El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, afirmó el viernes 20 de febrero de 2026 que Estados Unidos no planteó a Teherán la exigencia de “enriquecimiento cero” en las conversaciones nucleares de esta semana, centradas en garantías para que el programa iraní, incluido el enriquecimiento, permanezca dentro de fines pacíficos.
“No hemos ofrecido ninguna suspensión y la parte estadounidense no ha pedido el enriquecimiento cero”, dijo Araghchi en una entrevista televisiva. En ese marco, sostuvo que Irán aceptaría trabajo técnico y político como parte de un paquete de “medidas de fomento de la confianza” acordadas durante el intercambio con Washington.

“Ahora hablamos de cómo garantizar que el programa nuclear de Irán, incluido el enriquecimiento, sea pacífico y siga siéndolo para siempre”, añadió el canciller. Araghchi relacionó ese objetivo con una respuesta sobre sanciones, aunque evitó precisar el contenido y el alcance de los pasos que Irán pondría sobre la mesa.
El jefe de la diplomacia iraní adelantó que prepara un borrador de contrapropuesta para revisión interna “en los próximos dos o tres días”. Señaló además que, tras ese proceso, podrían abrirse nuevas rondas de contactos en el plazo de una semana aproximadamente, dentro del itinerario diplomático en curso.

Araghchi afirmó que un acuerdo “podría lograrse en un periodo muy corto” y sostuvo que un recurso a la fuerza complicaría la meta de cerrar un entendimiento. Sus declaraciones contrastaron con el mensaje público de la Casa Blanca y con la presión directa del presidente Donald Trump sobre el calendario de negociación.
Trump fijó el jueves un margen de “10 a 15 días” para alcanzar un “acuerdo significativo” y advirtió de “cosas realmente malas” si Teherán no acepta. En paralelo, dijo que contempla un ataque militar limitado para forzar un pacto, sin detallar condiciones ni alcance del eventual uso de la fuerza.

En Washington, un funcionario de la Administración indicó que los negociadores estadounidenses comunicaron a sus interlocutores iraníes que la posición del presidente pasa por no aceptar enriquecimiento. El mismo funcionario reclamó una propuesta detallada en el plazo de una semana, dentro de la línea que presenta el enriquecimiento como punto central del desacuerdo.
Esa postura se apoya en el argumento de que el enriquecimiento puede producir material apto para armas si aumenta la pureza del uranio. El pulso diplomático se desarrolla con un refuerzo militar estadounidense en Oriente Medio y después de los bombardeos de junio de 2025 sobre instalaciones nucleares iraníes, ejecutados por Israel y Estados Unidos.

En ese contexto, el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Grossi, consideró prioritaria la restitución de la verificación. Grossi reclamó a Irán un informe sobre el destino de material y equipos en los complejos atacados —Natanz, Fordo e Isfahán—, dentro de la evaluación del organismo.
Grossi situó en 440,9 kilogramos el volumen estimado de uranio enriquecido hasta el 60% que requiere aclaración y señaló que esa cantidad bastaría, si aumenta el enriquecimiento, para material fisible equivalente a diez armas, según el baremo del organismo. Las conversaciones actuales avanzan con mediación de Omán y un formato centrado en Washington y Teherán.

En las últimas semanas, Irán también planteó la posibilidad de diluir parte del uranio al 60% si Estados Unidos levanta “todas” las sanciones financieras, mientras mantiene como línea roja su capacidad de enriquecimiento. El proceso deja fuera, por ahora, el programa de misiles, que un asesor del líder supremo calificó como “no negociable”.
Con la contrapropuesta iraní en elaboración y el plazo presidencial estadounidense ya en marcha, el expediente queda a la espera de un documento técnico. Ese texto debe concretar garantías, verificación y alivio de sanciones, mientras ambos gobiernos sostienen posiciones públicas distintas sobre el lugar del enriquecimiento en un eventual acuerdo.
