Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) estiman que cerca del 50 % de los misiles balísticos que Irán lanzó contra territorio israelí durante la guerra estaban equipados con ojivas de bombas de racimo.
Este tipo de ojiva dispersa de forma indiscriminada decenas de submuniciones, cada una con varios kilogramos de explosivos, dentro de un radio de unos 10 kilómetros.
Fuentes militares israelíes sostienen que la interceptación de esos misiles ha sido efectiva, aunque compleja, y remarcan que el sistema de defensa aérea del país no ofrece un sello absoluto.
De acuerdo con el Mando del Frente Interior de las FDI, los ataques iraníes durante la guerra apuntaron contra centros de población, además de instalaciones militares e infraestructuras consideradas estratégicas.
En los últimos días, los ataques de Irán se han limitado a uno o unos pocos misiles por ocasión. Las FDI consideran que Teherán enfrenta dificultades para ejecutar ofensivas coordinadas y de mayor alcance contra Israel.
El jueves, dos personas murieron después de que una submunición de racimo impactara en una obra en el centro de Israel. Otra persona sufrió heridas graves en otra zona del centro del país. También se reportaron varios impactos adicionales que causaron daños materiales.
