estas restricciones redujeron la posibilidad de verificar la magnitud de las concentraciones y de contrastar los informes que circulan fuera de las fronteras iraníes.
La organización NetBlocks señaló que desde el jueves la conectividad resultó casi inexistente durante más de sesenta horas. Imágenes del sábado parecían mostrar cortes del alumbrado público en zonas donde se reunieron manifestantes, lo que reforzó la percepción de un control deliberado del espacio urbano.
La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, con sede en Estados Unidos, informó que los muertos por la represión alcanzaron al menos 116 y que más de 2.600 personas fueron detenidas. La organización recordó su historial de precisión durante episodios previos de disturbios en Irán.
El medio opositor Iran International afirmó que “las estimaciones indican” que 2.000 personas murieron en un lapso de 48 horas. Esa cifra, muy superior a otros recuentos, circuló mientras persistían las dificultades para corroborar información independiente desde el interior del país.
Personal de tres hospitales iraníes declaró a la BBC que sus centros estaban desbordados por muertos y heridos durante las protestas. Los testimonios describieron una presión extrema sobre los servicios médicos ante la llegada constante de víctimas en distintos puntos del país.

Un médico en Teherán dijo al medio británico que hubo “disparos directos a las cabezas de los jóvenes, a sus corazones también”. La declaración acompañó imágenes difundidas en redes sociales que mostraban nuevas concentraciones en la capital pese al endurecimiento de la represión estatal.
Un trabajador hospitalario en la capital señaló que la cantidad de manifestantes asesinados superó la capacidad de respuesta de los centros de salud. Explicó que, en muchos casos, no pudieron practicar RCP a las víctimas, la mayoría jóvenes, por la saturación de recursos.
“El número era tan grande que no había suficiente espacio en la morgue; los cuerpos se colocaban uno encima de otro”, dijo a la BBC. “Después de que la morgue se llenó, los apilaron unos sobre otros en la sala de oración”.
La televisión estatal iraní informó sobre bajas en las fuerzas de seguridad y destacó el control gubernamental del país. Evitó mencionar muertes de manifestantes, a quienes describió cada vez con mayor frecuencia como “terroristas”, en una narrativa centrada en la seguridad interna.
No obstante, el propio medio estatal reconoció que las protestas continuaron hasta la mañana del domingo. Confirmó manifestaciones en Teherán y en la ciudad santa de Mashhad, ubicada en el noreste, pese a los operativos desplegados por las autoridades.
14th day of anti-establishment protests in Iran
— Ghoncheh Habibiazad | غنچه (@GhonchehAzad) January 10, 2026
Video, said to have been received via Starlink amidst the internet outage, shows a group of protesters in Tehran.
Loc: 35.76846, 51.47342@GeoConfirmed
pic.twitter.com/rjQDBd4iDG
El sábado, multitudes volvieron a reunirse en el norte de la capital iraní. Videos verificados por AFP mostraron fuegos artificiales, golpes de ollas y consignas a favor de la monarquía derrocada, en una demostración ruidosa y visible de desafío al régimen.
Otros videos, que AFP no pudo verificar de inmediato, reflejaron protestas en distintas zonas de Teherán. En esas grabaciones se escucharon consignas dirigidas contra el gobierno, mientras los manifestantes ocupaban calles y plazas de varios barrios.
Imágenes difundidas en redes sociales y por canales persas en el extranjero mostraron concentraciones igualmente numerosas en otras áreas de la capital. También aparecieron protestas en Mashhad, en Tabriz al norte y en la ciudad santa de Qom.
En la ciudad occidental de Hamedan, un video mostró a un hombre ondeando una bandera iraní de la era del sha, con el símbolo del león y el sol, una imagen asociada al pasado monárquico previo a la República Islámica.

El líder supremo, ayatolá Alí Jamenei, señaló que se aproxima una represión más dura, pese a las advertencias formuladas por Estados Unidos. Sus declaraciones reforzaron la expectativa de un aumento de la presión estatal sobre las manifestaciones.
El sábado, Teherán elevó el tono de sus amenazas. El fiscal general Mohammad Movahedi Azad advirtió que cualquiera que participe en protestas será considerado “enemigo de Dios”, un cargo castigado con la pena de muerte, según un comunicado emitido por la televisión estatal.
El mismo mensaje sostuvo que incluso quienes “ayudaron a los alborotadores” enfrentarían esa acusación. La advertencia amplió el alcance de la criminalización y apuntó tanto a manifestantes como a posibles colaboradores o simpatizantes.
En paralelo, el presidente estadounidense Donald Trump expresó su apoyo a los manifestantes. En redes sociales afirmó que “Irán está mirando a la LIBERTAD, quizá como nunca antes. ¡¡¡EE. UU. está listo para ayudar!!!”.
The New York Times y The Wall Street Journal informaron, citando a funcionarios estadounidenses anónimos, que a Trump se le presentaron opciones militares para atacar Irán. Ambos medios señalaron que, hasta la noche del sábado, no existía una decisión final.
The Times indicó que Trump estaba “considerando seriamente” autorizar un ataque contra Irán. El diario añadió que se le expuso un abanico de alternativas, incluidos posibles ataques contra objetivos no militares en Teherán.

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu habló por teléfono el sábado por la mañana con el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio. The New York Times informó del contacto y citó a tres fuentes no identificadas.
Por separado, el Departamento de Estado de Estados Unidos lanzó una advertencia: “No jueguen con el presidente Trump. Cuando dice que hará algo, lo dice en serio”. El mensaje subrayó la postura firme de Washington.
La agencia semioficial Tasnim, cercana a la Guardia Revolucionaria, afirmó que las autoridades detuvieron a casi 200 personas que describió como integrantes de “equipos terroristas operativos”. El informe se difundió en medio del aumento de arrestos.
Tasnim sostuvo que los detenidos portaban armas, entre ellas armas de fuego, granadas y bombas incendiarias. Las afirmaciones acompañaron la narrativa oficial que vincula las protestas con acciones violentas organizadas.
El ala de inteligencia de la Guardia Revolucionaria indicó que arrestó a un extranjero sospechoso de espiar para Israel. La información fue difundida el sábado por la propia agencia Tasnim.

Las autoridades iraníes acusan con frecuencia a Estados Unidos e Israel de fomentar los disturbios. En ese contexto, suelen detener personas bajo cargos de espionaje sin presentar pruebas públicas que respalden esas acusaciones.
Mientras tanto, creció la preocupación por el apagón de internet, ante el temor de que facilite una represión aún más sangrienta. Observadores recordaron que tácticas similares se aplicaron en rondas anteriores de manifestaciones.
Ali Rahmani, hijo de la Nobel de la Paz Narges Mohammadi, encarcelada en Irán, recordó que las fuerzas de seguridad mataron a cientos en protestas de 2019. “Así que solo podemos temer lo peor”, afirmó.
“Están luchando y perdiendo sus vidas contra un régimen dictatorial”, dijo Rahmani, al referirse a los manifestantes que continúan saliendo a las calles pese a la violencia y a las advertencias oficiales.
