Estudiantes de varias universidades iraníes organizaron este sábado 21 de febrero manifestaciones contra la República Islámica dentro de campus de Teherán y Mashhad, en un nuevo episodio de protesta pública tras la represión de las movilizaciones de enero. En la capital, alumnos de Shahid Beheshti hicieron una sentada y reclamaron liberaciones.
En la Universidad Shahid Beheshti, la protesta se desarrolló como una sentada convocada por ámbitos estudiantiles del propio centro. Los organizadores asociaron la acción a los muertos durante la represión del mes pasado y a la situación de estudiantes detenidos por causas vinculadas a las protestas recientes.
Tras la concentración, el sindicato estudiantil sostuvo que fuerzas de seguridad bloquearon salidas del campus y detuvieron a varios alumnos. En la Universidad Tecnológica Amirkabir, otros grupos se reunieron dentro del recinto y gritaron consignas contra el sistema político, según imágenes difundidas desde el interior.
Entre los cánticos, los manifestantes repitieron “larga vida al rey”, en alusión a Reza Pahlavi, hijo del monarca derrocado. Esa consigna reapareció en los últimos meses en distintos focos de descontento y conectó con el nombre de Pahlavi, referencia para sectores opositores en el exilio.
En Mashhad, la segunda ciudad del país, estudiantes también realizaron concentraciones dentro de instalaciones universitarias. La movilización formó parte de una jornada de protestas en campus, con consignas centradas en la demanda de libertades y en la denuncia de detenciones asociadas a la oleada de enero.
Las acciones de este sábado se ubicaron en la secuencia abierta por las protestas que estallaron a finales de diciembre y alcanzaron su punto álgido el 8 y el 9 de enero. Grandes concentraciones en numerosas ciudades derivaron en una respuesta de seguridad que dejó miles de muertos, según organizaciones de derechos humanos.
Las autoridades ofrecieron un balance inferior. Un funcionario iraní citó una cifra de más de 5.000 muertos hasta el 19 de enero; HRANA, con sede fuera del país, afirmó entonces que verificó 4.519 muertes y mantuvo miles de casos adicionales “bajo revisión”, de acuerdo con su recuento.
En febrero, la conmemoración de los 40 días de las muertes —el “chehelom”, una tradición funeraria que en periodos de tensión política suele convertirse en acto colectivo— generó nuevas concentraciones. En varias localidades, reuniones en cementerios o espacios públicos derivaron en cánticos contra el liderazgo.
En ese marco también se registraron episodios de dispersión por parte de fuerzas de seguridad, en un patrón que recordó a la dinámica de memoriales y protestas de la revolución de 1979. Tras el pico de enero, las fuerzas de seguridad intensificaron una campaña de detenciones y presión sobre activistas.
Fuentes consultadas describieron redadas, arrestos de madrugada y un esfuerzo de intimidación orientado a frenar nuevos llamamientos, junto con restricciones de comunicaciones que dificultaron la verificación independiente de datos dentro del país. La ofensiva incluyó, además, denuncias sobre detenciones de heridos en centros sanitarios.
Una experta de Naciones Unidas en derechos humanos vinculada al dossier iraní recibió informes de retirada de manifestantes desde hospitales y posterior arresto. Ese procedimiento elevó la preocupación por el acceso a atención médica y por la situación de los detenidos en el contexto de la represión.
En este escenario, la reanudación del curso académico en Teherán y el retorno de la actividad regular en los campus conviven con protestas puntuales, sentadas y concentraciones relámpago. La continuidad de manifestaciones estudiantiles, junto con detenciones y controles, mantiene a las universidades como uno de los espacios donde la guerra político reciente sigue visible.
