Protestas internas y temor externo coinciden en Irán tras la captura de Maduro por Estados Unidos, con alertas sobre Jamenei y ecos de ataques israelíes.
Protestas en Irán y temor por un operativo externo al estilo Venezuela
Irán atraviesa una nueva oleada de protestas que cuestiona su sistema teocrático. En medio de esa tensión, la conversación pública se desplazó hacia un asunto lejano: Venezuela. El foco popular salió del malestar interno y se dirigió a acontecimientos externos. Ese giro de atención apareció mientras la calle mantuvo demandas domésticas, pero colocó en primer plano la captura en Caracas y sus posibles efectos en Teherán, un cruce que alimentó dudas, miedos y especulaciones.
Tras la captura durante el fin de semana del presidente venezolano Nicolás Maduro por el Ejército de Estados Unidos, aliado histórico de Teherán, medios estatales iraníes y funcionarios emitieron condenas. En calles y ámbitos oficiales surgió inquietud por una acción semejante contra dirigentes iraníes, incluido el ayatola Alí Jamenei, de 86 años. La posibilidad de una operación con ese perfil unió temor ciudadano y cálculo político, con la figura del líder supremo como eje de la preocupación.
Esa inquietud se sumó a temores más amplios. Parte de la población temió un nuevo ataque de Israel, aliado cercano de Washington, parecido al de la guerra de doce días lanzada contra Teherán en junio, episodio todavía reciente en la memoria colectiva. Israel afirmó que aquel ataque masivo contra mandos militares, científicos nucleares, instalaciones de enriquecimiento de uranio y el programa de misiles balísticos resultó imprescindible para frenar el plan declarado de la República Islámica de destruir al Estado judío.

Según diversas fuentes, Jamenei permaneció oculto bajo fuertes medidas de protección, un dato que reflejó el clima de tensión en la cúpula iraní ante posibles amenazas externas dirigidas contra su liderazgo político y religioso. “Que Dios bendiga a nuestro líder, nosotros también deberíamos tener cuidado”, dijo Saeed Seyyedi, profesor de cincuenta y siete años en Teherán, al expresar su temor de que Estados Unidos actuara en Irán del mismo modo que lo hizo en Venezuela.
Puntos clave del giro hacia Venezuela y el temor en Teherán
- Captura de Nicolás Maduro por el Ejército de Estados Unidos y condena oficial iraní.
- Preocupación por un operativo similar contra Jamenei y otros dirigentes.
- Recuerdo de la guerra de doce días y de ataques israelíes recientes.
- Medidas de seguridad excepcionales alrededor del líder supremo en Teherán.
Reacciones internas y versiones mediáticas sobre riesgos para Jamenei
En ese marco, varias voces retomaron acusaciones antiguas contra Washington. “Estados Unidos siempre ha estado detrás de complots contra Irán, especialmente cuando temas como el petróleo e Israel forman parte del caso. Además, puede complicarse cuando se mezcla con la guerra Rusia–Ucrania, el grupo libanés Hezbolá y acusaciones de drogas”, afirmó Seyyedi. Washington acusó desde hace años a Hezbolá, respaldado por Irán, de dirigir redes de narcotráfico para financiar actividades. El grupo rechazó esas imputaciones y las calificó de infundadas.
Después de la captura de Maduro, un analista de la televisión estatal iraní sostuvo, sin pruebas, que Estados Unidos e Israel planearon durante la guerra del año pasado secuestrar a funcionarios iraníes mediante un equipo con ciudadanos de doble nacionalidad. La afirmación resultó inusual incluso para ese canal, que suele apoyar los argumentos oficiales. La hipótesis abrió un flanco adicional de alarma pública, aunque careció de sustento verificable y no ofreció evidencias que respaldaran el relato televisivo.

