Agentes del régimen iraní han forzado a manifestantes y a sus familias a declarar de manera falsa que personas asesinadas por fuerzas de seguridad durante la reciente oleada de protestas pertenecían a la fuerza paramilitar Basij y murieron tras ser atacadas por manifestantes, según tres relatos no verificados compartidos con este medio.
Los testimonios fueron difundidos por dos activistas monárquicos iraníes radicados en el Reino Unido, quienes trabajan para dar a conocer las historias de ciudadanos iraníes en un contexto marcado por el apagón de internet impuesto por el régimen y la violenta represión contra los manifestantes.
Uno de los relatos describe el caso de Saeed, un hombre de 32 años de Shahrud, en el noreste de Irán, que recibió disparos el 9 de enero durante las protestas nacionales. Mientras era atendido por sus heridas, indicaron, fuerzas de seguridad irrumpieron en el hospital para detener a manifestantes heridos. Saeed logró huir y refugiarse en la vivienda de su madre.
Días más tarde, fuerzas armadas asaltaron esa vivienda, sacaron a Saeed al exterior, lo golpearon y lo presionaron para firmar documentos en los que se afirmaba falsamente que era miembro del Basij. El objetivo, según los activistas, era atribuir su muerte a un ataque de manifestantes y no a la actuación de fuerzas gubernamentales. Ante su negativa, recibió disparos en la cabeza y la espalda.
Los activistas entregaron varias imágenes gráficas del cuerpo de Saeed con severos hematomas, que aparentemente muestran heridas de bala en el ojo derecho y en el torso, como respaldo visual del relato compartido.
Otro testimonio, transmitido por uno de los activistas, se refirió a Mohammad Zareh, de 40 años, residente en Isfahán, quien presuntamente fue abatido con munición real por fuerzas del régimen bajo sospecha de actuar contra el régimen. Posteriormente, medios estatales iraníes lo presentaron como “mártir”, afirmando falsamente que era miembro del Basij muerto durante las protestas, según relató un familiar.
Un tercer testimonio procedía de un residente de Teherán, quien envió un mensaje de voz en farsi a uno de los activistas y que fue compartido con este medio. En él afirmó que “el régimen está intentando hacer que todo parezca normal y decir que no pasa nada, pero la realidad es muy diferente”.
El residente añadió que las familias de las víctimas eran obligadas a mentir y a enfrentar otras imposiciones. “Se obliga a las familias a pagar por las balas utilizadas [para matar a sus familiares], o se les dice cuándo y dónde pueden enterrar el cuerpo, o incluso se les obliga a mentir en la televisión estatal, afirmando que la víctima era un miembro del Basij asesinado por manifestantes”.
“Esta crueldad post mortem es aún más dolorosa que los propios asesinatos”, dijo el hombre, antes de añadir: “El pueblo de Irán necesita urgentemente apoyo externo. Cada hora de retraso significa más detenciones, torturas y asesinatos”.
Informes sobre prácticas de las autoridades iraníes que incluyen la imposición de confesiones falsas también fueron citados en un informe publicado el viernes por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
