Irán advirtió este lunes que responderá ante cualquier ataque de Estados Unidos, incluidos los que Washington describa como “limitados”, después de que el presidente Donald Trump dijera que contempla esa opción si Teherán no cierra un acuerdo. En Teherán, Esmaeil Baqaei descartó esa distinción.
En una rueda de prensa, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores rechazó la idea de una acción acotada: “Con respecto a su primera pregunta sobre el ataque limitado, creo que no hay ningún ataque limitado”. También afirmó: “Un acto de agresión se consideraría un acto de agresión. Punto. Y cualquier Estado reaccionaría ferozmente ante un acto de agresión como parte de su derecho inherente a la autodefensa, así que eso es lo que haríamos”.

Trump relacionó la opción de recurrir a la fuerza con el pulso diplomático sobre el programa nuclear iraní. El viernes, al ser preguntado en la Casa Blanca si evaluaba un golpe “limitado” para presionar a Irán, respondió: “Supongo que puedo decir que lo estoy considerando”. El día anterior, dio a Teherán 10 a 15 días para lograr un acuerdo.
En ese mismo mensaje, Trump avisó de que, si Irán no alcanzaba un entendimiento, “ocurrirán cosas realmente malas”, en un contexto marcado por un refuerzo militar estadounidense en Oriente Medio. La advertencia iraní llegó después de la segunda ronda de conversaciones indirectas entre ambos países, celebrada el martes 17 de febrero en Ginebra, Suiza, con mediación de Omán.

Tras el encuentro, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, dijo que las delegaciones lograron un entendimiento sobre los principales “principios rectores” de la negociación, aunque subrayó que ese avance no hacía inminente un acuerdo. La discusión se mantuvo en el terreno nuclear y se centró en mecanismos técnicos y políticos que Irán plantea como “medidas de confianza”.
Irán vinculó esas “medidas de confianza” al alivio de sanciones. Omán confirmó que una nueva ronda de contactos se celebrará el jueves 26 de febrero en Ginebra y describió el momento como un “empuje positivo” orientado a “ir más allá” para cerrar un entendimiento. Las conversaciones conservarán el formato indirecto y los mismos canales de representación.

Araghchi seguirá al frente del equipo iraní, mientras que Estados Unidos enviará al negociador Steve Witkoff y a Jared Kushner, yerno del presidente. Washington no difundió un anuncio propio sobre la cita, aunque la agenda quedó asentada en el calendario diplomático de ambas capitales. El telón de fondo incluye el mayor despliegue militar estadounidense en la región en décadas.
Ese despliegue pone el acento en capacidades navales y aéreas. Witkoff afirmó en una entrevista televisiva que Trump se pregunta por qué Irán no ha “capitulado” bajo esa presión; Araghchi respondió en un mensaje público: “¿Curioso por saber por qué no capitulamos? Porque somos iraníes”. En paralelo, funcionarios iraníes dijeron que Teherán evalúa concesiones adicionales.

Según esos funcionarios, Irán sopesa nuevas concesiones en el expediente nuclear siempre que el paquete incluya levantamiento de sanciones y el reconocimiento del derecho iraní a un programa nuclear con fines civiles. A la escalada verbal se añadió un mensaje formal enviado el 19 de febrero a la secretaría general de la ONU, con una advertencia adicional.
En esa comunicación, Irán sostuvo que responderá “decisivamente” si sufre una agresión militar y afirmó que considerará “objetivos legítimos” las bases, instalaciones y activos de una “fuerza hostil” en la región. Con las conversaciones previstas para el jueves, la posición oficial iraní mantuvo la línea expuesta por Baqaei y reiteró su criterio.

Teherán no distingue entre ataques de alcance limitado y operaciones mayores, y encuadra cualquier acción militar en una respuesta bajo el marco de la autodefensa. En ese planteamiento, Irán equipara cualquier agresión con un acto que activa su reacción y sostiene que su respuesta se aplicará con el mismo criterio, sin excepciones por el tamaño del ataque.