Más tarde, el domingo por la noche, el ayatola Mohammad Ali Javedan advirtió durante las oraciones en la Universidad de Teherán que la vida de Jamenei corría peligro, un mensaje que amplificó la alarma entre los fieles. “Alguien dijo que tuvo un mal sueño en el que la vida del líder está en riesgo”, señaló Javedan, sin ampliar detalles. “Por favor, recen”. La combinación de rumor y advertencia agregó incertidumbre a una semana ya atravesada por temores internos y reflejos externos.
No obstante, analistas recordaron que Irán duplicó en tamaño a Venezuela y dispone de fuerzas armadas y de seguridad mucho más sólidas. Además, el antecedente de la Operación Eagle Claw, misión estadounidense fallida en 1979, aún pesó en la memoria de Washington. Ese recuerdo funcionó como advertencia histórica sobre costos, límites y riesgos para cualquier incursión. La comparación territorial y militar introdujo una dosis de prudencia en evaluaciones que se inclinaban hacia escenarios de réplica inmediata.
Capacidades del régimen y cálculos de costos ante una intervención
El contexto político iraní añadió complejidad. La teocracia se sostuvo con el respaldo de sectores duros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, estructura paramilitar que respondió solo ante Jamenei. Ese aparato, según el especialista Farzin Nadimi, podría recurrir a asesinatos, ciberataques y acciones contra la navegación regional. El repertorio disuasivo formó parte del cálculo de riesgo: cualquier intento externo debía prever respuestas asimétricas, efectos en el comercio y posibles escaladas lejos del territorio venezolano y de los escenarios iniciales.
Nadimi subrayó además que Irán conservó material nuclear fisible, un factor central en cualquier cálculo estratégico relacionado con una intervención. “En el gran esquema de la gran estrategia, quienes evalúan una incursión al estilo Venezuela necesitan pensar en el día después. Irán representa una situación política mucho más compleja. Tienen que calcular costos y beneficios”, sostuvo. La advertencia apuntó a la combinación de disuasión nuclear latente, resiliencia del aparato y consecuencias políticas difíciles de contener.

Otros observadores se preguntaron qué región podría atraer el próximo interés de Estados Unidos, mientras críticos alertaron sobre el riesgo de fijar un precedente peligroso mediante operaciones de ese tipo. “El régimen en Irán debería prestar mucha atención a lo que ocurre en Venezuela”, escribió en redes el líder opositor israelí Yair Lapid. El primer ministro Benjamin Netanyahu evitó vincular directamente la detención de Maduro con Irán, aunque aludió a protestas en Teherán y otras ciudades al describir un posible punto de inflexión.
Horas antes de la acción estadounidense en Venezuela, el presidente Donald Trump advirtió que, si Teherán mataba de forma violenta a manifestantes pacíficos, Estados Unidos iría en su rescate. El lunes, el portavoz de la Cancillería iraní, Esmail Baghaei, calificó esas declaraciones de “incitación a la violencia, el terrorismo y la muerte”. La congresista republicana Marjorie Taylor Greene vinculó de forma directa la operación en Venezuela con Irán. El senador Lindsey Graham exhibió una gorra “Make Iran Great Again” y expresó su deseo para 2026.
Ecos regionales y lecturas desde Arabia Saudí tras el episodio

Incluso Arabia Saudí, rival histórico de Irán que alcanzó un acercamiento mediado por China en 2023, pareció contemplar una posible intervención estadounidense en Teherán. “Al arrastrar a Maduro ante un tribunal estadounidense, Trump envió un mensaje más brutal que las bombas masivas que sus aviones lanzaron sobre las instalaciones nucleares de Irán”, escribió Ghassan Charbel, editor jefe de Asharq Al-Awsat, diario saudí publicado en Londres, al evaluar el alcance simbólico y coercitivo del caso venezolano.
“Qué devastador debe de ser para el líder supremo de Irán enterarse del secuestro de Maduro a manos de fuerzas estadounidenses”, agregó Charbel. Para audiencias regionales, esa lectura condensó miedo, mensaje y memoria de ataques recientes. La línea saudí, al interpretarse como advertencia indirecta, cerró un ciclo de reacciones que cruzó protestas internas, rivalidades con Israel y cálculos de Washington, con Venezuela como espejo incómodo para Teherán en un momento de extrema sensibilidad política y social.
