Mohammad Bagher Qalibaf, presidente del parlamento iraní y veterano del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, ha pasado a ser la figura política de mayor visibilidad en la República Islámica tras la muerte de sus principales líderes. Tiene 64 años y carga con una biografía cruzada por mandos militares, responsabilidades policiales y cargos civiles. En este tramo de la guerra, su nombre aparece asociado al frente de conducción.
El contraste con Mojtaba Jamenei, hijo y sucesor del líder supremo asesinado, Alí Jamenei, es marcado. Jamenei no se ha mostrado en público y apenas ha emitido tres comunicados por escrito. Qalibaf, en cambio, no ha soltado el espacio: se mantiene activo, publica con regularidad en X y ha dado varias entrevistas en pleno conflicto.
El miércoles, ante la televisión estatal, definió el terreno en que dice moverse el país: “Estamos en una guerra desigual, con un planteamiento asimétrico; debemos hacer algo y utilizar equipos con nuestra propia cultura, diseño y creatividad”. En X elevó el tono después de los ataques contra la infraestructura energética iraní. “Rige una suma de ojo por ojo, y ha comenzado un nuevo nivel de confrontación”, escribió.
Aun así, su presencia no fue uniforme en la calle. No participó en actos públicos durante las concentraciones progubernamentales de la semana pasada por el Día de Al-Quds, a diferencia de Larijani, que sí apareció antes de morir. Larijani murió el lunes en un ataque aéreo israelí, después de la muerte de Jamenei al comienzo de la guerra, el 28 de febrero.
Qalibaf lleva cerca de tres décadas instalado como uno de los pilares del estamento iraní y como una de las figuras no clericales más relevantes del sistema. Su recorrido incluye el mando del cuerpo aeroespacial del CGRI, la jefatura de la policía nacional, la alcaldía de Teherán y, desde 2020, la presidencia del parlamento.
Farzan Sabet, investigador principal del Instituto Universitario de Ginebra, sostuvo que, tras la muerte de Larijani, Qalibaf es la “persona que probablemente está supervisando el esfuerzo bélico y la estrategia”. “Es el presidente del parlamento, un antiguo comandante superior del CGRI y tiene fuertes vínculos inter-faccionales e institucionales, lo que lo posiciona bien para asumir este papel”, dijo a AFP.
Arash Azizi, profesor de la Universidad de Yale, empujó la idea un paso más: “Probablemente el hombre más fuerte de Irán ahora sea Qalibaf”. Lo describió como “una figura rara cuyo portafolio cruza entre funciones militares, de seguridad y políticas del régimen”. “Se sabe que ahora dirige el esfuerzo bélico”, añadió Azizi, y apuntó además que Qalibaf parecía ser un aliado de Mojtaba Jamenei: “Parece estar en una posición muy favorable ahora”.
Su ascenso empezó en el campo de batalla. Combatió en la guerra entre Irán e Irak de 1980 a 1988 y avanzó con rapidez dentro de la estructura militar. A finales de los noventa entró en los altos mandos del aparato de seguridad al asumir como comandante de las entonces nacientes fuerzas aeroespaciales de la Guardia Revolucionaria. En 1999, en medio de unas protestas estudiantiles sin precedentes, fue nombrado comandante nacional de la policía.
Después convirtió esa trayectoria en plataforma política, con ambiciones presidenciales. Se presentó en 2005, 2013 y 2024; en 2017 entró brevemente en la contienda antes de retirarse en favor de otro candidato conservador. Su mejor resultado llegó en 2013, cuando quedó segundo.
Tras perder las presidenciales de 2005, se desplazó a la alcaldía de Teherán y permaneció 12 años en el cargo. Sus partidarios defendieron su perfil tecnocrático y su énfasis en la gestión urbana. Sus críticos, en cambio, apuntaron a acusaciones de corrupción financiera.
Organizaciones de derechos humanos lo han señalado por un papel clave en la represión de protestas en distintas etapas: desde las manifestaciones estudiantiles de 1999 hasta el Movimiento Verde de 2009, surgido tras unas elecciones disputadas, y las protestas nacionales que alcanzaron su punto álgido en enero de 2026.
Como presidente del parlamento, Qalibaf ha respaldado en ocasiones reformas económicas y una mayor supervisión legislativa, sin salir nunca del alineamiento con las instituciones centrales de la República Islámica. Piloto cualificado, también se ha hecho conocido por presumir de que puede capitanear aviones jumbo. Esa combinación —experiencia militar, ambición política y presencia institucional— lo ha empujado al centro del poder iraní en el momento más delicado para el régimen en años.
Qalibaf sostiene que la guerra reordenará el equilibrio regional, pero niega que lo haga en los términos de Washington. “El orden aquí cambiará, pero no será un orden en el que prevalezca la voluntad de Estados Unidos”, afirmó en una entrevista en video grabada difundida por la agencia semioficial Tasnim y otros medios.
