Rusia avanza hacia su primer suministro directo de armamento a Irán desde que comenzó la guerra, con un esquema de envíos que incluye drones junto con medicinas y alimentos, según reportes de inteligencia occidentales. Las conversaciones reservadas entre altos funcionarios de Moscú y Teherán sobre esa transferencia arrancaron pocos días después de los ataques de Israel y Estados Unidos contra la capital iraní, de acuerdo con dos fuentes informadas sobre ese seguimiento.
El plan empezó a ejecutarse a comienzos de marzo y debía quedar completado antes de fin de mes. Para gobiernos occidentales, la operación muestra que el Kremlin ya no se limita a respaldar a Irán con información y asistencia indirecta, sino que está dispuesto a reforzar su capacidad de ataque. Personas familiarizadas con el asunto sostuvieron que Rusia ya entregaba imágenes satelitales, datos de puntería y apoyo de inteligencia a su aliado.
La versión oficial de Moscú no reconoce ese paso. Consultado sobre la entrega de drones, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, respondió: “Ahora mismo circulan muchas falsedades. Una cosa es cierta: seguimos manteniendo nuestro diálogo con los dirigentes iraníes”.
En público, Rusia ha insistido en otro perfil de ayuda. La semana pasada afirmó que envió más de 13 toneladas de medicinas a Irán a través de Azerbaiyán y que mantendrá esos despachos. Pero un alto funcionario occidental afirmó que la intervención rusa persigue un objetivo más amplio: fortalecer a las fuerzas iraníes y evitar un deterioro político del régimen de Teherán.
La necesidad iraní no radica en sumar aparatos, sino en acceder a modelos más eficaces. Desde el inicio de los combates, Teherán lanzó más de 3.000 drones kamikaze, fabricados a bajo coste y convertidos en pieza central de su estrategia militar en Oriente Próximo. Rusia, que desde 2023 produce para la guerra en Ucrania versiones derivadas de diseños iraníes, introdujo mejoras para aumentar la carga explosiva y reducir la vulnerabilidad frente a las defensas antiaéreas.
Antonio Giustozzi, investigador principal del Royal United Services Institute, resumió esa brecha tecnológica de este modo: “No necesitan más drones. Necesitan drones mejores. Buscan capacidades más avanzadas”. El experto añadió que, por separado, recibió información de fuentes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica que situaban el inicio de esas conversaciones con Rusia inmediatamente después de los ataques de Washington e Israel.
Los servicios occidentales todavía no establecen con precisión qué plataforma aceptó transferir Moscú. Uno de los funcionarios de seguridad consultados señaló que Rusia sí podría entregar sistemas como el Geran-2, basado en el Shahed-136 iraní.
La cooperación también abrió un nuevo frente en el terreno. Personas familiarizadas con el asunto afirmaron que Israel bombardeó la semana pasada una ruta clave de traslado militar entre Rusia e Irán en el mar Caspio. Nicole Grajewski, profesora de Sciences Po de París y especialista en la relación entre ambos países, señaló que Teherán podría usar esos drones para copiar mejoras e incorporarlas a su industria nacional. También advirtió que el acceso directo a tecnología rusa daría a Irán una ventaja inmediata en combate si no dispone de tiempo para adaptar esos avances a sus propios sistemas.
“Los rusos mejoraron drásticamente los Shahed, incluidas modificaciones en los motores, la navegación y las capacidades antiinterferencia. Así que estos sistemas ya son más avanzados que los que Irán estaba produciendo a nivel nacional”, dijo Grajewski.
Ese acercamiento militar, sin embargo, tiene un límite claro. Irán solicitó a Rusia defensas antiaéreas más potentes y en diciembre cerró un contrato para recibir durante tres años 500 lanzadores portátiles Verba y 2.500 misiles 9M336. Aun así, funcionarios occidentales actuales y anteriores afirmaron que Moscú rechazó ceder el S-400, uno de sus sistemas más avanzados.
Según esas fuentes, el Kremlin evita ese paso por el riesgo de una escalada con Estados Unidos. A ello se suma un problema operativo: las fuerzas iraníes necesitarían un periodo largo de instrucción para manejar el S-400, lo que podría llevar a que personal ruso terminara operando el sistema frente a aviones estadounidenses en un escenario de combate.
Aunque Rusia e Irán firmaron el año pasado una asociación estratégica, ese acuerdo no incluyó un compromiso de defensa mutua.
