Fuentes oficiales de Estados Unidos dijeron al “New York Times” que informes de inteligencia estadounidenses concluyen que los terroristas iraníes pueden reconstruir y reactivar en cuestión de horas búnkeres y almacenes subterráneos de misiles que fueron bombardeados por Israel y Estados Unidos, una evaluación que pone en duda que Washington esté cerca de cumplir su objetivo central de destruir la capacidad misilística de Irán.
Según esos informes, Irán mantiene todavía una cantidad significativa de misiles y lanzadores móviles pese a cinco semanas de ataques. Aunque el Pentágono y la Casa Blanca sostienen que hubo avances importantes y que fueron alcanzados 11 000 objetivos en territorio iraní durante ese periodo, las agencias de inteligencia consideran que la eliminación de las capacidades balísticas iraníes sigue lejos de completarse.
La valoración interna es que, aun con daños en su sistema de misiles, Irán conserva medios suficientes para utilizar el arsenal que le queda contra Israel y otros países de la región. En paralelo, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Defensa, Pete Hagest, han subrayado que la capacidad de lanzamiento iraní se debilitó y que el volumen de ataques viene cayendo.
Pese a esa reducción, Irán continúa disparando cada día decenas de misiles y drones contra Israel. En los servicios de inteligencia estadounidenses se cree que Teherán oculta deliberadamente numerosos lanzadores en búnkeres y cuevas para preservarlos, con la intención de sostener presión si la guerra se prolonga o de mantener una amenaza regional una vez terminados los combates.
Los informes también indican que las dificultades internas del Gobierno iraní limitan su capacidad para ejecutar grandes oleadas de ataques de una sola vez. Aun así, determinar el alcance real de los daños resulta complejo porque Irán emplea una gran cantidad de objetivos falsos para engañar a sus adversarios.
Esa incertidumbre alcanza tanto al número de misiles disponibles como a la localización de sus lanzadores. Para la inteligencia estadounidense, una de las mayores dificultades es establecer cuántos sistemas fueron realmente destruidos dentro de búnkeres profundos. En numerosos casos, instalaciones que parecían inutilizadas vuelven a operar con rapidez cuando excavadoras retiran los escombros y permiten rescatar los lanzadores para reanudar los disparos.
La evaluación de los servicios de inteligencia es que Irán ha logrado conservar una parte considerable de su capacidad. Algunos informes, de hecho, sostienen que el país mantiene todavía cerca de la mitad de su capacidad original de lanzamiento de misiles, a pesar de la intensidad de la campaña militar en su contra.
Las dudas sobre el alcance real de ese arsenal cobraron más relevancia tras la publicación en “Irán Internacional” de un documento “ultrasecreto” de la Guardia Revolucionaria, entregado al canal por el grupo de hackers “Adalat Ali”.
El texto, de 33 páginas, fue elaborado por la División de Inteligencia y Operaciones del Mando de Misiles de la Guardia Revolucionaria y, según el informe, explica cómo las infraestructuras civiles, las instalaciones públicas y los terrenos naturales se integran en el sistema de misiles del cuerpo. El documento está destinado a orientar a las unidades sobre la “localización, mantenimiento y uso” de las plataformas de lanzamiento.
