El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, devolvió sin abrir un sobre que le entregaron mediadores de Omán con propuestas estadounidenses sobre misiles. El gesto coincidió con la idea del Gobierno israelí de que las conversaciones entre Teherán y Washington se bloquean, mientras prepara una posible acción militar conjunta con Estados Unidos.
Una fuente familiarizada con la planificación afirmó que Israel ajusta sus planes para un escenario de intervención coordinada con fuerzas estadounidenses si la vía diplomática fracasa. Dos funcionarios israelíes sostuvieron que las diferencias son irreconciliables y situaron como alta la probabilidad de una escalada militar a corto plazo.

Ese escenario abriría la puerta a un segundo ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán en menos de un año, tras los bombardeos contra instalaciones militares y nucleares iraníes en junio. Entretanto, las dos rondas de conversaciones indirectas entre Irán y Estados Unidos quedaron atascadas en cuestiones centrales.
Los puntos de fricción incluyeron el enriquecimiento de uranio, el programa de misiles y el alivio de sanciones. En la reunión del martes 17 de febrero en Ginebra, Araghchi declaró que las partes acordaron “principios rectores”, mientras la Casa Blanca sostuvo que persistía distancia entre ambos lados en los temas clave.

Washington mantiene como exigencia principal que Irán no enriquezca uranio en su territorio. Teherán se niega a abandonar el enriquecimiento y también se niega a discutir su programa de misiles balísticos, al tiempo que niega que busque un arsenal nuclear. En la práctica, ese choque empujó a tratar fórmulas generales.
En los próximos días, Irán debe presentar una propuesta por escrito. Un alto funcionario estadounidense indicó que Washington espera ese documento tras lo hablado en Ginebra, y Araghchi afirmó el viernes 20 de febrero que prevé completar en pocos días un borrador de contrapropuesta.

En paralelo, asesores de seguridad nacional de Estados Unidos revisaron la situación y fijaron mediados de marzo como fecha para completar el despliegue de fuerzas estadounidenses en la región. Además, el secretario de Estado, Marco Rubio, tiene prevista una reunión con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el 28 de febrero.
El presidente estadounidense, Donald Trump, ordenó un refuerzo militar importante en Oriente Medio, con portaaviones, buques y aviones, mientras sopesa opciones de fuerza. El jueves advirtió que Irán debe cerrar un acuerdo sobre su programa nuclear o afrontará “cosas realmente malas”, y planteó un horizonte de 10 a 15 días.

Teherán respondió con una advertencia de represalia contra bases estadounidenses en la zona en caso de ataque, en un contexto de presión adicional sobre los precios del petróleo. Funcionarios regionales y europeos interpretan que el volumen del despliegue permite combinar eventuales ataques con la defensa de bases, aliados e Israel.
Un analista de defensa describió una posible secuencia inicial de ataque centrada en degradar las defensas antiaéreas iraníes y golpear a la fuerza naval de la Guardia Revolucionaria. Esa fuerza se vincula a años de incidentes contra petroleros y a la amenaza de cerrar el estrecho de Ormuz.

Por esa ruta circula aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial. Mientras Israel eleva su preparación y Estados Unidos completa su postura militar, la negociación queda a la espera del texto iraní y de la respuesta de Washington, con el calendario diplomático y el militar avanzando en paralelo.
