El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, declaró que Estados Unidos tendrá que abandonar sus “exigencias excesivas” si quiere cerrar un acuerdo después de la ronda de contactos del jueves en Ginebra, en un escenario de mayor presión militar en Oriente Próximo y con el diálogo centrado en el programa nuclear iraní y el alivio de sanciones.
Araghchi transmitió ese planteamiento en una conversación telefónica con el ministro de Exteriores de Egipto, Badr Abdelatty. El jefe de la diplomacia iraní situó el momento como una etapa que requiere cambios de postura en Washington y señaló: “El éxito en este camino exige seriedad y realismo por parte de la otra parte, así como evitar cualquier error de cálculo y exigencias excesivas”.
La cita de Ginebra integró un proceso de negociaciones indirectas con mediación de Omán. El ministro omaní, Badr al-Busaidi, actuó como facilitador y mencionó avances, mientras las delegaciones resolvieron continuar el intercambio en el plano técnico en Viena la próxima semana, sede del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

La verificación del OIEA figura como elemento central para cualquier entendimiento operativo. El punto más disputado se mantiene en el alcance de las limitaciones que Washington pretende imponer y en el calendario y el volumen del levantamiento de sanciones que Teherán exige como contrapartida en el marco del posible acuerdo.
Estados Unidos sostiene la exigencia de “cero enriquecimiento” y también solicita que Irán entregue o traslade al exterior su reserva de uranio altamente enriquecido. El OIEA calculó el año pasado una cantidad superior a 440 kilos de uranio enriquecido hasta el 60% de pureza fisible, cerca del 90% considerado de grado armamentístico.
Irán, en cambio, rechaza incluir su programa de misiles en la discusión y se niega a aceptar condiciones que considere un desmantelamiento permanente de capacidades. En este contexto, el diálogo continúa con el telón de fondo de un despliegue reforzado de aviones y buques estadounidenses en la región y de advertencias públicas sobre ataques si fracasa la vía diplomática.

Araghchi afirmó que la acumulación militar “no puede presionarnos” y el presidente Donald Trump pidió garantías verificables, al sostener que aún falta oír “esas palabras secretas: ‘Nunca tendremos un arma nuclear’”. La negociación se produce, además, pocos meses después de bombardeos del año pasado que culminaron con ataques estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes tras el cierre de una campaña aérea israelí de 12 días.
En paralelo, actores armados vinculados al entorno regional de Irán endurecieron su discurso. Kataeb Hezbolá, una facción iraquí sancionada por Estados Unidos, instó a sus combatientes a alistarse para una posible “guerra prolongada de desgaste” y advirtió de “enormes pérdidas” para Washington si estalla un conflicto.
Un comandante de un grupo armado indicó que su organización considera a Irán un componente estratégico y advirtió: “Cualquier ataque contra la República Islámica nos amenaza directamente”. Añadió que, a diferencia de la guerra de 12 días del año pasado, esta vez operarían “menos contenidos”, en particular si los ataques buscaran un cambio de régimen.
